P
Paloma Martin
Invitado
La poesía me presta
su escuálida figura
para que yo la alimente
con palabras que tengo
atrapadas en la garganta,
y que no las liberé nunca
en verso alguno.
Tan lánguida y
tan olvidada la poesía,
como los niños que sufren.
¿Quién los escucharía?
Tan ociosa la poesía,
como una mujer vanidosa,
que sólo quiere que le hablen
de amor y de belleza.
Le quitaré de los ojos,
su velo sutil
de decir y no decir.
Y dirá esta poesía
con voz de mujer.
Que le duele
en los huesos ver:
El sufrimiento que algunos niños
padecen cada día.
La muerte que algunos niños
sufren cada día.
La vida que algunos niños
mueren cada día.
 
 
 
 
 
 
su escuálida figura
para que yo la alimente
con palabras que tengo
atrapadas en la garganta,
y que no las liberé nunca
en verso alguno.
Tan lánguida y
tan olvidada la poesía,
como los niños que sufren.
¿Quién los escucharía?
Tan ociosa la poesía,
como una mujer vanidosa,
que sólo quiere que le hablen
de amor y de belleza.
Le quitaré de los ojos,
su velo sutil
de decir y no decir.
Y dirá esta poesía
con voz de mujer.
Que le duele
en los huesos ver:
El sufrimiento que algunos niños
padecen cada día.
La muerte que algunos niños
sufren cada día.
La vida que algunos niños
mueren cada día.
 
 
 
 
 
 
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