P
Paloma Martin
Invitado
Ellos vinieron al hotel
una tarde de éstas.
Antes de entrar,
sacudieron sus abrigos
para quitarse restos
de smoc, testigos,
de su vida en la ciudad.
Ella se miró de refilón
en el espejo:
su nariz pequeña y respingada
le daba esa imagen aniñada:
-aunque ya no lo sea-
se dijo - me veo bien-
Se gustó con su pelo negro
y enredado como el
humo de una chimenea.
El no se preocupó
por mirarse en el espejo.
Sólo le interesaba saber
si la llave del cuarto ,
que le dió la señora de tez blanca
de la entrada era la indicada.
Unos gatos en la escalera
maullaron y ella se sobresaltó:
-no es nada- dijo él -
-son sólo unos gatos,-
-no te preocupes-
Entraron al cuarto
con la altivez
que traen los enamorados
siempre que llegan aquí.
Se sienten dueños de todo:
del verde del paisaje,
del mar
detrás de las ventanas,
y de la luna por las noches.
Y lo son...
Sólo yo
que habito en el espejo ,
estoy sola
y no tengo nada.
Soy la enamorada ,
del cuento añejo
que cuentan
en el pueblo.
Quedé atrapada aqui,
desde que él se fue
mientras yo,
en el espejo
me miraba.
Me quedé congelada
cuando se me heló
de tristeza el corazón,
y ya no pude salir,
de este encierro de cristal,
donde mis días, entierro.
Cuando llegan enamorados
a este hotel donde habito,
puedo escapar de a ratitos
cuando ellos salen.
Pierdo la razón por
las alhajas de ellas.
Me las pruebo
y me las dejo,
hasta que su dueña
vuelve.
Mi alma sueña
en ese momento,
que soy otra vez
mujer
y no una imagen
en un espejo
reflejada,
con hielo en el corazón.
una tarde de éstas.
Antes de entrar,
sacudieron sus abrigos
para quitarse restos
de smoc, testigos,
de su vida en la ciudad.
Ella se miró de refilón
en el espejo:
su nariz pequeña y respingada
le daba esa imagen aniñada:
-aunque ya no lo sea-
se dijo - me veo bien-
Se gustó con su pelo negro
y enredado como el
humo de una chimenea.
El no se preocupó
por mirarse en el espejo.
Sólo le interesaba saber
si la llave del cuarto ,
que le dió la señora de tez blanca
de la entrada era la indicada.
Unos gatos en la escalera
maullaron y ella se sobresaltó:
-no es nada- dijo él -
-son sólo unos gatos,-
-no te preocupes-
Entraron al cuarto
con la altivez
que traen los enamorados
siempre que llegan aquí.
Se sienten dueños de todo:
del verde del paisaje,
del mar
detrás de las ventanas,
y de la luna por las noches.
Y lo son...
Sólo yo
que habito en el espejo ,
estoy sola
y no tengo nada.
Soy la enamorada ,
del cuento añejo
que cuentan
en el pueblo.
Quedé atrapada aqui,
desde que él se fue
mientras yo,
en el espejo
me miraba.
Me quedé congelada
cuando se me heló
de tristeza el corazón,
y ya no pude salir,
de este encierro de cristal,
donde mis días, entierro.
Cuando llegan enamorados
a este hotel donde habito,
puedo escapar de a ratitos
cuando ellos salen.
Pierdo la razón por
las alhajas de ellas.
Me las pruebo
y me las dejo,
hasta que su dueña
vuelve.
Mi alma sueña
en ese momento,
que soy otra vez
mujer
y no una imagen
en un espejo
reflejada,
con hielo en el corazón.
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