A ESA DULCE MALVASIA
Esos ojos de avellana con esencias de la aurora,
esa dulce malvasía que perfuma tu mirada,
esa pátina que brilla como esmeralda dorada
tan rotunda y elocuente que encandila y enamora.
Y contemplando sus ojos es el alma la que llora
celosa de unos encantos que se clavan como espada
en la pasión de un poeta de juventud olvidada...
Porque sus ojos se esconden, y su mirada me ignora.
Envejecer es tristeza sin el calor de ese fuego
que penetra en mis entrañas, convertido ya en cenizas,
y somete mi esperanza quebrantando mi sosiego.
Súbitamente mis manos, temblorosas y enfermizas,
se elevan con un espasmo que pretende ser un ruego:
¡Dame -por Dios- tu mirada: Esa con la que me hechizas!
--..--
Chu
Esos ojos de avellana con esencias de la aurora,
esa dulce malvasía que perfuma tu mirada,
esa pátina que brilla como esmeralda dorada
tan rotunda y elocuente que encandila y enamora.
Y contemplando sus ojos es el alma la que llora
celosa de unos encantos que se clavan como espada
en la pasión de un poeta de juventud olvidada...
Porque sus ojos se esconden, y su mirada me ignora.
Envejecer es tristeza sin el calor de ese fuego
que penetra en mis entrañas, convertido ya en cenizas,
y somete mi esperanza quebrantando mi sosiego.
Súbitamente mis manos, temblorosas y enfermizas,
se elevan con un espasmo que pretende ser un ruego:
¡Dame -por Dios- tu mirada: Esa con la que me hechizas!
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Chu