Lôren
Poeta fiel al portal
Hoy es un día especial: es el día en el que salgo oficialmente y sin remilgos del armario como mujer-lobo. No es que ello suprima el sufrimiento que tan extraña condición me procura y me ha procurado a lo largo de los años, pero sí siento algo así como un vago alivio en mi fuero interno. El alivio que todo humano, en este caso medio humana medio lobezna, siente cuando descubre su naturaleza esencial.
Durante largo tiempo me interrogué acerca de mí misma y esta misteriosa naturaleza, tan diferente a la que veía a mi alrededor. ¿ De dónde procedía esa especie de bestia que parecía devorarme las entrañas en la oscuridad y me procuraba al mismo tiempo una fuerza extraordinaria? ¿Esa parte animal que rugía dentro de mí en una especie de posesión afrodisíaca y brutal? Y la cuestión más peliaguda: ¿ cómo acallar esa bestia, cómo controlarla para poder sumergirme sin problemas en esta llamada civilización ? A menudo me he estado escondiendo cuando la parte lobezna asomaba, por miedo a asustar a mis congéneres y ser rechazada como humana normal. Porque la loba no conoce lacivilización, solo el instinto y las reacciones más tribales. El aire lobezno es un aire extraño a los ojos de un humano, demasiado extraño para que alguien en su sano juicio quiera acercarse más de lo necesario. A menudo produce miedo a su alrededor. La loba es inmensamente solitaria y se debate continuamente con la otra parte, la humana, en una batalla sumamente cruel y despiadada, no existiendo droga o substancia que pueda calmarla. Ella está acechando siempre...en silencio.
Así pues, salir al mundo siendo mujer-lobo no es tarea fácil. Si bien la parte humana que me habita puede, sin problema alguno, mostrarse sociable, esto no es así ni puede ser por mucho tiempo, pues enseguida la parte lobezna reclama atención y es entonces cuando me recluyo para calmar a esta bestia, o simplemente dejarla pasear. El ermitañismo es y ha sido, pues, mi forma de vida irremediablemente. La soledad mi compañera de destino. Pero no una soledad plomiza y terrible, no ésa de la que todo humano huye depavorido. No. Es una soledad terapeutica, necesaria para que todo lobo solitario pueda manifestarse a sus anchas. Es una soledad, pues, que se encuentra muy cerca de la libertad. Es una soledad donde uno puede simplemente ser , puesto que por esta extraña condición, no podría ser acompañado ( el riesgo de alejar algún valiente curioso es bastante palpable), a no ser de estar acompañado por otro Hombre o Mujer Lobo, -estadísticamente bastante improbable pero no imposible - cuyo equilibrio en la relación es sumamente difícil dado que ambos alternan, sucesivamente, entre humano y lobo y la coincidencia de las dos bestias podría ser fatal, a menos de dominarlas con mucha maestría, lo cual pocas personas pertenecientes a esta singular especie han conseguido hasta el día de hoy.
Durante muchos años y por más que lo he intentado, no he logrado concordar con las formas ni rimar con las maneras de esta sociedad. Mis adverbios se resbalan, mis comas se marchitan, mi vida misma se escapa en el humo de un signo de interrogación.Los hábitos humanos me repelen, y si bien mi parte humana puede acomodarse a la perfección, lo hace como un lobo disfrazado de humano. Como alguien que observa desde fuera con inmensa nostalgia lo que es ser una persona normal y corriente: alguien con un hogar fijo, un cierto orden en su vida, una vida sociable normal, unos hábitos bien vistos. ¡ Qué envidia sana he podido sentir al ver este desfile de mediocridad aburguesada ante mis ojos! ¡ Ese elegante conformismo, esa simpleza extraordinaria! ¡ Esa sociabilidad impoluta! ¡ Ese vivir tan correcto y acorde con las maneras de este tiempo! ¡ esos horarios de trabajo tan bien cumplidos! ¡ esa falta de desvelos, de tormentos, de rugidos taciturnos! ¡ cuánto hubiera yo querido pertenecer a esa especie! Pero no es así. Soy Mujer Lobo, sí: hoy lo sé. Y mi parte lobezna tiene hambre, necesita saciarse en la soledad. Es tan insaciable su búsqueda que no puede sino dar su vida humana por ella. Sus aullidos son imparables, necesita vagar olfateando sin rumbo fijo, fusionándose con la Naturaleza. Necesita devorar libros, embriagarse de versos, hacer el amor, rugir hasta sacar las tripas mismas. Necesita pasear, solitaria, acechando pensamientos e ideas. Salir en la noche hipnotizada por la luna. Adentrarse en las entrañas del bosque en secreto. Aullar.
La llevaré a cuestas como una cruz aceptada, esta curiosa condición. Y guardo la esperanza de que quizás, un día cualquiera, pueda surgir una tregua entre mi parte lobezna y mi parte humana. Puede incluso que un día lejano -quién sabe, mañana mismo- nos hagamos amigas.
Durante largo tiempo me interrogué acerca de mí misma y esta misteriosa naturaleza, tan diferente a la que veía a mi alrededor. ¿ De dónde procedía esa especie de bestia que parecía devorarme las entrañas en la oscuridad y me procuraba al mismo tiempo una fuerza extraordinaria? ¿Esa parte animal que rugía dentro de mí en una especie de posesión afrodisíaca y brutal? Y la cuestión más peliaguda: ¿ cómo acallar esa bestia, cómo controlarla para poder sumergirme sin problemas en esta llamada civilización ? A menudo me he estado escondiendo cuando la parte lobezna asomaba, por miedo a asustar a mis congéneres y ser rechazada como humana normal. Porque la loba no conoce lacivilización, solo el instinto y las reacciones más tribales. El aire lobezno es un aire extraño a los ojos de un humano, demasiado extraño para que alguien en su sano juicio quiera acercarse más de lo necesario. A menudo produce miedo a su alrededor. La loba es inmensamente solitaria y se debate continuamente con la otra parte, la humana, en una batalla sumamente cruel y despiadada, no existiendo droga o substancia que pueda calmarla. Ella está acechando siempre...en silencio.
Así pues, salir al mundo siendo mujer-lobo no es tarea fácil. Si bien la parte humana que me habita puede, sin problema alguno, mostrarse sociable, esto no es así ni puede ser por mucho tiempo, pues enseguida la parte lobezna reclama atención y es entonces cuando me recluyo para calmar a esta bestia, o simplemente dejarla pasear. El ermitañismo es y ha sido, pues, mi forma de vida irremediablemente. La soledad mi compañera de destino. Pero no una soledad plomiza y terrible, no ésa de la que todo humano huye depavorido. No. Es una soledad terapeutica, necesaria para que todo lobo solitario pueda manifestarse a sus anchas. Es una soledad, pues, que se encuentra muy cerca de la libertad. Es una soledad donde uno puede simplemente ser , puesto que por esta extraña condición, no podría ser acompañado ( el riesgo de alejar algún valiente curioso es bastante palpable), a no ser de estar acompañado por otro Hombre o Mujer Lobo, -estadísticamente bastante improbable pero no imposible - cuyo equilibrio en la relación es sumamente difícil dado que ambos alternan, sucesivamente, entre humano y lobo y la coincidencia de las dos bestias podría ser fatal, a menos de dominarlas con mucha maestría, lo cual pocas personas pertenecientes a esta singular especie han conseguido hasta el día de hoy.
Durante muchos años y por más que lo he intentado, no he logrado concordar con las formas ni rimar con las maneras de esta sociedad. Mis adverbios se resbalan, mis comas se marchitan, mi vida misma se escapa en el humo de un signo de interrogación.Los hábitos humanos me repelen, y si bien mi parte humana puede acomodarse a la perfección, lo hace como un lobo disfrazado de humano. Como alguien que observa desde fuera con inmensa nostalgia lo que es ser una persona normal y corriente: alguien con un hogar fijo, un cierto orden en su vida, una vida sociable normal, unos hábitos bien vistos. ¡ Qué envidia sana he podido sentir al ver este desfile de mediocridad aburguesada ante mis ojos! ¡ Ese elegante conformismo, esa simpleza extraordinaria! ¡ Esa sociabilidad impoluta! ¡ Ese vivir tan correcto y acorde con las maneras de este tiempo! ¡ esos horarios de trabajo tan bien cumplidos! ¡ esa falta de desvelos, de tormentos, de rugidos taciturnos! ¡ cuánto hubiera yo querido pertenecer a esa especie! Pero no es así. Soy Mujer Lobo, sí: hoy lo sé. Y mi parte lobezna tiene hambre, necesita saciarse en la soledad. Es tan insaciable su búsqueda que no puede sino dar su vida humana por ella. Sus aullidos son imparables, necesita vagar olfateando sin rumbo fijo, fusionándose con la Naturaleza. Necesita devorar libros, embriagarse de versos, hacer el amor, rugir hasta sacar las tripas mismas. Necesita pasear, solitaria, acechando pensamientos e ideas. Salir en la noche hipnotizada por la luna. Adentrarse en las entrañas del bosque en secreto. Aullar.
La llevaré a cuestas como una cruz aceptada, esta curiosa condición. Y guardo la esperanza de que quizás, un día cualquiera, pueda surgir una tregua entre mi parte lobezna y mi parte humana. Puede incluso que un día lejano -quién sabe, mañana mismo- nos hagamos amigas.
Última edición: