Así es en la naturaleza desde tiempos infinitos. Así nacen y mueren las estrellas, así las flores de la Tierra. Por igual creo que será con las almas que en el amor nacen, mueren y renacen. Pero hay algo que nos diferencia del resto de la creación, que todo se multiplica según su género y en nada posee lo que le rodea. Nosotros en diferencia somos acaparadores de todo lo que nos gusta y eso nos hace vulnerables en cuanto lo perdemos. El apego nos encarcela y así el amor solo es y deja de ser algo personal en nosotros. Más el amor es energía eterna y no le podemos retener caprichosamente. Disfrutar de las energías que nos acompañan es y debería ser algo transcendental. La ley del universo es igual para todo su conjunto y no pertenece a algún rincón en especial. Por ello nuestro corazón debe aprender a amar la energía y no la forma.
Sí alma soñadora, como tú me imagino en un fundente abrazo de esencias que en el amor se iluminan al mismo roce, como un cálido beso entre dos soles con solo confrontar sus energías inmutables.
¡Muerte y vida! Quizás no más que conocimiento o ignorancia...
Te confieso, que yo tengo esa sensación y deseo de abrazar a todo cuanto me rodea. El único problema es que se entienda en el corazón humano, pues los animales y plantas demuestran a diario que no saben de ofensas y sí de cálidas miradas...
Me alegra sentir el calor de tus versos y el perfume de tu voz me conforta el alma.
Recibe mi abrazo directo al corazón ANA. ¡Alegre paz!
Vidal