esthergranados
Poeta adicto al portal
Mi madre me decía que eran putas, pero yo tenía hambre. Pasaban por la acera cada tarde y me llamaban: "¡Isabelita, anda, toma...!". Yo me acercaba con el corazón latiendo tan deprisa que parecía que me saltaba. Me daban entonces un trozo de pan blanco que yo agradecía sin palabras, y marchaba tan contenta llevando el botín en mi bolsillo. Luego llamaba a mi madre y le entregaba el escaso sustento que apenas serviría para distraer el hambre, pero que era el maná que no caía del cielo; el maná que venía de las manos de mis vecinas putas, aquellas que andaban con los soldados. Putas de barrio, putas de guerra y putas de hambre... Mujeres vulgares que bien podrían haber sido cualquiera: mi prima, mi vecina, incluso hasta mi propia madre... Putas por la necesidad y la miseria, putas que vendían su cuerpo por comida. Seguramente muchas tenían hijos, o eran viudas o huérfanas o esposas de los hombres que luchaban. Mi madre me decía que eran putas pero yo tenía hambre y sonreía agradeciendo que fueran mis vecinas.