P
Paloma Martin
Invitado
Estoy leyendo y escribiendo
transitando las calles
angostas e intrincadas
de la poesía.
Respiro en el aire,
el aire de otros suspiros.
Camino y siento pasos
tras de mí que pisan
la sombra que dejan
mis letras presurosas,
por llegar a ningún lado.
Piso yo, las veredas
embaldosadas con las
letras de versos ajenos.
Me desvela averiguar
que hay más allá
de la bruma del pensamiento.
Si la niebla que deja
la humedad de mi aliento
cuando digo,
se disipará
cuando escribo,
con la luz de mis ideas.
Camino entre las hojas secas
que a las almas marchitas,
se les desprenden
y arranco con mis ojos,
las palabras que florecen
en los labios fértiles
de los que se sienten
felizmente enamorados.
Descubro, mientras más leo
mientras más escribo,
mientras más camino:
Que la melancolía
es más que el rumor de una voz
que me llama desde siempre,
tras las ventanas.
La melancolía tiene ojos que me
miran y una voz que me dicta
mientras escribo esta poesía.
 
 
transitando las calles
angostas e intrincadas
de la poesía.
Respiro en el aire,
el aire de otros suspiros.
Camino y siento pasos
tras de mí que pisan
la sombra que dejan
mis letras presurosas,
por llegar a ningún lado.
Piso yo, las veredas
embaldosadas con las
letras de versos ajenos.
Me desvela averiguar
que hay más allá
de la bruma del pensamiento.
Si la niebla que deja
la humedad de mi aliento
cuando digo,
se disipará
cuando escribo,
con la luz de mis ideas.
Camino entre las hojas secas
que a las almas marchitas,
se les desprenden
y arranco con mis ojos,
las palabras que florecen
en los labios fértiles
de los que se sienten
felizmente enamorados.
Descubro, mientras más leo
mientras más escribo,
mientras más camino:
Que la melancolía
es más que el rumor de una voz
que me llama desde siempre,
tras las ventanas.
La melancolía tiene ojos que me
miran y una voz que me dicta
mientras escribo esta poesía.