Gloria Maria Granero
Poeta adicto al portal
Es el verso un don.
Mis palabras son espirales de sueños arraigadas a sus curvas interminables
y mis vocablos raíces de esperanza que intentan impregnarse de su aroma.
Es un ser extraño.
Me atrapa.
Coagulando todos mis sentidos, sumergiéndose en mis entrañas sin permiso.
Y entonces se alimenta de mi.
De mis ansias de libertad y de mis quejidos.
Me hace a la vez que inmortal, esclavo.
Es un ente sumiso que se postra ante mis pies y me suplica lo describa.
Me suplica le refleje el sentimiento más puro en cada letra.
Me suplica amor y es que amor es lo rebosa.
Me ama y me acaricia con cada garabato que difumino en su esqueleto.
Le debo, más que al aire que respiro, seguir en pie en esta caverna.
Es aliento cuando nada más que el fango me sumerge.
Es el verso, y con versos lo describo.
Mis palabras son espirales de sueños arraigadas a sus curvas interminables
y mis vocablos raíces de esperanza que intentan impregnarse de su aroma.
Es un ser extraño.
Me atrapa.
Coagulando todos mis sentidos, sumergiéndose en mis entrañas sin permiso.
Y entonces se alimenta de mi.
De mis ansias de libertad y de mis quejidos.
Me hace a la vez que inmortal, esclavo.
Es un ente sumiso que se postra ante mis pies y me suplica lo describa.
Me suplica le refleje el sentimiento más puro en cada letra.
Me suplica amor y es que amor es lo rebosa.
Me ama y me acaricia con cada garabato que difumino en su esqueleto.
Le debo, más que al aire que respiro, seguir en pie en esta caverna.
Es aliento cuando nada más que el fango me sumerge.
Es el verso, y con versos lo describo.
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