Mis vecinas

esthergranados

Poeta adicto al portal
Mi madre me decía que eran putas, pero yo tenía hambre. Pasaban por la acera cada tarde y me llamaban: "¡Isabelita, anda, toma...!". Yo me acercaba con el corazón latiendo tan deprisa que parecía que me saltaba. Me daban entonces un trozo de pan blanco que yo agradecía sin palabras, y marchaba tan contenta llevando el botín en mi bolsillo. Luego llamaba a mi madre y le entregaba el escaso sustento que apenas serviría para distraer el hambre, pero que era el maná que no caía del cielo; el maná que venía de las manos de mis vecinas putas, aquellas que “andaban” con los soldados. Putas de barrio, putas de guerra y putas de hambre... “Mujeres vulgares” que bien podrían haber sido cualquiera: mi prima, mi vecina, incluso hasta mi propia madre... Putas por la necesidad y la miseria, putas que vendían su cuerpo por comida. Seguramente muchas tenían hijos, o eran viudas o huérfanas o esposas de los hombres que luchaban. Mi madre me decía que eran putas pero yo tenía hambre y sonreía agradeciendo que fueran mis vecinas.
 
Vaya amiga tú sí que sabes emocionarme con tus letras.
Me has recordado a otras putas de las que habla Galeano en uno de sus libros. Un beso, eran buenas aunque la vida
las había arrastrado a esa vida no demasiado agradable. Un beso, todo es posible mientras halla amor en el corazón humano.
 
Pues sí, qué triste es pasar hambre y lo más loco del asunto es que esas tipas que no eran de buenas costumbres, fuesen quienes salvaron la partida. Me gustó tu relato. Bendiciones y estrellas, grato haber pasado por aquí.
 
Es verdad, el hambre y la necesidad a veces obligan a las personas a hacer cosas que no se quieren, pero eso no los hace peores.En este caso, la "pequeña" historia es real y esas "putas" por necesidad tenían un corazón muy grande.Gracias por leerme, estoy encantada de que te haya gustado. Un saludo.
 
Si lo que yo escribo consigue emocionarte mis expectativas están cumplidas, la literatura (suena bastante pretencioso, la verdad) debería, ademas de ofrecernos belleza, hacernos pensar y emocionarnos, muchas gracias por hacerme saber que lo he conseguido, un abrazo.
 
ole por tu prosa y óle por tu temperamento, no es gusto de buen plato ganarse la vida asi y cuando no hay pá comer una vende hasta su cuerpo- Gracias por compartir- ABRAZOS
 
Mi madre me decía que eran putas, pero yo tenía hambre. Pasaban por la acera cada tarde y me llamaban: "¡Isabelita, anda, toma...!". Yo me acercaba con el corazón latiendo tan deprisa que parecía que me saltaba. Me daban entonces un trozo de pan blanco que yo agradecía sin palabras, y marchaba tan contenta llevando el botín en mi bolsillo. Luego llamaba a mi madre y le entregaba el escaso sustento que apenas serviría para distraer el hambre, pero que era el maná que no caía del cielo; el maná que venía de las manos de mis vecinas putas, aquellas que “andaban” con los soldados. Putas de barrio, putas de guerra y putas de hambre... “Mujeres vulgares” que bien podrían haber sido cualquiera: mi prima, mi vecina, incluso hasta mi propia madre... Putas por la necesidad y la miseria, putas que vendían su cuerpo por comida. Seguramente muchas tenían hijos, o eran viudas o huérfanas o esposas de los hombres que luchaban. Mi madre me decía que eran putas pero yo tenía hambre y sonreía agradeciendo que fueran mis vecinas.

He aquí una muestra más de poco que importa lo que los demás digan, lo que si importa son los actos de entrega. Proporcionar alimento al hambriento es un acto loable y más en tiempos de penuria.

Buena prosa para airear conciencias. Abrazos

Palmira
 
Qué buena prosa Esther y qué humana,
los trozos de pan no importa de donde vengan.

Hay putas muy señoras y señoras muy putas.

Un beso.
No lo has podido decir mejor, Elena. Aprovecho para mandarte un beso enorme con todo mi apoyo y mi cariño, sigue escribiendo como escribes, que me encanta, y cada vez que tengas la necesidad de hacerle un homenaje a tu madre, hazlo, que seremos muchos los que disfrutaremos y nos emocionaremos con el. Ah, en la pequeña historia de esas putas generosas, la niña, Isabelita, era mi madre, y es también un pequeño homenaje. Un beso, Elena.
 
He aquí una muestra más de poco que importa lo que los demás digan, lo que si importa son los actos de entrega. Proporcionar alimento al hambriento es un acto loable y más en tiempos de penuria.

Buena prosa para airear conciencias. Abrazos

Palmira
Palmira, otra vez mil gracias, por este comentario y por todo lo demás. Un beso.
 
No lo has podido decir mejor, Elena. Aprovecho para mandarte un beso enorme con todo mi apoyo y mi cariño, sigue escribiendo como escribes, que me encanta, y cada vez que tengas la necesidad de hacerle un homenaje a tu madre, hazlo, que seremos muchos los que disfrutaremos y nos emocionaremos con el. Ah, en la pequeña historia de esas putas generosas, la niña, Isabelita, era mi madre, y es también un pequeño homenaje. Un beso, Elena.

Un homenaje precioso, me encantó la historia de Isabelita y sus vecinas.
Me parece increíblemente tierna.
Un beso y gracias.
 
Magnífica prosa y magníficas vecinas Esther, en ese mundo de necesidad acuciante, de guerra y de mucha hambre, capaces de regalar un trozo de pan y compartir, parece que solo los pobres tienen esta maravillosa cualidad.
Saludos
 

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