abcd
Poeta adicto al portal
Yo soy un dedo,
y un escritor con plumas,
que con sus garras congela preguntas.
Y soy tierno
como una reina sin aliento.
Las aves,
y mi amor, están más allá,
en el vapor del mundo que se levanta suspirando,
allá en los surcos removidos por gigantes altruistas,
donde muchos se han olvidado de olvidarme.
Hablar es matar, y morir,
decenas de suicidios no existen si hay un beso.
Descender y mirar con el ojo sobre el hombro
es una fina linea de incertidumbre
que el poeta no va a comprender.
La dimensión que representa a mi musa,
es la misma que la de las arañas.
Son rincones en paredes humedas y oscuras,
como su mejilla en días de frío.
A veces soy un niño en el ala de un Dios en el cual no creo,
y crezco con duraznos en los ojos,
con arena en las muelas
y con restos de mujeres en la filosofía de mentir.
Cuando me escondo en el polvo,
dejo que alguien muy bueno me encuentre,
para beber sin pasados,
y decir y contar las heridas como si fuesen canicas perdidas.
No debe haber algo tan hermoso
como escribir sobre cosas tuyas hechas ajenas,
ver como la tinta transpira en la memoria,
y como extenuada va a ser reemplazada por sangre.
Estuve mirando el mundo un largo rato,
amada mía, entraste en mi dedo,
que triste, que hermoso es morirte.
y un escritor con plumas,
que con sus garras congela preguntas.
Y soy tierno
como una reina sin aliento.
Las aves,
y mi amor, están más allá,
en el vapor del mundo que se levanta suspirando,
allá en los surcos removidos por gigantes altruistas,
donde muchos se han olvidado de olvidarme.
Hablar es matar, y morir,
decenas de suicidios no existen si hay un beso.
Descender y mirar con el ojo sobre el hombro
es una fina linea de incertidumbre
que el poeta no va a comprender.
La dimensión que representa a mi musa,
es la misma que la de las arañas.
Son rincones en paredes humedas y oscuras,
como su mejilla en días de frío.
A veces soy un niño en el ala de un Dios en el cual no creo,
y crezco con duraznos en los ojos,
con arena en las muelas
y con restos de mujeres en la filosofía de mentir.
Cuando me escondo en el polvo,
dejo que alguien muy bueno me encuentre,
para beber sin pasados,
y decir y contar las heridas como si fuesen canicas perdidas.
No debe haber algo tan hermoso
como escribir sobre cosas tuyas hechas ajenas,
ver como la tinta transpira en la memoria,
y como extenuada va a ser reemplazada por sangre.
Estuve mirando el mundo un largo rato,
amada mía, entraste en mi dedo,
que triste, que hermoso es morirte.