danie
solo un pensamiento...
Tienes tanto tiempo que se te escapa de los bolsillos
que no sabes qué carajo hacer con él.
Entonces, vas hasta la ventana
y observas a las palomas caminando sobre los cables de luz.
¡Putas palomas que ni siquiera les dan un poco de emoción a tus ojos
al quedarse electrificadas!
Por lo menos eso te daría algo que valdría la pena escribir.
Te das media vuelta y prendes la TV.
Empiezas a ser zapping
hasta darte cuenta que ves siempre la misma mierda.
Nada nuevo, nada realmente inspirador que rompa con tu jodida rutina
y que haga trabajar a tu flojera artística.
De vez en cuando te enganchas con alguna porno de algún canal codificado,
pero muy de vez en cuando,
y sabes que eso es lo más que te puedes acercar a la putita inspiración.
Cuando ocurren esas veces
escribes como el mejor semental de toda la literatura mundial,
pero como ya dije antes: esto es muy de vez en cuando.
Tienes bien claro que la masturbación te quita estrés,
y no hay nada mejor que estar destensado para enfrentarse al papel,
pero hay masturbaciones y masturbaciones,
y no todas relajan por igual,
ya que no es lo mismo la paja producto de la imaginación
que la paja que te da la TV codificada,
la cual muchas veces te la cortan por no saldar la cuenta.
No eres de los tipos que no saben apreciar un verdadero coño de carne y hueso,
pero, desde hace un par de años, no tienes un sope
para que te atiendan las putas caras de Bunny Ranch.
Aceptas que no te queda otra que ir hasta la cocina,
la misma cocina que no limpias desde hace un año,
pero ni te molestas en lavar un plato
o en matar un par de cucarachas que se escapan del fregadero,
sólo te fijas en tomar la cafetera, prender un cigarrillo,
echar un vistazo al refrigerador para saber cuántas cervezas hay,
y sentarte a escribir la mierda de tus poemas.
Así, mientras intentas escribir un puto verso en la hoja en blanco,
una parte de tu cerebro se concentra en no ser tan mediocre como siempre
y la otra parte piensa en qué hacer con todo ese tiempo.
Sabes bien que si no hubieses derrochado tantas horas
en escribir tus mariconadas, hoy hubieses llegado a ser algo,
no serías solamente un poeta fracasado, uno de esos tantos desconocidos
que conocen muy bien el concepto de la pérdida de tiempo.
que no sabes qué carajo hacer con él.
Entonces, vas hasta la ventana
y observas a las palomas caminando sobre los cables de luz.
¡Putas palomas que ni siquiera les dan un poco de emoción a tus ojos
al quedarse electrificadas!
Por lo menos eso te daría algo que valdría la pena escribir.
Te das media vuelta y prendes la TV.
Empiezas a ser zapping
hasta darte cuenta que ves siempre la misma mierda.
Nada nuevo, nada realmente inspirador que rompa con tu jodida rutina
y que haga trabajar a tu flojera artística.
De vez en cuando te enganchas con alguna porno de algún canal codificado,
pero muy de vez en cuando,
y sabes que eso es lo más que te puedes acercar a la putita inspiración.
Cuando ocurren esas veces
escribes como el mejor semental de toda la literatura mundial,
pero como ya dije antes: esto es muy de vez en cuando.
Tienes bien claro que la masturbación te quita estrés,
y no hay nada mejor que estar destensado para enfrentarse al papel,
pero hay masturbaciones y masturbaciones,
y no todas relajan por igual,
ya que no es lo mismo la paja producto de la imaginación
que la paja que te da la TV codificada,
la cual muchas veces te la cortan por no saldar la cuenta.
No eres de los tipos que no saben apreciar un verdadero coño de carne y hueso,
pero, desde hace un par de años, no tienes un sope
para que te atiendan las putas caras de Bunny Ranch.
Aceptas que no te queda otra que ir hasta la cocina,
la misma cocina que no limpias desde hace un año,
pero ni te molestas en lavar un plato
o en matar un par de cucarachas que se escapan del fregadero,
sólo te fijas en tomar la cafetera, prender un cigarrillo,
echar un vistazo al refrigerador para saber cuántas cervezas hay,
y sentarte a escribir la mierda de tus poemas.
Así, mientras intentas escribir un puto verso en la hoja en blanco,
una parte de tu cerebro se concentra en no ser tan mediocre como siempre
y la otra parte piensa en qué hacer con todo ese tiempo.
Sabes bien que si no hubieses derrochado tantas horas
en escribir tus mariconadas, hoy hubieses llegado a ser algo,
no serías solamente un poeta fracasado, uno de esos tantos desconocidos
que conocen muy bien el concepto de la pérdida de tiempo.
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