Quisiera regalarte una poesía,
que aunque tú no lo sepas, eres mi hermano
me emparenté contigo, un viejo día
sin que supieras, a la muerte de un verano.
Quisiera que la leas, utopía,
de poeta menor, ¡vaya esperanza!
que a los locos necesitados de alegría
para reír, un sueño les alcanza.
Te he leído tanto, y te he escuchado
que voy a ti, cual pájaro a la fuente
a beber, el verso que has dejado
como alimento para el alma del creyente.
Yo que también, el mundo he vislumbrado
como un suicida parado frente a un puente,
he socavado en tu verso y he encontrado
de tu poesía, la veta y la vertiente.
Y me fui por la canción de tu desvelo
la mas hermosa, o la que habla del olvido,
he viajado de la Boca hasta el cielo
desde la habana a Madrid, con tu latido.
Y he encontrado en tu verso la osadía,
de una sirena bailando en un desierto.
Y encontré la soledad, de tu gran vía
en las calles embarradas de mi puerto.
Y me fui por tus sonetos, vago, errante,
sin nada más que un adiós en el bolsillo.
y me morí en cada rima consonante
a la luz de un foco de pasillo.
Por eso, si es que lees estos versos,
cosa lejana, cual caída de una estrella,
es que estamos en tan distintos universos
y no nos une ni un trazo, ni una huella.
Pues si lees estos versos, (te decía)
y un terremoto, uniera nuestros continentes;
Sabrás que aquí en la esquina, hay un tranvía
que por las noches, viajan los ausentes.
Yo lo tomo al fin de los naufragios
cuando el adiós, comienza a ser espera.
Cuando recuento uno a uno, los sufragios
que me borren de amor, la borrachera.
En fin, hermano en el olvido,
hermano en el llanto y en la calma.
Te saluda tu hermano que no ha sido,
pero es...en la poesía y en el alma.
Marino Fabianesi
(a Joaquin Sabina)
que aunque tú no lo sepas, eres mi hermano
me emparenté contigo, un viejo día
sin que supieras, a la muerte de un verano.
Quisiera que la leas, utopía,
de poeta menor, ¡vaya esperanza!
que a los locos necesitados de alegría
para reír, un sueño les alcanza.
Te he leído tanto, y te he escuchado
que voy a ti, cual pájaro a la fuente
a beber, el verso que has dejado
como alimento para el alma del creyente.
Yo que también, el mundo he vislumbrado
como un suicida parado frente a un puente,
he socavado en tu verso y he encontrado
de tu poesía, la veta y la vertiente.
Y me fui por la canción de tu desvelo
la mas hermosa, o la que habla del olvido,
he viajado de la Boca hasta el cielo
desde la habana a Madrid, con tu latido.
Y he encontrado en tu verso la osadía,
de una sirena bailando en un desierto.
Y encontré la soledad, de tu gran vía
en las calles embarradas de mi puerto.
Y me fui por tus sonetos, vago, errante,
sin nada más que un adiós en el bolsillo.
y me morí en cada rima consonante
a la luz de un foco de pasillo.
Por eso, si es que lees estos versos,
cosa lejana, cual caída de una estrella,
es que estamos en tan distintos universos
y no nos une ni un trazo, ni una huella.
Pues si lees estos versos, (te decía)
y un terremoto, uniera nuestros continentes;
Sabrás que aquí en la esquina, hay un tranvía
que por las noches, viajan los ausentes.
Yo lo tomo al fin de los naufragios
cuando el adiós, comienza a ser espera.
Cuando recuento uno a uno, los sufragios
que me borren de amor, la borrachera.
En fin, hermano en el olvido,
hermano en el llanto y en la calma.
Te saluda tu hermano que no ha sido,
pero es...en la poesía y en el alma.
Marino Fabianesi
(a Joaquin Sabina)
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