abcd
Poeta adicto al portal
A veces miró la hoja en blanco, y estás ahí,
escondidita en el rincón donde la luz
esquiva mi grueso cuerpo para tocarte, para ser tus ojos y tu piel.
Luego tu rostro, tan tibio como suave se adhiere a mis dedos,
para que me entren los nervios, y me tirite el alma o eso que tengo dentro,
y escriba presuroso alguna metáfora absurda
o una de esas frases cursis que llenan libros
y no resuelven los verdaderos dilemas del amor,
de la pasión, del odio invertido, de la sodomizada razón...
Ese instrumento que escribe y juega en mi mano,
baila en la marea blanca que nada y todo lo espera,
y siempre, siempre, siempre rodea lo que creo que es tu comisura derecha
para no herir el detalle más tierno de tu boca,
porque a veces creo en el vudú, porque a veces soy tan maníaco que sonrío con la letra u
si es que la letra u lleva los dos puntitos y pienso que son tus ojitos.
Igual, no voy a mentir, es que tu sabes que odio mentir,
y admitiré que al rozar la pluma tus labios en el papel
inconscientemente sale beso, agujas o mañana...
A veces la hoja en blanco tiembla y se resquebraja solita,
sucede cuando escribo sobre nuestras muertes, o sobre el ayer,
o cuando mi corazón se oprime y en vez de decir te quiero
dejo entrever que sos mala, o puta, o sucia en el arte de agredir mi fe de vos
y mis buenos modismos para vivir contigo, en ti,
solos, distantes y errantes de una incondicionalidad
que una y otra vez nos parte, nos corrompe,
nos hace de herida y de cicatriz.... maldito y hermoso circulo vicioso.
A veces una trampa surreal se adueña del sentido
y caen gotas de una melancolía de pan
que se come día a día, que se tira en el váter junto con otras cosas
como una manzana violada por gusanos.
En fin, que la especie voyeur que soy admira génesis muy distintas de vos,
y lo pienso en mayúsculas pero lo expreso en minúsculas.
A veces, eso que tenes por cuerpo llena el papel de una forma armoniosa y sensual
y agujereo y clavo la lapicera con furia,
furia que se vuelve amorosa, y entró en un nirvana imposible de diseñar en sueños.
Cada punzada azul es una caricia a tus piernas, a tu entrepierna,
a tu cadera de peces invisibles, a esa cintura que tatuaría en mi lengua,
a esa incesante cofradía de soles nuevos que embrutecen tu ombligo.
Como decirte que provocas relámpagos, igniciones misteriosas,
si yo, tan tímido y ajeno a la locura premeditada
tomaría todos los rayos de todas las tormentas que has provocado en mi
y los ataría a tus labios, para que no hables,
para que me muerdas con goce, en un frenesí de sombras que adquieren tacto,
y se olvidan, se olvidan de que nunca se pierde lo que no sucedió.
A veces es el papel, a veces el espejo,
la pared suele reflejarte más a menudo de lo que puedas pensar,
y los rostros y los vientres muy blancos también me recuerdan a vos,
y también elevan el deseo de dibujarte en líneas,
para llenar los vacíos de esa tristeza que nos une,
y me enamora sin ninguna lógica, sin ninguna aceptación de tu pensado amor.
escondidita en el rincón donde la luz
esquiva mi grueso cuerpo para tocarte, para ser tus ojos y tu piel.
Luego tu rostro, tan tibio como suave se adhiere a mis dedos,
para que me entren los nervios, y me tirite el alma o eso que tengo dentro,
y escriba presuroso alguna metáfora absurda
o una de esas frases cursis que llenan libros
y no resuelven los verdaderos dilemas del amor,
de la pasión, del odio invertido, de la sodomizada razón...
Ese instrumento que escribe y juega en mi mano,
baila en la marea blanca que nada y todo lo espera,
y siempre, siempre, siempre rodea lo que creo que es tu comisura derecha
para no herir el detalle más tierno de tu boca,
porque a veces creo en el vudú, porque a veces soy tan maníaco que sonrío con la letra u
si es que la letra u lleva los dos puntitos y pienso que son tus ojitos.
Igual, no voy a mentir, es que tu sabes que odio mentir,
y admitiré que al rozar la pluma tus labios en el papel
inconscientemente sale beso, agujas o mañana...
A veces la hoja en blanco tiembla y se resquebraja solita,
sucede cuando escribo sobre nuestras muertes, o sobre el ayer,
o cuando mi corazón se oprime y en vez de decir te quiero
dejo entrever que sos mala, o puta, o sucia en el arte de agredir mi fe de vos
y mis buenos modismos para vivir contigo, en ti,
solos, distantes y errantes de una incondicionalidad
que una y otra vez nos parte, nos corrompe,
nos hace de herida y de cicatriz.... maldito y hermoso circulo vicioso.
A veces una trampa surreal se adueña del sentido
y caen gotas de una melancolía de pan
que se come día a día, que se tira en el váter junto con otras cosas
como una manzana violada por gusanos.
En fin, que la especie voyeur que soy admira génesis muy distintas de vos,
y lo pienso en mayúsculas pero lo expreso en minúsculas.
A veces, eso que tenes por cuerpo llena el papel de una forma armoniosa y sensual
y agujereo y clavo la lapicera con furia,
furia que se vuelve amorosa, y entró en un nirvana imposible de diseñar en sueños.
Cada punzada azul es una caricia a tus piernas, a tu entrepierna,
a tu cadera de peces invisibles, a esa cintura que tatuaría en mi lengua,
a esa incesante cofradía de soles nuevos que embrutecen tu ombligo.
Como decirte que provocas relámpagos, igniciones misteriosas,
si yo, tan tímido y ajeno a la locura premeditada
tomaría todos los rayos de todas las tormentas que has provocado en mi
y los ataría a tus labios, para que no hables,
para que me muerdas con goce, en un frenesí de sombras que adquieren tacto,
y se olvidan, se olvidan de que nunca se pierde lo que no sucedió.
A veces es el papel, a veces el espejo,
la pared suele reflejarte más a menudo de lo que puedas pensar,
y los rostros y los vientres muy blancos también me recuerdan a vos,
y también elevan el deseo de dibujarte en líneas,
para llenar los vacíos de esa tristeza que nos une,
y me enamora sin ninguna lógica, sin ninguna aceptación de tu pensado amor.
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