Alfredo Grajales Sosa
Poeta que considera el portal su segunda casa
Es extraño este sentir
que a mi corazón oprime,
¿si el amar es tan sublime
por qué nos hace sufrir?
¿por qué no poder vivir
en completa comprensión?
si nos une la ilusión
de hacer una vida al par,
llegar juntos al altar
en completa comunión.
Bastante desconcertante
el dolor que nos aqueja,
si tu gran amor se aleja
todo cambia en un instante.
Te quedas agonizante
con la mirada perdida
observando la partida
de ese ser que tanto amaste,
tu gran amor le llamaste
era un trozo de tu vida.
En tus manos puse el alma
también puse el corazón,
a un costado la razón
y pegadito la calma.
Perfecto en conjunto empalma
la tristeza y el dolor,
de la amargura el sabor
completo en mi paladar
anidando quiere estar
el malvado malhechor.
Me abandoné plenamente
en tus brazos sin medida,
juré ser toda la vida
tuyo en alma, cuerpo y mente.
Olvidé ser más prudente
al momento de adorarte,
aunque trato de olvidarte
imposible me resulta
pero tuya no es la culpa,
es mía al enamorarte.
Cada ocasión que respiro
mi pobre alma se consume
porque inhalo tu perfume
envuelto con un suspiro.
Cierro mis ojos y miro
al derredor tu silueta
siempre sutil, tan coqueta
que enajena mis sentidos
los mantiene adormecidos,
a mi ser completo aquieta.
Le resulta incomprensible
de tal modo a mi entender
porque amar a esa mujer
que es para mí irresistible.
Tiene que ser inflexible
a mis plegarias y ruegos
pues me envuelve con sus juegos
y a mi mente vuelve loca,
con sólo rozar su boca
y esos ojos andariegos.
que a mi corazón oprime,
¿si el amar es tan sublime
por qué nos hace sufrir?
¿por qué no poder vivir
en completa comprensión?
si nos une la ilusión
de hacer una vida al par,
llegar juntos al altar
en completa comunión.
Bastante desconcertante
el dolor que nos aqueja,
si tu gran amor se aleja
todo cambia en un instante.
Te quedas agonizante
con la mirada perdida
observando la partida
de ese ser que tanto amaste,
tu gran amor le llamaste
era un trozo de tu vida.
En tus manos puse el alma
también puse el corazón,
a un costado la razón
y pegadito la calma.
Perfecto en conjunto empalma
la tristeza y el dolor,
de la amargura el sabor
completo en mi paladar
anidando quiere estar
el malvado malhechor.
Me abandoné plenamente
en tus brazos sin medida,
juré ser toda la vida
tuyo en alma, cuerpo y mente.
Olvidé ser más prudente
al momento de adorarte,
aunque trato de olvidarte
imposible me resulta
pero tuya no es la culpa,
es mía al enamorarte.
Cada ocasión que respiro
mi pobre alma se consume
porque inhalo tu perfume
envuelto con un suspiro.
Cierro mis ojos y miro
al derredor tu silueta
siempre sutil, tan coqueta
que enajena mis sentidos
los mantiene adormecidos,
a mi ser completo aquieta.
Le resulta incomprensible
de tal modo a mi entender
porque amar a esa mujer
que es para mí irresistible.
Tiene que ser inflexible
a mis plegarias y ruegos
pues me envuelve con sus juegos
y a mi mente vuelve loca,
con sólo rozar su boca
y esos ojos andariegos.
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