luci2
Poeta adicto al portal
"Iba todos los días ayudar a su hermana mayor, aunque creció antes de tiempo, en todos los sentidos, la hermana y ella. Con nueve años ya era mujer, con dieciséis estaba embarazada, irónicamente, nueve meses duró su relación, a los diecisiete ya era madre y a los dieciocho, llego el segundo.
María admiraba a su hermana mayor, Inés, siempre ejerció como madre, más que la suya propia, por eso, con sumo placer la ayudaba en todo cuanto podía, la crianza de sus hijos, en las tareas de la casa e incluso en traerle un pesado economato para llegar a fin de mes.
La barriada, se la conocía con el nombre de un programa popular, “Si lo sé, no vengo”, nada era tal como lo pintaban, pues tanto "Payos, como Gitanos", hacían de las suyas, siempre hay que dar oportunidades, no etiquetar con desmesurada injusticia.
Enrique, había puesto sus ojos en María, desde el primer día que bajo las escaleras, para salir a comprar, ella le preguntó, él le respondió, pero para mayor gentileza, la acompañó hasta la farmacia y al faltarle dinero para la crema de sus sobrino, Enrique pago el resto.
A Inés, no le gustaba la idea que su hermana pequeña se enamorara de un gitano, pero no radicaba ahí el problema, María, no se fiaba mucho de él, basándose en que era demasiado apuesto y que ella era poca cosa, que tarde o temprano le seria infiel, con una gitana u otra paya. Enrique habló con su hermana e intento de convencerla, que lo que sentía era cierto y que estaba dispuesto a todo por ella. ¡Qué le diría y en qué manera que Inés aprobó la relación!.
Sobre las doce de la mañana, estaban en el parque, él tocaba la guitarra para ella, por Paco de Lucia, ella cuanto más tiempo pasaba a su lado, más dudas la embargaban, ,as enamorada y atrapada se sentía, su zalamería y su extrovertido carácter, buenas formas, su talante, sus ojos, trabajador, tenía un hombre en toda regla delante suya, justo lo que ella siempre quiso, no le importaba que fuese gitano, pero la martirizaban el miedo a la infidelidad. Sin más, con el dolor de su corazón, para no hacer una guerra de pesadillas y trastornarle la paz a Enrique , cayó en el error de tomar la decisión de romper con él, ese mismo día.
La familia de Enrique le retiraron la palabra y hasta su hermana Inés, le reprochaba su actitud, no había nada que hacer, ya todo, estaba hecho y deshecho, sobre todo ambos corazones, pues no siempre el que es abandonado en la ruptura, es quien sufre más, a veces, hay que armarse de valor, para llegar a esa decisión, independientemente que sea o no, la más acertada. No hay , ni quien ame más, ni menos, ni un culpable, siempre como todo es cosa de dos o quien sabe, del destino.
Pasaron los años, tanto uno, como otro, en su soledad, con su dolor acuesta, pero la familia de Enrique se debía a los Valderrama, la hija de estos, se había comprometido con él, ya no le daban más tiempo, tenía que cumplir de una vez por todas. Y así ocurrió, se casaron por el rito gitano.
María por otro lado, también hizo su vida con un conocido de la familia de su cuñado, marido de Inés, ninguno de los dos tuvieron hijos, Ángela, esposa de Enrique se tropezó con María en el mercado, donde ella trabajaba y la maldijo a gritos, porque por su culpa, ni ella era feliz, ni tampoco Enrique, sin pelos en la lengua y delante de la gente la abofeteó y le susurró al oído algo que le dijo Enrique un día antes de la boda:
-No esperes de mí, " NADA", más que respeto, soy fiel, mi corazón y mi cuerpo, no te pertenece-.
María admiraba a su hermana mayor, Inés, siempre ejerció como madre, más que la suya propia, por eso, con sumo placer la ayudaba en todo cuanto podía, la crianza de sus hijos, en las tareas de la casa e incluso en traerle un pesado economato para llegar a fin de mes.
La barriada, se la conocía con el nombre de un programa popular, “Si lo sé, no vengo”, nada era tal como lo pintaban, pues tanto "Payos, como Gitanos", hacían de las suyas, siempre hay que dar oportunidades, no etiquetar con desmesurada injusticia.
Enrique, había puesto sus ojos en María, desde el primer día que bajo las escaleras, para salir a comprar, ella le preguntó, él le respondió, pero para mayor gentileza, la acompañó hasta la farmacia y al faltarle dinero para la crema de sus sobrino, Enrique pago el resto.
A Inés, no le gustaba la idea que su hermana pequeña se enamorara de un gitano, pero no radicaba ahí el problema, María, no se fiaba mucho de él, basándose en que era demasiado apuesto y que ella era poca cosa, que tarde o temprano le seria infiel, con una gitana u otra paya. Enrique habló con su hermana e intento de convencerla, que lo que sentía era cierto y que estaba dispuesto a todo por ella. ¡Qué le diría y en qué manera que Inés aprobó la relación!.
Sobre las doce de la mañana, estaban en el parque, él tocaba la guitarra para ella, por Paco de Lucia, ella cuanto más tiempo pasaba a su lado, más dudas la embargaban, ,as enamorada y atrapada se sentía, su zalamería y su extrovertido carácter, buenas formas, su talante, sus ojos, trabajador, tenía un hombre en toda regla delante suya, justo lo que ella siempre quiso, no le importaba que fuese gitano, pero la martirizaban el miedo a la infidelidad. Sin más, con el dolor de su corazón, para no hacer una guerra de pesadillas y trastornarle la paz a Enrique , cayó en el error de tomar la decisión de romper con él, ese mismo día.
La familia de Enrique le retiraron la palabra y hasta su hermana Inés, le reprochaba su actitud, no había nada que hacer, ya todo, estaba hecho y deshecho, sobre todo ambos corazones, pues no siempre el que es abandonado en la ruptura, es quien sufre más, a veces, hay que armarse de valor, para llegar a esa decisión, independientemente que sea o no, la más acertada. No hay , ni quien ame más, ni menos, ni un culpable, siempre como todo es cosa de dos o quien sabe, del destino.
Pasaron los años, tanto uno, como otro, en su soledad, con su dolor acuesta, pero la familia de Enrique se debía a los Valderrama, la hija de estos, se había comprometido con él, ya no le daban más tiempo, tenía que cumplir de una vez por todas. Y así ocurrió, se casaron por el rito gitano.
María por otro lado, también hizo su vida con un conocido de la familia de su cuñado, marido de Inés, ninguno de los dos tuvieron hijos, Ángela, esposa de Enrique se tropezó con María en el mercado, donde ella trabajaba y la maldijo a gritos, porque por su culpa, ni ella era feliz, ni tampoco Enrique, sin pelos en la lengua y delante de la gente la abofeteó y le susurró al oído algo que le dijo Enrique un día antes de la boda:
-No esperes de mí, " NADA", más que respeto, soy fiel, mi corazón y mi cuerpo, no te pertenece-.
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