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Buendía

ASTRO_MUERTO

Poeta fiel al portal
Buendía



Usted tiene un buen día,
pero yo no tuve que defender ninguna tesis
en ninguna sala abarrotada de gente.
=
0 aplausos.
Tampoco tuve que ser ingeniero,
ni llegar mangas y camisa a ningún trabajo
en ninguna exitosa empresa de telecomunicaciones de Santiasco de Chile.

Usted tiene un buen día,
pero yo no tuve que ir a buscar ningunos niños a ningunas escuelas,
ni llegado a casa
tuve que conformarme con el tamaño de unos senos
habiendo visto servido un plato de comida,
porque a mí también me pasó lo mismo,
me pasó lo mismo
y no hay mejor lugar que este entierro.

No entiendo esa manía de tocar tanto los timbres,
de estremecer las puertas,
de hacer sonar hasta el hartazgo los teléfonos
o estrenar el semen madurado en las reuniones sociales,
y decir qué bello aquello de la vida.

A mí me gustan las tumbas por las tardes,
yo al frente de las tumbas
yo adentro de las tumbas y en el rincón de las tumbas
por arriba y por de abajo de las tumbas,
y los epitafios inútiles,
breves,
como si este tremendo chiste se pudiera condensar en a puros sufrimientos 4 líneas.

Usted tiene un muy, un muy buen día;
lo que es yo, me gusta caminar entre los nichos,
preguntar por la familia al muerto
aunque desde adentro de las tumbas
no salga más que sombra y pura sombra;
fumarme, también, un cigarrillo
calavera vuelta hacia los nichos: observar la evanescencia del humo
mientras otros se revuelcan en sus tumbas,
y me gustan, por cierto, las caminatas mundo abajo,
quitarme los sombreros por las noches,
y decir: “¿cuánto falta para llegar?”, porque cada día
no es un día más, sino uno menos.
Siempre adoré el ruido de los estacionamientos tristes o de las flácidas casas cuando están desmoronando, la condensación de olvido pendiendo de los techos,
la sombra, las polillas.
A mí también me pasó lo mismo,
me pasó lo mismo
y no hay mejor lugar que este encierro.

Nunca comprendí esas palmadas en la espalda
que vienes a animarnos,
y nos dices que persistamos como si no supiéramos lo que estamos escribiendo.
¡Abracadabra!
No sabes que lo nuestro es furioso,
estridente, puro como abrazo de ramera y dice miasma,
y dice miasma por todos lados,
porque es cierto que me pierdo en una sombra
en cuyo interior es posible ver golondrinas,
+ yo soy de rifles,
al menos, cuando era pequeño,
mis padres no me hicieron recitar poesías absurdas delante de ningunos parientes,
tampoco me atracaron dos muchachas,
ni mirando por la ventanilla de un colectivo me fueron arrebatadas las gafas.
¿Quién es el desgraciado,
sobre todo,
considerando,
que anoche llegué tarde y no había niños esperando?
No tomé sopa, no quise comer y es cierto,
no quise ver televisión, ¿qué hora es?,
y desde el interior de una gran jeta estridente, que dirá algunas palabras en representación de mi idiotez tremenda,
semejante a una campana azotada por autistas
emergen estas palabras: Yo también dije que sí
y que no y comí entre las sombras mascando hasta el infinito ilusiones,
y también traté de levantarme cuando hube caído,
y bien que me temblaron las canillas
y bien que te reíste cuando mi patética silueta se movía de forma torpe y funambulesca mientras evitaba los obstáculos.

Así es la cosa.
Ha hecho calor estos días.

Siempre se está muerto, tanto si se vive de engaño, puesto que la verdadera vida está en el desengaño, como si se es consciente y partícipe de esto último, pues, en ambos casos se vive en un cementerio, y esa es la única certeza.

¿Por qué no aprendes a dejar las cosas donde corresponde?
esa manía,
esa manía que tienen las mujeres de referir que algo está donde no está,
de buscar una cosa y de entre los cajones sacar otra diferente.
Asi que,
usted tiene un buen día;
pero aquí hay un clavel que se marchita adquiriendo connotación de gladiolo,
un ramo pestilente de cabezas,
un óvulo fecundo en el ovario anexo a algún estigma mediante el estilo,
una corola de pétalos entronizando la propia calavera;
sépalo producto de estambre satisfecha con anteras,
captación del polen cósmico o nectario proveedor de espiritrompas,
cáliz atestado de esporas;
polvo,
polvo,
más polvo,
otro poco de polvo,
receptáculo de muertos que persisten como lánguidos tallos.

¿Le es posible ver el ramo?
Dicho ramo está siendo aprisionado por famélica mano
en cuyos dedos
es posible hacer la observación de úlceras, fístulas y pústulas;
dedos que cantaran al compás sanguinolento de estos signos
martillados desde el fondo de esta tumba,
desde el frente de esta tumba y desde adentro de esta tumba,
desde el rincón de esta tumba,
por arriba y por de abajo de esta tumba,
y los epitafios inútiles,
breves,
¡como si este tremendo chiste
se pudiera condensar en a puros sufrimientos 4 líneas!

Y todos me están mirando a los ojos y se dicen los unos a los otros: “nosotros tenemos un buen día”; mientras que camino mundo abajo,
como un plagiario de mí mismo,
como un hombre que despierta y entrega una nota a su mujer que dice: "¿estás allí?",
y la mujer es sorda.
Y a lo lejos
Cupido aún se posa sobre una nube que por pareidolia pudieras asemejar al mercado,
trota sobre las techumbres de las grandes tiendas estrechando la mano del comercio y,
con los ojos vendados, como símbolo irrefutable de la irracionalidad,
reparte los flechazos a la manera de los filmes pornográficos modernos,
y cuando menos te lo esperas,
te atraviesa el corazón por debajo de la falda.

Usted tiene un buen día,
un magnífico día,
un excelente día...

.
 
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Buendía



Usted tiene un buen día,
pero yo no tuve que defender ninguna tesis
en ninguna sala abarrotada de gente.
=
0 aplausos.
Tampoco tuve que ser ingeniero,
ni llegar mangas y camisa a ningún trabajo
en ninguna exitosa empresa de telecomunicaciones de Santiasco de Chile.
Odié lustrar mis zapatos, pero el tiempo pasa.
Por cierto, amo las corbatas que cuelgan de mi muro.

Así que usted tiene un buen día,
pero yo no tuve que ir a buscar ningunos niños a ningunas escuelas,
ni llegado a casa
tuve que conformarme con el tamaño de unos senos
habiendo visto servido un plato de comida.

Así que usted tiene un muy buen día,
pero a mí también me pasó lo mismo,
me pasó lo mismo y no hay mejor lugar que mi encierro.
No entiendo esa manía de tocar tanto los timbres,
de estremecer las puertas,
de hacer sonar hasta el hartazgo los teléfonos o estrenar el semen madurado en las reuniones sociales, y decir qué bello aquello de la vida.
A mí me gustan las tumbas por las tardes,
yo al frente de las tumbas
yo adentro de las tumbas y en el rincón de las tumbas
por arriba y por de abajo de las tumbas,
y los epitafios inútiles,
breves,
como si este tremendo chiste se pudiera condensar en a puros sufrimientos 4 líneas.

Usted tiene un muy, un muy buen día;
lo que es yo, me gusta caminar entre nichos, preguntar por la familia al muerto
aunque desde adentro de las tumbas
no salga más que sombra y pura sombra;
fumarme, también, un cigarrillo
calavera vuelta hacia los nichos: observar la evanescencia del humo mientras otros se revuelcan en sus tumbas,
y me gusta, por cierto, caminar mundo abajo y quitarme los sombreros por las noches,
y decir: “¿cuánto falta para llegar?”, porque cada día no es un día más, sino uno menos.
Y adoro ese ruido de los estacionamientos tristes o de las flácidas casas cuando están desmoronando, o la condensación de olvido pendiendo de los techos y la ropa vieja, apolillada.
A mí también me pasó lo mismo,
me pasó lo mismo
y no hay mejor lugar que mi encierro.

Nunca comprendí esas palmadas en la espalda
a que vienes a animarnos,
y nos dices que persistamos como si no supiéramos lo que estamos escribiendo.
¡Abracadabra!
No sabes que lo nuestro es furioso,
estridente, puro como abrazo de ramera y dice miasma,
y dice miasma por todos lados,
porque es cierto que me pierdo en una sombra
en cuyo interior es posible ver golondrinas, + yo soy de rifles,
al menos, cuando era pequeño,
mis padres no me hicieron recitar poesías absurdas delante de ningunos parientes,
tampoco me atracaron dos muchachas,
ni mirando por la ventanilla de un colectivo decadente me fueron arrebatadas las gafas.
¿Quién es el desgraciado,
sobre todo,
considerando,
que anoche llegué tarde y no había niños esperando?
No tomé sopa, no quise comer y es cierto,
no quise ver televisión, ¿qué hora es?,
y desde el interior de una gran jeta estridente, que dirá algunas palabras en representación de mi idiotez tremenda
semejante a una campana azotada por autistas
emergen estas palabras: Yo también dije que sí y que no y comí entre las sombras mascando hasta el infinito ilusiones, y también traté de levantarme cuando hube caído,
y bien que me temblaron las canillas
y bien que te reíste cuando mi patética silueta se movía de forma torpe y funambulesca mientras evitaba los obstáculos.

Así es la cosa.
Ha hecho calor estos días.

Siempre se está muerto, tanto si se vive de engaño, puesto que la verdadera vida está en el desengaño, como si se es consciente y partícipe de esto último, pues, en ambos casos se vive en un cementerio, y esa es la única certeza.

¿Por qué no aprendes a dejar las cosas donde corresponde?
esa manía,
esa manía que tienen las mujeres de referir que algo está donde no está,
de buscar una cosa y de entre los cajones sacar otra diferente.
Y tú,
tú tienes un buen día, María;
en cuanto a mí, me pondré a llorar niños que estén llorando neonatos
que estén llorando ancianos,
que más tarde, a la manera de una montaña de chatarra caigan en sus tumbas;

Y tú,
tú tienes un muy buen día, María;
pero aquí hay un clavel que se marchita adquiriendo connotación de gladiolo,
un ramo pestilente de cabezas,
un óvulo fecundo en el ovario anexo a algún estigma mediante el estilo,
una corola de pétalos entronizando la propia calavera;
sépalo producto de estambre satisfecha con anteras,
captación del polen cósmico o nectario proveedor de espiritrompas,
cáliz atestado de esporas;
polvo,
polvo,
más polvo,
otro poco de polvo,
receptáculo de muertos que persisten como lánguidos tallos.

¿Es posible ver el ramo?
Dicho ramo está siendo aprisionado por una famélica mano en cuyos dedos
es posible hacer la observación de úlceras, fístulas y pústulas;
dedos que cantaran al compás sanguinolento de los signos martillados desde el fondo de esta tumba, desde el frente de esta tumba y desde adentro de esta tumba, desde el rincón de esta tumba,
por arriba y por de abajo de esta tumba,
y los epitafios inútiles,
breves,
¡como si este tremendo chiste
se pudiera condensar en a puros sufrimientos 4 líneas!

Así que todos me están mirando a los ojos y se dicen los unos a los otros: “nosotros tenemos un buen día”; yo, por mi parte, camino mundo abajo,
como un plagiario de mí mismo,
como un hombre que despierta y entrega una nota a su mujer que dice: "¿estás allí?",
pero la mujer es sorda.
Y a lo lejos
Cupido aún se posa sobre una nube que por pareidolia pudieras asemejar al mercado,
trota sobre las techumbres de las grandes tiendas estrechando la mano del comercio y,
con los ojos vendados, como símbolo irrefutable de la irracionalidad,
reparte los flechazos a la manera de los filmes pornográficos modernos: cuando menos te lo esperas
te atraviesa el corazón por debajo de la falda.

Ustedes tienen un muy buen día,

yo no.


Hasta los buenos días a veces parecen malos, he recorrido tu pesar, el que nunca aniquila a la poesía, un gusto pasar, saludos cordiales.
 
Buendía



Usted tiene un buen día,
pero yo no tuve que defender ninguna tesis
en ninguna sala abarrotada de gente.
=
0 aplausos.
Tampoco tuve que ser ingeniero,
ni llegar mangas y camisa a ningún trabajo
en ninguna exitosa empresa de telecomunicaciones de Santiasco de Chile.
Y odié lustrar mis zapatos.

Así que usted tiene un buen día,
pero yo no tuve que ir a buscar ningunos niños a ningunas escuelas,
ni llegado a casa
tuve que conformarme con el tamaño de unos senos
habiendo visto servido un plato de comida,
porque a mí también me pasó lo mismo,
me pasó lo mismo
y no hay mejor lugar que este encierro.
No entiendo esa manía de tocar tanto los timbres,
de estremecer las puertas,
de hacer sonar hasta el hartazgo los teléfonos
o estrenar el semen madurado en las reuniones sociales,
y decir qué bello aquello de la vida.

A mí me gustan las tumbas por las tardes,
yo al frente de las tumbas
yo adentro de las tumbas y en el rincón de las tumbas
por arriba y por de abajo de las tumbas,
y los epitafios inútiles,
breves,
como si este tremendo chiste se pudiera condensar en a puros sufrimientos 4 líneas.

Usted tiene un muy, un muy buen día;
lo que es yo, me gusta caminar entre los nichos,
preguntar por la familia al muerto
aunque desde adentro de las tumbas
no salga más que sombra y pura sombra;
fumarme, también, un cigarrillo
calavera vuelta hacia los nichos: observar la evanescencia del humo
mientras otros se revuelcan en sus tumbas,
y me gustan, por cierto, las caminatas mundo abajo,
quitarme los sombreros por las noches,
y decir: “¿cuánto falta para llegar?”, porque cada día
no es un día más, sino uno menos.
Siempre adoré el ruido de los estacionamientos tristes o de las flácidas casas cuando están desmoronando, la condensación de olvido pendiendo de los techos,
la sombra, las polillas.
A mí también me pasó lo mismo,
me pasó lo mismo
y no hay mejor lugar que este encierro.

Nunca comprendí esas palmadas en la espalda
que vienes a animarnos,
y nos dices que persistamos como si no supiéramos lo que estamos escribiendo.
¡Abracadabra!
No sabes que lo nuestro es furioso,
estridente, puro como abrazo de ramera y dice miasma,
y dice miasma por todos lados,
porque es cierto que me pierdo en una sombra
en cuyo interior es posible ver golondrinas,
+ yo soy de rifles,
al menos, cuando era pequeño,
mis padres no me hicieron recitar poesías absurdas delante de ningunos parientes,
tampoco me atracaron dos muchachas,
ni mirando por la ventanilla de un colectivo me fueron arrebatadas las gafas.
¿Quién es el desgraciado,
sobre todo,
considerando,
que anoche llegué tarde y no había niños esperando?
No tomé sopa, no quise comer y es cierto,
no quise ver televisión, ¿qué hora es?,
y desde el interior de una gran jeta estridente, que dirá algunas palabras en representación de mi idiotez tremenda,
semejante a una campana azotada por autistas
emergen estas palabras: Yo también dije que sí
y que no y comí entre las sombras mascando hasta el infinito ilusiones,
y también traté de levantarme cuando hube caído,
y bien que me temblaron las canillas
y bien que te reíste cuando mi patética silueta se movía de forma torpe y funambulesca mientras evitaba los obstáculos.

Así es la cosa.
Ha hecho calor estos días.

Siempre se está muerto, tanto si se vive de engaño, puesto que la verdadera vida está en el desengaño, como si se es consciente y partícipe de esto último, pues, en ambos casos se vive en un cementerio, y esa es la única certeza.

¿Por qué no aprendes a dejar las cosas donde corresponde?
esa manía,
esa manía que tienen las mujeres de referir que algo está donde no está,
de buscar una cosa y de entre los cajones sacar otra diferente.
Asi que,
usted tiene un buen día;
pero aquí hay un clavel que se marchita adquiriendo connotación de gladiolo,
un ramo pestilente de cabezas,
un óvulo fecundo en el ovario anexo a algún estigma mediante el estilo,
una corola de pétalos entronizando la propia calavera;
sépalo producto de estambre satisfecha con anteras,
captación del polen cósmico o nectario proveedor de espiritrompas,
cáliz atestado de esporas;
polvo,
polvo,
más polvo,
otro poco de polvo,
receptáculo de muertos que persisten como lánguidos tallos.

¿Le es posible ver el ramo?
Dicho ramo está siendo aprisionado por famélica mano
en cuyos dedos
es posible hacer la observación de úlceras, fístulas y pústulas;
dedos que cantaran al compás sanguinolento de estos signos
martillados desde el fondo de esta tumba,
desde el frente de esta tumba y desde adentro de esta tumba,
desde el rincón de esta tumba,
por arriba y por de abajo de esta tumba,
y los epitafios inútiles,
breves,
¡como si este tremendo chiste
se pudiera condensar en a puros sufrimientos 4 líneas!

Y todos me están mirando a los ojos y se dicen los unos a los otros: “nosotros tenemos un buen día”; mientras que camino mundo abajo,
como un plagiario de mí mismo,
como un hombre que despierta y entrega una nota a su mujer que dice: "¿estás allí?",
y la mujer es sorda.
Y a lo lejos
Cupido aún se posa sobre una nube que por pareidolia pudieras asemejar al mercado,
trota sobre las techumbres de las grandes tiendas estrechando la mano del comercio y,
con los ojos vendados, como símbolo irrefutable de la irracionalidad,
reparte los flechazos a la manera de los filmes pornográficos modernos,
y cuando menos te lo esperas,
te atraviesa el corazón por debajo de la falda.

Usted tiene un buen día,
un magnífico día,
un excelente día...

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La retórica de tu poema es de maestros
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