¿Qué sería de la luz sin la sombra?
¿Qué del silencio si nadie te nombra?
Con paso de milicia, cruzaban borregos
por el cordel a media mañana.
Por la tarde volvían hinchados y ciegos
al redil a la hora que tañía la campana.
Más tú que creciste salvaje, sin reglas ni normas.
¿Porqué te importa el agua, o el cristal que se adapta a sus formas?
¿Qué puede envidiar la azucena a la rosa?
¿Qué más bonito, si el verso o la prosa?
O tú cenicienta de zapatos sin hormas.