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Reencuentro

María Rentería

Luna en Acuario.
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Imagen de internet
Killa era novata en las redes sociales y no podía negar el gozo de haber ido encontrando algunos compañeros de la infancia y mocedad a través de ellas. Se preguntaba si podría encontrar a Helio. Con algo de escepticismo empezó a teclear su nombre, y de pronto, apareció algo... sobresaltada y muy emocionada hurgaba en la biografía buscando alguna pista. Sin duda, el nombre era el mismo, pero... -¿Será él?- se preguntaba. Y si era así, ¿qué le diría? ¿Acaso le contaría de su zozobra a los diecisiete años? ¿Acaso le contaría sobre todas esas noches soñando con él? ¿O sobre la visita al museo? ¿O el encuentro en Chapultepec? ¿O sobre el único beso...? Sin duda serían gratos momentos para recordar, pero aun así, dudaba. Pasaron varios días antes de decidirse a enviarle un mensaje, hasta que finalmente lo hizo.

Pasaba el tiempo y Killa trató, sin mucho éxito, de dejar el asunto a un lado, aunque solo fuera por momentos, como para no sufrir ansiedad. Un día abrió su perfil y cuando encontró en la lista de mensajes la respuesta de Helio, simplemente se quedó absorta decidiendo si esperaría un poco antes de leerlo... ¡imposible! Simplemente, no podía. No debía postergarse más lo que ya había sido postergado por décadas. A medida que leía el mensaje, la emoción empezaba a generarle una ligera sensación de opresión en el pecho, como de respiración contenida. No era solo por el mensaje, sino que percibía en sus palabras entusiasmo por saber que se trataba de ella. A este mensaje siguió un intercambio de muchos otros, hablando brevemente de su vida, compartiendo teléfonos, correos, domicilios. Finalmente Killa creyó oportuno comentar sobre su deseo de verlo.

Estando en un centro comercial -tal vez se sentía más segura rodeada de gente-, ella marcó el celular de Helio. Después de comentar alguna trivialidad le preguntó si podrían verse pronto. Finalmente concertaron día, lugar y hora.

Ella pensó durante muchos días lo que quería decirle. Tal vez no debía decir ciertas cosas, dadas las circunstancias actuales de cada uno. Sin embargo, pensó que a estas alturas de la vida era mejor ser amablemente honesta y no callar la emoción y el sentimiento, podría ser que su corazón explotara si no sacaba a borbotones lo que sentía. Y se le ocurrió que para ser precisa debía escribir cuidadosamente cada palabra. Así que decidió escribirle una carta, que le entregaría en mano. Además, una carta, si él decidía conservarla, sería un permanente testigo de lo ocurrido. Entonces se dio a la tarea de escribirla. Curioso: nuevamente lo hizo en un centro comercial. ¡Ya estaba lista la carta! Fue muy difícil decidir qué ropa usar, qué aretes, como llevar el cabello... ¿acaso eso era fácil para alguna mujer?

Llegado el día del encuentro, 13 de noviembre, y sintiendo mariposas en el estómago (hace cuanto que no pasaba esto, y no dejaba de generarle a ella cierta sorpresa, si acaso no molestia), se subió al auto y se dirigió al punto de encuentro con tiempo suficiente para una llegada puntual. En el lugar, Killa estacionó el auto. Al bajarse, se percató de lo mal que se había estacionado, ya que estaba muy nerviosa. Pero en ese justo momento, escuchó la voz de Helio que también había llegado. En una segunda mirada al auto, Killa decidió que debía acomodarlo bien y Helio la esperó. Por el nerviosismo tuvo que hacerlo en varios movimientos, penosamente y como dando crédito sin querer al argumento de que las mujeres manejan mal. En fin. Pero una vez que entraron al restaurante se olvidó por completo del asunto del auto.

Sentados a la mesa, Helio pidió un pastel y Killa algo de frutas. Ella sentía que le sería imposible ingerir algo más con tanta emoción sentida justo en la boca del estómago. Hablaron de sus quehaceres, de sus quereres, de sus logros e ilusiones, y también de sus desilusiones, como un par de niños en la casita de un árbol.

La velada no sería muy larga, así que cuando sintió que era el momento preciso, Killa le entregó a Helio la carta... qué bueno que la había escrito para no olvidar nada importante y sobre todo para que no se le quebrase la voz. En ella le decía lo afortunada que había sido al tener el cariño de mucha gente alrededor de ella, y a pesar de ello, lo mucho que había deseado, por largos años, que se diera este reencuentro. Le hablaba de la gran cantidad de noches en las que había soñado con él, y despertado con nostalgia deseándole que se encontrara muy feliz y pleno, con el secreto deseo de volver a verlo. Como ella siempre había creído en la importancia de ser agradecida, en la carta no faltó ese agradecimiento por lo mucho que había tenido que ver la experiencia de haberlo amado en la construcción de su persona. El haber aprendido a amar con donación y desprendimiento.

Y aunque en su corazón había mucho más que solo gratitud, eso era todo lo que el pudor y la prudencia le permitían expresar. Al terminar de leer la carta, ella pudo ver con gran emoción que los ojos de Helio se habían humedecido francamente. También sintió que él pudo leer perfectamente entre líneas. Ya no había vuelta atrás. Killa le había mostrado las profundidades de su corazón, exponiendo el alma desnuda y vulnerable. ¿Qué seguía? Tal vez nada. O mejor aún, una hermosa amistad por el resto de la vida. Con cualquier cosa, Killa estaba conforme, ya que había cumplido un deseo largamente acariciado. En su mente ella pensaba: -"lo que quieras tú, yo también lo quiero, y lo que no quieras, no"-.

Después de esto, el tiempo pasó casi sin sentirse, hasta llegar el momento de decirse hasta luego. ¿O adiós? Killa no lo sabía, así que estando nuevamente en el estacionamiento, al momento de despedirse, se abrazaron. Ella quiso memorizar cada segundo de ese abrazo, porque no sabía si alguna vez habría otro. Cerrando los ojos inhaló profundamente su olor, tratando de grabarlo en la memoria, conteniendo un poco las lágrimas. Trémulamente colocó la mano en la mejilla de Helio tratando de memorizar cada sensación táctil para la posteridad. Killa percibió una lágrima traicionera en los ojos cuando él le susurró al oído: -"Te quiero mucho"-.

Después de esto, ambos siguieron sus caminos en la vida. Si llegó a haber algún otro encuentro entre Killa y Helio, es una decisión que dejo al amable lector que ha posado su mirada en estas últimas líneas y que ha acompañado pacientemente este pequeño relato, esperando haberle hecho vivir cada detalle, cada emoción y cada sentimiento en lo más profundo de la entraña. Lo que sí puedo decir como colofón, amable lector, es que sin duda este encuentro acompañaría e inspiraría a Killa por el resto de su vida.
 
Última edición:
¡Chapeau! querida María. Me has dejado obnubilado, Gran pero.. ¡Gran prosa! El reencuentro es la emoción del soñador, y más cuando hay sentimientos tímidos de por medio. Un placer.
Saludos.
 
César Guevar;5329572 dijo:
María: eso no se le hace a un romántico como yo que ya esperaba leer una audaz aventura de dos para rehacer un amor suspendido durante décadas. ¡Y no me refiero a una aventura de cama! Una aventura de personas maduras, mayores, ancianos quizás...

Me subyugó su relato. Por favor: segunda parte.

Muchas gracias por tu comentario, César... y bueno, segunda parte, tal vez sí, pero tomará un tiempo, en todo caso, jejeje, aunque a veces los finales puede que no sean tan felices. Un abrazo cariñoso. :::hug:::
 
María Rentería;5329076 dijo:
[...] ¡Ya estaba lista la carta! Fue muy difícil decidir que ropa usar, qué aretes, como llevar el cabello… ¿Acaso Floria era una mujer?

[...]
"Soy muy afortunada. He tenido una vida plena, feliz, hermosas personas en mi ella: familia, amigos… He tenido regalos de vida que ni siquiera he pedido, y solo Dios sabe cuánto soñaba con este encuentro. Es un sueño hecho realidad. Cuántas veces desperté, muchas con nostalgia, deseando fervientemente que te encontraras feliz, realizado… Pensando si acaso te volvería a ver, pensando qué te diría si llegaba el momento. ¿Y quién lo iba a decir? Otro deseo cumplido.
He sido construida por todas mis experiencias de vida, en las que han participado muchas personas, y una muy importante, has sido tú.

Es una historia inconclusa, llena de un romanticismo muy delicado, sutilmente femenino y con una ortografía y redacción impecables. Los pequeños detalles de transcripción que cito son para dejar constancia del interés con el que leí cada una de tus palabras y no para lucirme ─como pudieran pensar algunos─ ni para deslucir el hermoso trabajo literario que hoy nos presentas.
¡Ah! ¡Cuántos Tristanes y Florias quedan aquí esbozados! «No se pueden callar los sentimientos, y solo Dios sabe cuál es el futuro de una relación en la que todavía quedan vestigios del amor»
Un abrazo infinito y gracias por compartir tu talento con nosotros.
 
Es una historia inconclusa, llena de un romanticismo muy delicado, sutilmente femenino y con una ortografía y redacción impecables. Los pequeños detalles de transcripción que cito son para dejar constancia del interés con el que leí cada una de tus palabras y no para lucirme ─como pudieran pensar algunos─ ni para deslucir el hermoso trabajo literario que hoy nos presentas.
¡Ah! ¡Cuántos Tristanes y Florias quedan aquí esbozados! «No se pueden callar los sentimientos, y solo Dios sabe cuál es el futuro de una relación en la que todavía quedan vestigios del amor»
Un abrazo infinito y gracias por compartir tu talento con nosotros.

Muchas gracias por tu comentario tan bello y tus notas de corrección. Las corregiré con inmenso gusto y sé perfectamente que tu interés es mejorar mi trabajo. No comparto con esos que dicen que cosas así son para lucirse, porque además lo haces con cuidado y delicadeza. Y sí... debe haber muchísimos Tristanes y Florias caminando por ahí en el mundo. Gracias mil, Ehli. Un abrazo cariñoso.
 
Última edición:
Floria era novata en las redes sociales y no podía negar el gozo de haber ido encontrando algunos compañeros de la infancia y mocedad a través de ellas... Se preguntaba si podría encontrar a Tristán. Con algo de escepticismo empezó a teclear su nombre, y de pronto, saltó un link. Sobresaltada y muy emocionada hurgaba en la biografía buscando alguna pista. Sin duda, el nombre era el mismo, pero... -¿Será él?- se preguntaba. Y si era así, ¿qué le diría? ¿Acaso le contaría de su zozobra a los diecisiete años? ¿Acaso le contaría sobre todas esas noches soñando con la visita al museo? ¿O sobre el encuentro en Chapultepec? ¿O sobre el único beso en la oscura casa de un amigo? Sin duda serían gratos momentos para recordar, pero aun así, dudaba. Pasaron varios días antes de decidirse a enviarle un mensaje para corroborar si era él.

Pasaba el tiempo y Floria trató, aunque no con mucho éxito, de dejar un poco de lado el asunto, como para no sufrir ansiedad. Un día abrió su perfil y cuando encontró en la lista de mensajes la respuesta de Tristán simplemente se quedó absorta decidiendo si esperaría un poco antes de leerlo... Imposible. No podía. No debía postergarse más lo que ya había sido postergado por décadas. A medida que leía el mensaje, la emoción empezaba a generarle una ligera sensación de opresión en el pecho, como de respiración contenida. No solo era el mensaje de Tristán, sino que percibía en sus palabras entusiasmo por saber que se trataba de ella. A Tristán le daba gusto saber otra vez de Floria. A este mensaje siguió un intercambio de muchos otros, hablando brevemente de su vida y de sus logros, compartiendo teléfonos, mails, domicilios. Finalmente Floria sintió que era tiempo de verse.

Estando en un centro comercial (tal vez se sentía más segura rodeada de gente), ella marcó el celular de Tristán. Después de comentar alguna trivialidad vino la propuesta y preguntó si podrían verse pronto. Finalmente concertaron día, lugar y hora.

Ella pensó durante muchos días lo que quería decirle a Tristán. Tal vez no debía decir ciertas cosas, dadas las circunstancias actuales de cada uno... Sin embargo pensó que a estas alturas de la vida era mejor ser amablemente honesta y no callar la emoción y el sentimiento, para no arriesgarse a sufrir un mal cardíaco: podría ser que su corazón explotara si no sacaba a borbotones lo que sentía. Y se le ocurrió que para ser precisa debía escribir cuidadosamente cada palabra. Así que decidió escribirle una carta, que sería entregada en mano y leída por Tristán en el momento del encuentro. Además, una carta, si él decidía conservarla, sería un permanente testigo de lo ocurrido. Entonces se dio a la tarea de escribirla. Curioso: nuevamente lo hizo en un centro comercial. ¡Ya estaba lista la carta! Fue muy difícil decidir que ropa usar, que aretes, como llevar el cabello... ¿Acaso Floria era una mujer?

Llegado el día del encuentro y sintiendo mariposas en el estómago (hace cuanto que no pasaba esto y no dejaba de generarle a ella cierta sorpresa, si acaso no molestia), se subió al auto y se dirigió al punto de encuentro con tiempo suficiente para una llegada puntual. En el lugar, Floria estacionó el auto. Al bajarse, se percató de lo mal que se había estacionado -¿Sería que estaba nerviosa?-. Pero en ese justo momento, escuchó la voz de Tristán que también había llegado. En una segunda mirada al auto, Floria decidió que debía acomodarlo bien y Tristán la esperó. Por el nerviosismo tuvo que hacerlo en varios movimientos, penosamente y como dando crédito sin querer al argumento de que las mujeres manejan mal. En fin. Pero una vez que entraron al restorán se olvidó por completo del asunto del auto.

Sentados a la mesa, Tristán pidió un pay de queso y Floria un coctel de frutas. Ella sentía que le sería imposible ingerir algo más con tanta emoción sentida justo en la boca del estómago. Hablaron de sus quehaceres, de sus quereres, de sus desilusiones, como un par de confidentes, quienes de pronto sienten que hay empatía.

La velada no sería muy larga, así que en un momento dado, cuando sintió que era el momento preciso, Floria le dijo a Tristán que era para ella un momento muy importante, y para no dar vueltas al asunto, pero sobre todo para que no se le quebrase la voz, le entregó la carta que cuidadosamente había escrito:

"Soy muy afortunada. He tenido una vida plena, feliz, hermosas personas en ella: familia, amigos... He tenido regalos de vida que ni siquiera he pedido, y solo Dios sabe cuánto soñaba con este encuentro. Es un sueño hecho realidad. Cuántas veces desperté, muchas con nostalgia, deseando fervientemente que te encontraras feliz, realizado... Pensando si acaso te volvería a ver, pensando qué te diría si llegaba el momento. ¿Y quién lo iba a decir? Otro deseo cumplido.
He sido construida por todas mis experiencias de vida, en las que han participado muchas personas, y una muy importante, has sido tú.
Los momentos que pasamos, me marcaron realmente. El haber tenido que separarme de ti, aún con lo mucho que te amaba me preparó para el siguiente escalón en mi vida, uno más alto, el del amor que busca el bien y solo el bien del ser amado, respetando plenamente su libertad, y la vida me ha recompensado encontrando a alguien que quiere construir conmigo, permanentemente, la obra grandiosa del amor.

Ha sido maravilloso conocerte, quererte, y ahora, volverte a ver. Gracias por ser parte de mi vida. ¡Jamás te olvidaré! "

Y aunque en su corazón había algo más que solo gratitud, esto era todo lo que el pudor y la prudencia le permitían expresar. Al terminar de leer la carta, ella pudo ver con gran emoción que los ojos de Tristán se habían humedecido levemente. También sintió que él pudo leer perfectamente entre líneas. Estaba hecho. Ella le había revelado lo más profundo de su corazón, exponiéndole el alma desnuda y vulnerable. ¿Qué seguía? Tal vez nada. O tal vez una hermosa amistad por el resto de la vida. Con cualquier cosa, Floria estaba conforme, ya que había logrado su cometido.

Después de esto, el tiempo pasó casi sin sentirse, hasta llegar el momento de decirse hasta luego. ¿O adiós? Floria no lo sabía, así que estando nuevamente en el estacionamiento, al momento de despedirse, se abrazaron. Ella quiso memorizar cada segundo de ese abrazo, porque no sabía si alguna vez habría otro. Cerrando los ojos inhaló profundamente su olor, tratando de grabarlo en la memoria, conteniendo un poco las lágrimas. Trémulamente colocó la mano en la mejilla de Tristán tratando de memorizar cada sensación táctil para la posteridad. Floria sintió alguna lágrima traicionera en los ojos cuando él le susurró al oído: -Te quiero mucho-.

Después de esto, ambos siguieron sus caminos en la vida. Si llegó a haber algún otro encuentro entre Floria y Tristán, es una decisión que dejo al amable lector que ha posado su mirada en estas últimas líneas y que ha acompañado pacientemente este pequeño cuento, esperando haberle hecho vivir cada detalle, cada emoción y cada sentimiento en lo más profundo de la entraña. Lo que sí puedo decir como colofón, amable lector, es que sin duda este encuentro acompañaría e inspiraría a Floria por el resto de su vida.


Hermosa historia de amor (y desamor?). Me resultó algo extraño y misterioso el fragmento del párrafo de la carta que dice: "El haber tenido que separarme de ti, aún con lo mucho que te amaba me preparó para el siguiente escalón en mi vida, uno más alto, el del amor que busca el bien y sólo el bien del ser amado, respetando plenamente su libertad..." En fin, me resultó un relato inquietante y muy bien escrito, con un triste desenlace en esta primera parte de la historia... Mis felicitaciones por tan bello trabajo, María Rentería.
 
Última edición:
Hermosa historia de amor (y desamor?). Me resultó algo extraño y misterioso el fragmento del párrafo de la carta que dice: "El haber tenido que separarme de ti, aún con lo mucho que te amaba me preparó para el siguiente escalón en mi vida, uno más alto, el del amor que busca el bien y sólo el bien del ser amado, respetando plenamente su libertad..." En fin, me resultó un relato inquietante y muy bien escrito, con un triste desenlace en esta primera parte de la historia... Mis felicitaciones por tan bello trabajo, María Rentería.

Gracias Rubén. A mí me gustan las historias donde no todo queda resuelto, sino que deja un poco para usar la imaginación y hacer la propia versión. Un beso cariñoso y gracias por tomarte el tiempo de leer y comentar.
 
Floria era novata en las redes sociales y no podía negar el gozo de haber ido encontrando algunos compañeros de la infancia y mocedad a través de ellas... Se preguntaba si podría encontrar a Tristán. Con algo de escepticismo empezó a teclear su nombre, y de pronto, saltó un link. Sobresaltada y muy emocionada hurgaba en la biografía buscando alguna pista. Sin duda, el nombre era el mismo, pero... -¿Será él?- se preguntaba. Y si era así, ¿qué le diría? ¿Acaso le contaría de su zozobra a los diecisiete años? ¿Acaso le contaría sobre todas esas noches soñando con la visita al museo? ¿O sobre el encuentro en Chapultepec? ¿O sobre el único beso en la oscura casa de un amigo? Sin duda serían gratos momentos para recordar, pero aun así, dudaba. Pasaron varios días antes de decidirse a enviarle un mensaje para corroborar si era él.

Pasaba el tiempo y Floria trató, aunque no con mucho éxito, de dejar un poco de lado el asunto, como para no sufrir ansiedad. Un día abrió su perfil y cuando encontró en la lista de mensajes la respuesta de Tristán simplemente se quedó absorta decidiendo si esperaría un poco antes de leerlo... Imposible. No podía. No debía postergarse más lo que ya había sido postergado por décadas. A medida que leía el mensaje, la emoción empezaba a generarle una ligera sensación de opresión en el pecho, como de respiración contenida. No solo era el mensaje de Tristán, sino que percibía en sus palabras entusiasmo por saber que se trataba de ella. A Tristán le daba gusto saber otra vez de Floria. A este mensaje siguió un intercambio de muchos otros, hablando brevemente de su vida y de sus logros, compartiendo teléfonos, mails, domicilios. Finalmente Floria sintió que era tiempo de verse.

Estando en un centro comercial (tal vez se sentía más segura rodeada de gente), ella marcó el celular de Tristán. Después de comentar alguna trivialidad vino la propuesta y preguntó si podrían verse pronto. Finalmente concertaron día, lugar y hora.

Ella pensó durante muchos días lo que quería decirle a Tristán. Tal vez no debía decir ciertas cosas, dadas las circunstancias actuales de cada uno... Sin embargo pensó que a estas alturas de la vida era mejor ser amablemente honesta y no callar la emoción y el sentimiento, para no arriesgarse a sufrir un mal cardíaco: podría ser que su corazón explotara si no sacaba a borbotones lo que sentía. Y se le ocurrió que para ser precisa debía escribir cuidadosamente cada palabra. Así que decidió escribirle una carta, que sería entregada en mano y leída por Tristán en el momento del encuentro. Además, una carta, si él decidía conservarla, sería un permanente testigo de lo ocurrido. Entonces se dio a la tarea de escribirla. Curioso: nuevamente lo hizo en un centro comercial. ¡Ya estaba lista la carta! Fue muy difícil decidir que ropa usar, que aretes, como llevar el cabello... ¿Acaso Floria era una mujer?

Llegado el día del encuentro y sintiendo mariposas en el estómago (hace cuanto que no pasaba esto y no dejaba de generarle a ella cierta sorpresa, si acaso no molestia), se subió al auto y se dirigió al punto de encuentro con tiempo suficiente para una llegada puntual. En el lugar, Floria estacionó el auto. Al bajarse, se percató de lo mal que se había estacionado -¿Sería que estaba nerviosa?-. Pero en ese justo momento, escuchó la voz de Tristán que también había llegado. En una segunda mirada al auto, Floria decidió que debía acomodarlo bien y Tristán la esperó. Por el nerviosismo tuvo que hacerlo en varios movimientos, penosamente y como dando crédito sin querer al argumento de que las mujeres manejan mal. En fin. Pero una vez que entraron al restorán se olvidó por completo del asunto del auto.

Sentados a la mesa, Tristán pidió un pastel y Floria un coctel de frutas. Ella sentía que le sería imposible ingerir algo más con tanta emoción sentida justo en la boca del estómago. Hablaron de sus quehaceres, de sus quereres, de sus desilusiones, como un par de confidentes, quienes de pronto sienten que hay empatía.

La velada no sería muy larga, así que en un momento dado, cuando sintió que era el momento preciso, Floria le dijo a Tristán que era para ella un momento muy importante, y para no dar vueltas al asunto, pero sobre todo para que no se le quebrase la voz, le entregó la carta que cuidadosamente había escrito:

"Soy muy afortunada. He tenido una vida plena, feliz, hermosas personas en ella: familia, amigos... He tenido regalos de vida que ni siquiera he pedido, y solo Dios sabe cuánto soñaba con este encuentro. Es un sueño hecho realidad. Cuántas veces desperté, muchas con nostalgia, deseando fervientemente que te encontraras feliz, realizado... Pensando si acaso te volvería a ver, pensando qué te diría si llegaba el momento. ¿Y quién lo iba a decir? Otro deseo cumplido.
He sido construida por todas mis experiencias de vida, en las que han participado muchas personas, y una muy importante, has sido tú.
Los momentos que pasamos, me marcaron realmente. El haber tenido que separarme de ti, aún con lo mucho que te amaba me preparó para el siguiente escalón en mi vida, uno más alto, el del amor que busca el bien y solo el bien del ser amado, respetando plenamente su libertad, y la vida me ha recompensado encontrando a alguien que quiere construir conmigo, permanentemente, la obra grandiosa del amor.

Ha sido maravilloso conocerte, quererte, y ahora, volverte a ver. Gracias por ser parte de mi vida. ¡Jamás te olvidaré! "

Y aunque en su corazón había algo más que solo gratitud, esto era todo lo que el pudor y la prudencia le permitían expresar. Al terminar de leer la carta, ella pudo ver con gran emoción que los ojos de Tristán se habían humedecido levemente. También sintió que él pudo leer perfectamente entre líneas. Estaba hecho. Ella le había revelado lo más profundo de su corazón, exponiéndole el alma desnuda y vulnerable. ¿Qué seguía? Tal vez nada. O tal vez una hermosa amistad por el resto de la vida. Con cualquier cosa, Floria estaba conforme, ya que había logrado su cometido.

Después de esto, el tiempo pasó casi sin sentirse, hasta llegar el momento de decirse hasta luego. ¿O adiós? Floria no lo sabía, así que estando nuevamente en el estacionamiento, al momento de despedirse, se abrazaron. Ella quiso memorizar cada segundo de ese abrazo, porque no sabía si alguna vez habría otro. Cerrando los ojos inhaló profundamente su olor, tratando de grabarlo en la memoria, conteniendo un poco las lágrimas. Trémulamente colocó la mano en la mejilla de Tristán tratando de memorizar cada sensación táctil para la posteridad. Floria sintió alguna lágrima traicionera en los ojos cuando él le susurró al oído: -Te quiero mucho-.

Después de esto, ambos siguieron sus caminos en la vida. Si llegó a haber algún otro encuentro entre Floria y Tristán, es una decisión que dejo al amable lector que ha posado su mirada en estas últimas líneas y que ha acompañado pacientemente este pequeño cuento, esperando haberle hecho vivir cada detalle, cada emoción y cada sentimiento en lo más profundo de la entraña. Lo que sí puedo decir como colofón, amable lector, es que sin duda este encuentro acompañaría e inspiraría a Floria por el resto de su vida.


Bella historia de amor, donde la ilusión siempre está presente,
la he disfrutado de principio a fin...
Un placer haber pasado, un beso.
 
Bueno, una historia contada con mucha intensidad, sobre todo cuidando los momentos y sentimientos expresados. Creo que la carta dejo mucha gratitud conmovedora sin duda, pero siento una falta de riesgo en ambos, creo que ninguno lo quiso correr y eso pone "una cereza al pastel" para pensar noches enteras... Yo si hubiera sido Tristán, me hubiera pedido un botella de vino y a conversar con Floria, largo y tendido y también le hubiera hecho una carta más "osada". Me alegro que en estos espacios sigas dejando tanto talento. Un fuerte abrazo compañera de letras.
 
Bueno, una historia contada con mucha intensidad, sobre todo cuidando los momentos y sentimientos expresados. Creo que la carta dejo mucha gratitud conmovedora sin duda, pero siento una falta de riesgo en ambos, creo que ninguno lo quiso correr y eso pone "una cereza al pastel" para pensar noches enteras... Yo si hubiera sido Tristán, me hubiera pedido un botella de vino y a conversar con Floria, largo y tendido y también le hubiera hecho una carta más "osada". Me alegro que en estos espacios sigas dejando tanto talento. Un fuerte abrazo compañera de letras.

Gracias querido trovador y bohemio. Mi idea fue dejar abierto el espacio para la imaginación. Besitos.
 

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