P
Paloma Martin
Invitado
¡Ay estrellas!
Yo que no sé de astronomía,
sólo he de apreciarlas
con el alma mía,
que inquieta se evade
hasta allá arriba.
Vuela en las partículas
que exhalo en mis suspiros.
Viaja en una gota de saliva,
se enreda en un vellón
de nubes
y allí se queda
el alma mía,
prendida
de los hilos grises
que ovilla
un nubarrón.
Cuando termina el día
caigo rendida,
y junto a una estrella,
tendida sobre la seda azul
que despliega Dios,
sueño
que es posible un mundo mejor.
Yo que no sé de astronomía,
sólo he de apreciarlas
con el alma mía,
que inquieta se evade
hasta allá arriba.
Vuela en las partículas
que exhalo en mis suspiros.
Viaja en una gota de saliva,
se enreda en un vellón
de nubes
y allí se queda
el alma mía,
prendida
de los hilos grises
que ovilla
un nubarrón.
Cuando termina el día
caigo rendida,
y junto a una estrella,
tendida sobre la seda azul
que despliega Dios,
sueño
que es posible un mundo mejor.
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