elena morado
Poeta que considera el portal su segunda casa
ni una braga
ni una puta braga
ni una triste braga me han traído los reyes
nada
ni un perfume de los que marean
ni un puto pañuelo
nada de nada
que yo no pretendía que me trajeran una de esas
de puntillitas que hacen juego con el sujetador
de esas monísimas que salen
en los desfiles de moda
me conformaba con una de esas blancas, de la que se ponía mi abuela
que vienen de puta madre para el invierno
altas altas
bien altas de algodón
esas que llegan hasta las tetas,
pero nada
no han traído nada
¡es bien triste!
todo un año de ilusión:
te levantas como una loca y vas al salón a ver que encuentras
y buscas
buscas
rebuscas
sigues buscando
y rebuscando
pero nada
más o menos como las chicas de 15 años
buscan el amor.
hay una Nancy y ropita pa’ la nancy,
-supongo que serán para la niña vacunada ésta que vive conmigo-
yo busco desesperada el pedrusco ése que brilla que te cagas
lo que iban a alucinar mañana
mis compañeras de café
cuando cogiera la taza con mi espléndida mano,
adornada con ese puto pedrusco
las gafas de sol se tendrían que poner,
para no quedar ciegas ante el resplandor
-no amigos frikis y cinéfilos, no el de Jack Nicholson -
que esa puta piedra brilla que te cagas,
para poderlo enseñar mañana en el trabajo a mis compañeras
mientras agarro la taza de café como seguramente la agarraba
la Elizabeth Taylor luego de cada uno de sus ocho matrimonios
y el pedrusco brilla y brilla
pero no hay nada de nada.
nazin de nazin
res de res,
¡niente!
¡qué tristeza!
Llevo todo el día buscando, ¡joder, que he sido muy buena!
y yo tenía esa ilusión,
coño que acabé de planchar ahora
y de hacer limpieza general en la cocina con amoníaco
y lejía a partes iguales, como hacia mi madre
-que nos ingresaban cuatro días por intoxicación una vez al mes-
y nunca vinieron los servicios sociales
y como deberían hacer en las cuentas de podemos
-esto lo digo solo porque le va a gustar a un nicaragüense que conozco,
que le tiene una inquina al pobre hombre-
¡bien me lo merecía!
pero nada
¡niente!
Pues les digo una cosa, putos reyes:
vengo defendiéndolos desde que nací ante el barbas ese
-cosa nada fácil en esta mierda de vida contemporánea-
como sigáis así, el año que viene le pido al santa ése unas botas de militar,
y os prometo que en cuanto os vea
las estrenaré cariñosamente
justo con una patada en los cojones.
Antonia Mauro del Blanco
ni una puta braga
ni una triste braga me han traído los reyes
nada
ni un perfume de los que marean
ni un puto pañuelo
nada de nada
que yo no pretendía que me trajeran una de esas
de puntillitas que hacen juego con el sujetador
de esas monísimas que salen
en los desfiles de moda
me conformaba con una de esas blancas, de la que se ponía mi abuela
que vienen de puta madre para el invierno
altas altas
bien altas de algodón
esas que llegan hasta las tetas,
pero nada
no han traído nada
¡es bien triste!
todo un año de ilusión:
te levantas como una loca y vas al salón a ver que encuentras
y buscas
buscas
rebuscas
sigues buscando
y rebuscando
pero nada
más o menos como las chicas de 15 años
buscan el amor.
hay una Nancy y ropita pa’ la nancy,
-supongo que serán para la niña vacunada ésta que vive conmigo-
yo busco desesperada el pedrusco ése que brilla que te cagas
lo que iban a alucinar mañana
mis compañeras de café
cuando cogiera la taza con mi espléndida mano,
adornada con ese puto pedrusco
las gafas de sol se tendrían que poner,
para no quedar ciegas ante el resplandor
-no amigos frikis y cinéfilos, no el de Jack Nicholson -
que esa puta piedra brilla que te cagas,
para poderlo enseñar mañana en el trabajo a mis compañeras
mientras agarro la taza de café como seguramente la agarraba
la Elizabeth Taylor luego de cada uno de sus ocho matrimonios
y el pedrusco brilla y brilla
pero no hay nada de nada.
nazin de nazin
res de res,
¡niente!
¡qué tristeza!
Llevo todo el día buscando, ¡joder, que he sido muy buena!
y yo tenía esa ilusión,
coño que acabé de planchar ahora
y de hacer limpieza general en la cocina con amoníaco
y lejía a partes iguales, como hacia mi madre
-que nos ingresaban cuatro días por intoxicación una vez al mes-
y nunca vinieron los servicios sociales
y como deberían hacer en las cuentas de podemos
-esto lo digo solo porque le va a gustar a un nicaragüense que conozco,
que le tiene una inquina al pobre hombre-
¡bien me lo merecía!
pero nada
¡niente!
Pues les digo una cosa, putos reyes:
vengo defendiéndolos desde que nací ante el barbas ese
-cosa nada fácil en esta mierda de vida contemporánea-
como sigáis así, el año que viene le pido al santa ése unas botas de militar,
y os prometo que en cuanto os vea
las estrenaré cariñosamente
justo con una patada en los cojones.
Antonia Mauro del Blanco
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