valentino arrabal
Poeta recién llegado
Noche preñada
Sin voz que sus sobras la hurtan
Matando el aullido que el parto tardío
Abortará de su hinchado y rasgado vientre
A los beodos esqueletos
Paseantes sin retorno en la vieja acera
Donde los desinflados cuerpos se arrugan
Recitando afiebrados versos de amargura y bohemia
Madre noche
Tus hastiados hijos volverán a tu vientre
Antes que sus débiles pupilas
Se hieran con la corrosiva luz del amanecer
Antes que sus lágrimas hagan charcos de desconsuelo
Sobre el falso asfalto del ensueño
Donde se derriten sus tímidas sobras
Y se mueran chorreados sobre la vieja acera
Sus trasnochados sueños de grandeza
Noche austera que te vas
Cargando con el terrible peso de esos sueños
Mañana volverás a parir
Con ese viejo dolor ahogado que no se oye
Pero que tus bien paridos hijos
Aullaran a través de sus consabidos versos de amargura y resignación
Hasta que sus sueños de grandeza sean cumplidos
Y dejen de ser los perseguidos bastardos de la noche
Para ser reconocidos y abrazados finalmente
Por el escurridizo padre eterno de la inmortalidad.
Sin voz que sus sobras la hurtan
Matando el aullido que el parto tardío
Abortará de su hinchado y rasgado vientre
A los beodos esqueletos
Paseantes sin retorno en la vieja acera
Donde los desinflados cuerpos se arrugan
Recitando afiebrados versos de amargura y bohemia
Madre noche
Tus hastiados hijos volverán a tu vientre
Antes que sus débiles pupilas
Se hieran con la corrosiva luz del amanecer
Antes que sus lágrimas hagan charcos de desconsuelo
Sobre el falso asfalto del ensueño
Donde se derriten sus tímidas sobras
Y se mueran chorreados sobre la vieja acera
Sus trasnochados sueños de grandeza
Noche austera que te vas
Cargando con el terrible peso de esos sueños
Mañana volverás a parir
Con ese viejo dolor ahogado que no se oye
Pero que tus bien paridos hijos
Aullaran a través de sus consabidos versos de amargura y resignación
Hasta que sus sueños de grandeza sean cumplidos
Y dejen de ser los perseguidos bastardos de la noche
Para ser reconocidos y abrazados finalmente
Por el escurridizo padre eterno de la inmortalidad.