Luis Fernando Tejada
Poeta reconocido
Fue una muerte tranquila;
congelación de las manos,
la respiración reducida
a un leve suspiro y después... nada.
Quería abrazarla y así lo hice,
tomé sus manos, mimé sus labios y sus ojos,
dejé caer en ellos el flujo de mis lágrimas.
En una noche sombría fui al cementerio
a visitar el sitio en el cual estaba enterrada;
el viento zumbaba misteriosamente
sobre las fosas de los muertos,
la tumba de mi tormento lucía abandonada,
cavando la tierra llegué hasta
la osamenta fría y blanquecina,
sobre la risa permanente de su desnudado cráneo,
estampé un último beso.
congelación de las manos,
la respiración reducida
a un leve suspiro y después... nada.
Quería abrazarla y así lo hice,
tomé sus manos, mimé sus labios y sus ojos,
dejé caer en ellos el flujo de mis lágrimas.
En una noche sombría fui al cementerio
a visitar el sitio en el cual estaba enterrada;
el viento zumbaba misteriosamente
sobre las fosas de los muertos,
la tumba de mi tormento lucía abandonada,
cavando la tierra llegué hasta
la osamenta fría y blanquecina,
sobre la risa permanente de su desnudado cráneo,
estampé un último beso.
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