Alberto Alcoventosa
Poeta adicto al portal
El aguamanil (Cuartetos dodecasílabos)
Sentada en la silla del aguamanil
sus pálidas manos cepillan su pelo
y sobre el espejo sus ojos de cielo
regalan reflejos azules de añil.
Su rostro es sereno, de gestos sinceros,
su boca desprende, en feliz sonreír,
un cálido aliento de dulce elixir
que besos augura de placer certeros.
Sus hombros desnudos de blanco marfil,
custodios secretos de espléndidos senos
que siempre despiertan deseos ajenos,
maduros y tiernos limones de abril.
Su vientre impoluto, de gran suavidad,
merece semilla de mano amorosa
de aquél que le ofrezca la vida dichosa
colmada de afectos y felicidad.
Sentada en la silla del aguamanil
sus pálidas manos cepillan su pelo
y sobre el espejo sus ojos de cielo
regalan reflejos azules de añil.
Su rostro es sereno, de gestos sinceros,
su boca desprende, en feliz sonreír,
un cálido aliento de dulce elixir
que besos augura de placer certeros.
Sus hombros desnudos de blanco marfil,
custodios secretos de espléndidos senos
que siempre despiertan deseos ajenos,
maduros y tiernos limones de abril.
Su vientre impoluto, de gran suavidad,
merece semilla de mano amorosa
de aquél que le ofrezca la vida dichosa
colmada de afectos y felicidad.