Orfelunio
Poeta veterano en el portal
Matriarcado
Lo único especial del elemento, en un leve espolvoreo, hace al número flotante en la milagrosa nébula compleja. La ecuación del par, cuyos términos fomentan el breve paso, es inicio sin frontera que acentúa el producto conquistado por el tiempo. Los rasgos de nuestra existencia se distinguen por el erguido caminar del protoplasma afortunado. Los antepasados circunstanciales devoraron prematuramente el objetivo vital, que hereda la entrega de la absoluta realidad. El beneficio del corte reitera la masa mal tratada, e ilustra el rigor transversal, que condiciona la diferencia de una dimensión académica. Frente a la pregunta se abrió un interior macizo, de interesante sospecha y extraordinariamente aburrido. Mucho después, la oposición convencida, cambió la incómoda creencia que sostenía la luna y las estrellas. Se asombraron los hombres por el logro, y el prodigio fue el reflejo elemental de su rostro sobre el agua. El singular vacío, clásico y anticuado, se moderniza psicológico alrededor de la nada. Un espacio celestial inconcebible, acaba con el matriarcado y establece al macho como padre y dios de la costumbre. La posibilidad de un bocadillo, que deja a la mujer como mezcla necesaria, atrapa en el pan nuestro de cada día a la verdadera esencia terrenal: Nuestra madre.
Lo único especial del elemento, en un leve espolvoreo, hace al número flotante en la milagrosa nébula compleja. La ecuación del par, cuyos términos fomentan el breve paso, es inicio sin frontera que acentúa el producto conquistado por el tiempo. Los rasgos de nuestra existencia se distinguen por el erguido caminar del protoplasma afortunado. Los antepasados circunstanciales devoraron prematuramente el objetivo vital, que hereda la entrega de la absoluta realidad. El beneficio del corte reitera la masa mal tratada, e ilustra el rigor transversal, que condiciona la diferencia de una dimensión académica. Frente a la pregunta se abrió un interior macizo, de interesante sospecha y extraordinariamente aburrido. Mucho después, la oposición convencida, cambió la incómoda creencia que sostenía la luna y las estrellas. Se asombraron los hombres por el logro, y el prodigio fue el reflejo elemental de su rostro sobre el agua. El singular vacío, clásico y anticuado, se moderniza psicológico alrededor de la nada. Un espacio celestial inconcebible, acaba con el matriarcado y establece al macho como padre y dios de la costumbre. La posibilidad de un bocadillo, que deja a la mujer como mezcla necesaria, atrapa en el pan nuestro de cada día a la verdadera esencia terrenal: Nuestra madre.