Agus Mcpoets
Poeta adicto al portal
Caminamos juntos con nuestras sonrisas, sin tomarnos de la mano.
Un par de veces nos miramos de tal forma, que el breve tiempo en que mis retinas le gritaban al silencio:
- ¡ te necesito! ... te necesito tanto… “que tal vez sea para siempre”.
Dejarían traslucir inexplicablemente este hermoso sentimiento que relato.
No conté los pasos antes de llegar al lugar donde debíamos despedirnos, sólo pude presentir en ese medio minuto, que tenía que abrazarte de manera especial y que ibas a dejar rodearte por mis brazos.
Así ocurrió. Tanto me acerqué… tanto me impregné de tu perfume, que pude sentir como se despertaban todos mis sentidos con el hecho de tenerte tan cerca, mis labios se humedecían y sólo pudieron balbucear con mi solapada voz la frase:
- lo pasé hermoso.
En mi interior un gruñido aseveraba… “No me quiero despedir”, pero sólo esbocé mi más dulce sonrisa de ingenuidad. Ya acomodando el perfil, en media vuelta, pude decir:
- Que sea hasta pronto.
Cuando ya estabas a mi espalda y me alejaba, sobrevino un pensamiento afónico que intentaba descifrar los latidos de mi corazón y el impulso de una lágrima que se soltó, dejando caer la repentina y traicionera timidez escondida en la última y memoriosa sonrisa de aquella tarde, que tuvo la intención de besarte el alma y decir algo más que las palabras guardadas para el momento preciso. El mágico instante donde pueda vencer la contradictoria inseguridad de amarte con algo más que una sonrisa, una lágrima y un relato de lo que no pude decirte.
Un par de veces nos miramos de tal forma, que el breve tiempo en que mis retinas le gritaban al silencio:
- ¡ te necesito! ... te necesito tanto… “que tal vez sea para siempre”.
Dejarían traslucir inexplicablemente este hermoso sentimiento que relato.
No conté los pasos antes de llegar al lugar donde debíamos despedirnos, sólo pude presentir en ese medio minuto, que tenía que abrazarte de manera especial y que ibas a dejar rodearte por mis brazos.
Así ocurrió. Tanto me acerqué… tanto me impregné de tu perfume, que pude sentir como se despertaban todos mis sentidos con el hecho de tenerte tan cerca, mis labios se humedecían y sólo pudieron balbucear con mi solapada voz la frase:
- lo pasé hermoso.
En mi interior un gruñido aseveraba… “No me quiero despedir”, pero sólo esbocé mi más dulce sonrisa de ingenuidad. Ya acomodando el perfil, en media vuelta, pude decir:
- Que sea hasta pronto.
Cuando ya estabas a mi espalda y me alejaba, sobrevino un pensamiento afónico que intentaba descifrar los latidos de mi corazón y el impulso de una lágrima que se soltó, dejando caer la repentina y traicionera timidez escondida en la última y memoriosa sonrisa de aquella tarde, que tuvo la intención de besarte el alma y decir algo más que las palabras guardadas para el momento preciso. El mágico instante donde pueda vencer la contradictoria inseguridad de amarte con algo más que una sonrisa, una lágrima y un relato de lo que no pude decirte.
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