Que es sino, abordar el espacio ingenito del otro,
de una calle o una charla.
Suelo yo imaginarme con el don de la ubicuidad,
para colocarme en diversos horizontes; pero me engaño
cuando recuerdo que soy una extensión de la historia,
erigida con tierra entre las manos, con el llanto infantil,
calmado a punta de mama o maíz: con la conquista
ignominiosa del avaro temeroso; aunque no peleo contra
los designios de Dios. Forjándose un estandarte
pluricultural, arrojado casi, al completo olvido.
Pero ni el tiempo que urde su brillante hoz podrá
menguar este sentir ubérrimo e indiviso.
Un lugar en el mundo.
Que es sino, el sable moralizante de Hipólito
en el significado ignoto del universo femíneo.
Que es sino, la vehemencia de Diotima,
que se convierte en poesía, al crear expectativa en
la sabia fealdad de Sócrates.
Que es sino, el solemne tatuaje de Lycenia en las
entrañas precoces de Dafnis, que no entiende
la semántica tejida, como causa de su afanada petición.
Que es sino, las gotas suicidas de Cortázar, que
encendieron por primera vez, como si en verdad
sintiésemos su humedad, ansiosa por darse al mundo,
nuestro numen impúber.
Que es sino, la maldición sombría en los ojos de Borges,
enceguecida de vez en vez, por las falanges alumbrantes
de los anaqueles.
Podremos elevar plegarias por un fausto deseo,
argumentar en un mar de sofismo, satisfacer el instinto,
surgir contra todo pronóstico,
vernos como parte de un todo.
Crear luz donde hay oscuridad, como el secreto más
sublime de entropía.
Juzguen ustedes, que panorama, en su libre criterio
y, con el simple acto de colegir, podrán maravillarse.
de una calle o una charla.
Suelo yo imaginarme con el don de la ubicuidad,
para colocarme en diversos horizontes; pero me engaño
cuando recuerdo que soy una extensión de la historia,
erigida con tierra entre las manos, con el llanto infantil,
calmado a punta de mama o maíz: con la conquista
ignominiosa del avaro temeroso; aunque no peleo contra
los designios de Dios. Forjándose un estandarte
pluricultural, arrojado casi, al completo olvido.
Pero ni el tiempo que urde su brillante hoz podrá
menguar este sentir ubérrimo e indiviso.
Un lugar en el mundo.
Que es sino, el sable moralizante de Hipólito
en el significado ignoto del universo femíneo.
Que es sino, la vehemencia de Diotima,
que se convierte en poesía, al crear expectativa en
la sabia fealdad de Sócrates.
Que es sino, el solemne tatuaje de Lycenia en las
entrañas precoces de Dafnis, que no entiende
la semántica tejida, como causa de su afanada petición.
Que es sino, las gotas suicidas de Cortázar, que
encendieron por primera vez, como si en verdad
sintiésemos su humedad, ansiosa por darse al mundo,
nuestro numen impúber.
Que es sino, la maldición sombría en los ojos de Borges,
enceguecida de vez en vez, por las falanges alumbrantes
de los anaqueles.
Podremos elevar plegarias por un fausto deseo,
argumentar en un mar de sofismo, satisfacer el instinto,
surgir contra todo pronóstico,
vernos como parte de un todo.
Crear luz donde hay oscuridad, como el secreto más
sublime de entropía.
Juzguen ustedes, que panorama, en su libre criterio
y, con el simple acto de colegir, podrán maravillarse.