Vlach
Poeta recién llegado
Me odio a mí mismo; odio odiarme con tanta razón. Aún contemplo con recelo mi imagen reflejada en el espejo. ¿Quién soy? –Me pregunto, como si me pudiera responder yo mismo. –Nadie. –Me respondo, mientras me quejo de lo poco que la vida me sonríe. Espero su mensaje, pero solo el vacío asoma, con la penumbra que conlleva saber que no piensa en mí. Un mensaje, algo, alguien, pero nadie se atreve a llamar a mi puerta, como si desde fuera no se escucharan mis gritos de auxilio.
Miro lo que quiero y no he conseguido, el camino tan largo que me queda por recorrer aún sabiendo que no tengo posibilidades. –Quiero... no, ya no quiero deprimirme. –Me digo mientras no hago nada para cambiarlo, acostumbrado al fracaso, la soledad y el olvido. Así como esta prosa, perdida entre un mar de letras, queriendo llamar la atención y extinguiéndose por el peso que implica no ser nadie.
Miro lo que quiero y no he conseguido, el camino tan largo que me queda por recorrer aún sabiendo que no tengo posibilidades. –Quiero... no, ya no quiero deprimirme. –Me digo mientras no hago nada para cambiarlo, acostumbrado al fracaso, la soledad y el olvido. Así como esta prosa, perdida entre un mar de letras, queriendo llamar la atención y extinguiéndose por el peso que implica no ser nadie.