A LA MEMORIA DE UN GRAN POETA
Insigne entre los grandes, por Dios iluminado.
Su pluma se regala con dardos de Cupido
pletóricos de luces de un Sol recién nacido
que nítidos señalan al hombre enamorado.
Indago en sus poemas que leo encandilado,
recuerdo su semblante gentil y decidido,
añoro su elegancia, su espíritu bruñido
con plata de ultramar. ¿Por qué nos ha dejado?
El canto de un jilguero preñado de tristeza
encuentra un corazón que olvida su bravura
perdida su alegría, perdida su entereza.
Los ríos y los mares se aquietan con dulzura.
La muerte del amigo se lleva su destreza
al tiempo que mi rostro se viste de amargura
--..--
Descanse en Paz Raúl Rouco
--..--
Chu
Insigne entre los grandes, por Dios iluminado.
Su pluma se regala con dardos de Cupido
pletóricos de luces de un Sol recién nacido
que nítidos señalan al hombre enamorado.
Indago en sus poemas que leo encandilado,
recuerdo su semblante gentil y decidido,
añoro su elegancia, su espíritu bruñido
con plata de ultramar. ¿Por qué nos ha dejado?
El canto de un jilguero preñado de tristeza
encuentra un corazón que olvida su bravura
perdida su alegría, perdida su entereza.
Los ríos y los mares se aquietan con dulzura.
La muerte del amigo se lleva su destreza
al tiempo que mi rostro se viste de amargura
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Descanse en Paz Raúl Rouco
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Chu
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