ropittella
Poeta veterana en el Portal
No me cuentes
mi propio silencio dormido en tu pecho,
ése que cuando despiertas le gritas
a un poema.
No relates, ¡qué les importa a los demás!
de ti, de mí, del pedregullo
en las ciudades quietas
que hemos elegido para
bajar las plegarias,
humanizarlas entre las sombras,
llevarlas a la carne de un sexo,
morderlas entre los dientes
cabeza abajo,
en una vertical
directamente proporcional
a las ansias de caminar por el cielo.
Una noche vendrás de visita,
yo te espero,
y nos beberemos juntos
un vino -que no nos ayudará
a olvidar ningún recuerdo-
lo degustaremos
en la boca del otro
y en las nunca cerradas
-ni cicatrices- heridas que
tientan su mismo color tinto,
en un solo triste beso.
Cuando amanezca
te irás de nuevo,
me dejarás tu hueco
y los dos sabremos,
solo nosotros porque:
¿a quién le importa lo del resto?
que el mismo silencio
sigue allí,
dormido en tu pecho.
mi propio silencio dormido en tu pecho,
ése que cuando despiertas le gritas
a un poema.
No relates, ¡qué les importa a los demás!
de ti, de mí, del pedregullo
en las ciudades quietas
que hemos elegido para
bajar las plegarias,
humanizarlas entre las sombras,
llevarlas a la carne de un sexo,
morderlas entre los dientes
cabeza abajo,
en una vertical
directamente proporcional
a las ansias de caminar por el cielo.
Una noche vendrás de visita,
yo te espero,
y nos beberemos juntos
un vino -que no nos ayudará
a olvidar ningún recuerdo-
lo degustaremos
en la boca del otro
y en las nunca cerradas
-ni cicatrices- heridas que
tientan su mismo color tinto,
en un solo triste beso.
Cuando amanezca
te irás de nuevo,
me dejarás tu hueco
y los dos sabremos,
solo nosotros porque:
¿a quién le importa lo del resto?
que el mismo silencio
sigue allí,
dormido en tu pecho.
Última edición: