Brisa del Mediterráneo
Llega la noche con su sequito de estrellas,
una ligera brisa con aroma a mar,
me acompaña por las calles del puerto
mientras tenues luces amarillentas,
iluminan los rincones de este pueblo pesquero.
Casas de blanco pintadas, otras en eterno granito,
calles aun adoquinadas guiando hacia el puerto,
hacen que en este pueblo, todo exhale a nostalgia.
Un pueblo que cautiva, con sabor a mar
y la canción del pescador presidiendo la noche,
la melodía del silencio que acompaña al marinero
cuando se embarca a faenar.
Sentado en la vejez del puerto, sopla un viento marinero,
no existe la noche, tan solo los recuerdos oscurecen mis ojos
al mirar mar adentro, ese mar lleno de misterios
que parece dormido y sin embargo, está despierto.
Sintiéndome de estos goces preso,
no ceso en respirar profundamente
para embriagarme del perfume que vuela
sobre el puerto.
Entre tanto, la Luna vestida de blanco,
se empareja con el faro que imponente se levanta
sobre la roca azotada por olas y vientos.
Mientras el pueblo duerme y sus calles descansan
y los pescadores sus redes preparan,
subiré a la ladera de la montaña
y aguardaré a las primeras luces del alba.
Es aquí, un poco mas arriba,
donde la brisa de este pueblo del Mediterráneo,
huele tanto a sales perfumadas,
que hasta mi alma tiene embriagada
y en donde después de larga espera,
veré el despertar del inmenso mar y
su color… azul lisonjera.
Luis Prieto Espinosa
Derechos reservados
24/11/2014