mariano dupont
Poeta fiel al portal
BOBO
La mujer que me había invitado a su casa tenia
un gato negro que se llamaba Bobo.
M i rechazo por los gatos era total y enfermizo.
Hable a una cafetería y pedí vodka urgente; soy dipsómano.
La mas violenta elurofobia(1), junto con mi dipsomanía,
desataron mi furia asesina para separar con placer,
los ojos y las orejas del animal, del tronco de su cuerpo
y tenerlo decapitado entre mis manos.
La mujer estaba erguida, paralizada de terror y me contemplaba
con sus ojos desmesuradamente abiertos, mientras que con abundancia
corría por sus piernas vacilantes, el líquido derramado de su
vejiga en plena liberación.
Y yo desnudo sobre el vómito del piso, con una mano sosteniendo la
cabeza del gato como un trofeo, mientras que con la otra agarrando
su cuerpo por el cuero del espinazo.
Mientras una carcajada sonaba salvajemente.
Jamás me sentí tan bien.
(1) Elurofobia: fobia por los gatos negros.
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La mujer que me había invitado a su casa tenia
un gato negro que se llamaba Bobo.
M i rechazo por los gatos era total y enfermizo.
Hable a una cafetería y pedí vodka urgente; soy dipsómano.
La mas violenta elurofobia(1), junto con mi dipsomanía,
desataron mi furia asesina para separar con placer,
los ojos y las orejas del animal, del tronco de su cuerpo
y tenerlo decapitado entre mis manos.
La mujer estaba erguida, paralizada de terror y me contemplaba
con sus ojos desmesuradamente abiertos, mientras que con abundancia
corría por sus piernas vacilantes, el líquido derramado de su
vejiga en plena liberación.
Y yo desnudo sobre el vómito del piso, con una mano sosteniendo la
cabeza del gato como un trofeo, mientras que con la otra agarrando
su cuerpo por el cuero del espinazo.
Mientras una carcajada sonaba salvajemente.
Jamás me sentí tan bien.
(1) Elurofobia: fobia por los gatos negros.
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