El desafío (Octavillas italianas)

La verdad José María de haber leído estas octavillas antes, cuanto tiempo me hubiera ahorrado buscándolas para experimentar su estructura. Pero bueno ahora me siento acompañado en este estilo, definitivamente los agudos que llevan le dan una fluidez al leerlo que te engancha de verso a verso. La historia trágica, lúgubre denotando una realidad que sucede cuando nos vamos cual borregos y se ve desafiada nuestra vida misma en el vaivén de absurdos castigos.
Un fuerte abrazo amigo y gracias por darme este enlace y disfrutar la lectura.


Muchas gracias, estimado Luis, me alegro que te gustara.
Saludos, poeta.
 

Acurrucado en el suelo
presa del miedo y el frío,
en algún rincón sombrío
del tenebroso lugar,
tiembla y solloza el muchacho,
y ruega que llegue el día
y acabe al fin su agonía
en ese absurdo ritual.

En su cabeza retumban
aquellas duras palabras
que, entre sonrisas macabras,
vocearon con maldad:
"¡Cagón¡, ¡miedoso!, ¡cobarde!";
y fue bisoño borrego
que fácil entró en el juego
por su valor demostrar.

Borrego sí, y por ende,
y en injusto vituperio
desde el pueblo al cementerio,
arreado sin piedad.
Y sin piedad lo encerraron
en la lóbrega capilla
sin alforja ni cerilla
ni garrote ni gabán.

Afuera en el camposanto
reina el silencio y la calma,
y no hay hombre, bestia o alma
que se atreva a respirar;
sólo quebranta el sosiego
el muchacho en su gemido
y el inquietante sonido
de sus dientes rechinar.

Tiene el cuerpo entumecido,
se halla débil, soñoliento,
y en su búsqueda de aliento
sólo encuentra soledad.
Y entra en la turbia vigilia
donde las mentes se hunden
y los sentidos confunden
el sueño y la realidad.

Oye voces de ultratumba
y ve sombras fantasmales:
duendes, brujas y animales
en horrenda bacanal.
Y corre y busca la puerta,
y en su miedo y su congojo
no acierta con el cerrojo
que traba su libertad.

Aporrea los maderos,
grita, llora, se estremece,
y al ver el sol que amanece
por encima del umbral
su miedo se hace locura,
saca fuerzas de flaqueza
y cual astada cabeza
embiste el duro quicial.

¡Oh Dios, qué se obró el milagro!
y por fin contempla el día,
mas pírrica es su alegría
cuando acierta a vislumbrar
la caterva de zagales
que le lanza carcajadas
cual mortales andanadas,
hundiendo su dignidad.


Intensidad y ritmo en estos versos que relatan una historia que atrapa real lector.
Te felicito
Un gusto encontrarte
Escribes muy bien






 

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