Paolo Luna
Poeta adicto al portal
Amarillo pálido color de luna,
y en las altas horas sombras perezosas,
vigilando el sueño de la verde cuna,
donde duermen lirios, claveles y rosas.
En el blanco patio que la luna cuida,
los colores vivos cambian sus matices.
Un color muy triste da la flor dormida,
verdes los jazmines y las rosas grises.
Las estrellas brillan cortejando al cielo,
más acá la luna brillará en su casa.
Una nube tiende un desafiante velo,
que se desvanece, cuando el viento pasa.
En la negra noche, los sonidos callan,
en aquella calma una apacible brisa,
dejará que aromas de las flores vayan,
a llevar al alma una sutil sonrisa.
Al estar mirando negro y gris las hojas,
y cuan prontas pasan las horas nocturnas,
dominarme el sueño ven las rosas rojas,
a mis ojos cierran luces taciturnas.
Rescatando fuerzas de mi cuerpo endeble,
me levanto y digo, con mi voz dormida,
“Que descansen”, luego cual si fuera un mueble,
caeré en mi cama y amaré la vida.
y en las altas horas sombras perezosas,
vigilando el sueño de la verde cuna,
donde duermen lirios, claveles y rosas.
En el blanco patio que la luna cuida,
los colores vivos cambian sus matices.
Un color muy triste da la flor dormida,
verdes los jazmines y las rosas grises.
Las estrellas brillan cortejando al cielo,
más acá la luna brillará en su casa.
Una nube tiende un desafiante velo,
que se desvanece, cuando el viento pasa.
En la negra noche, los sonidos callan,
en aquella calma una apacible brisa,
dejará que aromas de las flores vayan,
a llevar al alma una sutil sonrisa.
Al estar mirando negro y gris las hojas,
y cuan prontas pasan las horas nocturnas,
dominarme el sueño ven las rosas rojas,
a mis ojos cierran luces taciturnas.
Rescatando fuerzas de mi cuerpo endeble,
me levanto y digo, con mi voz dormida,
“Que descansen”, luego cual si fuera un mueble,
caeré en mi cama y amaré la vida.
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