Juan Oriental
Poeta que considera el portal su segunda casa
Hoy me dejé de arreglar el mundo que no quiere arreglo
y los demás mecánicos me quedaron mirando
como a un raro disidente de la 'normalidad'.
Qué triste es haber vivido, pienso, sobre y bajo
la carrocería de la vida, conocerle derecho y revés
a su motor y jamás poder reparárselo del todo.
Debo aferrarme bien a mi apoliticismo
porque el tránsito de candidez es muy nutrido
y aunque terminen trabajando de recolectores de basura,
cada vez nacen más mecánicos que me verán como dije
me ven los actuales: un estorbo insumiso.
Ya están por comenzar a tirarme con tornillos, tuercas,
bulones, llaves francesas y todo lo que la pérfida política
que los explota les provea en mi contra.
Tengo que hallar refugio antes de que anochezca
y salgan a buscarme con los fanales a toda potencia
los que creen tener la vida medio arreglada.
Tengo que llegar al bar de Elías, considerado
pañol de desperdicios y declararme desperdicio
y pasarme todo el día allí con los incompetentes de allí
sin que mis ex colegas y el poder sospechen
que es mi forma de arreglarme la vida.
Que de utopías de franca solución se ocupen los poetas;
yo tengo el cerebro y los dedos engrasados
para escribir poesía y además, para mí, la luna
es una llanta cromada gigantesca que cualquier noche,
harta de hipocresía, se descuelga y nos aplasta por igual.
Safe Creative: 1409091936844
y los demás mecánicos me quedaron mirando
como a un raro disidente de la 'normalidad'.
Qué triste es haber vivido, pienso, sobre y bajo
la carrocería de la vida, conocerle derecho y revés
a su motor y jamás poder reparárselo del todo.
Debo aferrarme bien a mi apoliticismo
porque el tránsito de candidez es muy nutrido
y aunque terminen trabajando de recolectores de basura,
cada vez nacen más mecánicos que me verán como dije
me ven los actuales: un estorbo insumiso.
Ya están por comenzar a tirarme con tornillos, tuercas,
bulones, llaves francesas y todo lo que la pérfida política
que los explota les provea en mi contra.
Tengo que hallar refugio antes de que anochezca
y salgan a buscarme con los fanales a toda potencia
los que creen tener la vida medio arreglada.
Tengo que llegar al bar de Elías, considerado
pañol de desperdicios y declararme desperdicio
y pasarme todo el día allí con los incompetentes de allí
sin que mis ex colegas y el poder sospechen
que es mi forma de arreglarme la vida.
Que de utopías de franca solución se ocupen los poetas;
yo tengo el cerebro y los dedos engrasados
para escribir poesía y además, para mí, la luna
es una llanta cromada gigantesca que cualquier noche,
harta de hipocresía, se descuelga y nos aplasta por igual.
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