SUENA LA EÑE
Sólo el español se adueña
de la eñe como enseña.
Nadie se ofenda y desgreñe,
nadie en el mundo desdeñe
la singular letra eñe,
del español, santo y seña.
Sólo el español se adueña
de la eñe como enseña.
Suena la eñe a cañón,
a salvaje garañón,
crujido que abre el piñón,
suena a tacos de almadreña.
Sólo el español se adueña
de la eñe como enseña.
Suena a rechinar de cañas,
a rumores de espadañas,
a ruidos en las entrañas
cuando a resonar se empeña.
Sólo el español se adueña
de la eñe como enseña.
Suena a golpe con el puño,
a tampón poniendo el cuño,
al susurro del rasguño,
suena a sueños del que sueña.
Sólo el español se adueña
de la eñe como enseña.
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