En cada anochecer, alzo mi mirada al cielo
deseando ver bajo el manto negro,
el dulce esplendor de tu rostro.
Escoltada por estrellas y luceros,
vas despojándote de las nubes
que son como vestidos
ocultando la desnudez de tu hermoso cuerpo.
Al son de las cuerdas de mi guitarra,
acudes generosa cada noche, a bañarte
en las tranquilas aguas de este lago,
mientras nenúfares,
se encargan de adornar tu presencia inmaculada,
hasta ver aparecer, las primeras luces del alba.
De mi guitarra, cuyo cortejo através de ella pretendo,
se escapan notas de fuego,
mientras tanto, tu, radiante Luna,
no cesas en cimbrear tu cuerpo.
Magnánima Señora, con tu sortilegio me envuelves
y en trovador me conviertes,
mi alma se vuelve poeta,
me incitas al romance
sacando de mi guitarra, estrofas de amor
que hacia a ti ascienden y se detienen,
entre la tierra y el universo,
para hacer mas bello el cortejo.
¡OH blanca Luna! eres musa de poetas,
insaciable fuente de versos que beben de tus senos,
si alguna noche me faltaras
y la oscuridad se adueñase de este lago,
callaría mi guitarra,
y harías mi muerte desear...
por no hallarte a mi lado.
Luis Prieto Espinosa
Derechos reservados
22/09/2014
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