luci2
Poeta adicto al portal
No se le caen los anillos,
sino que a algunos,
les vienen grandes,
eso sí,
ya lo advirtió antes de conmigo casarse.
Yo, nada de pañales,
ni planchar ,, ni fregar los platos,
y menos aún ir de compras,
que eso, lleva su rato.
y para rato.
Discutir con nosotras,
ver el futbol,
o toros, concursos,
de los que las azafatas,
Solo dan la lata.
De madre y padre,
que los tuyos ,
se aliviaron al encontrarme,
y yo me ahogué,
cuando comprobé
que los dos papeles son gigantes.
Según ellos
no es tanto,
y encima lo hacemos mal,
que nos quejamos
y a boca llena.
Que no es condena,
que el fin de semana,
con los niños,
cuando escasa vez,
los acercan al parque,
hacen de padre y madre.
Madre para protegerlos,
y padre en tu caso, para protestar,
pues al cabo de media hora,
quejándote me los vuelve a entregar.
Enciende su cigarrillo,
“Su mando asustado”,
más fútbol,
y no hagas ruido,
con vasos y platos,
ni al masticar el bocadillo.
¡Uy! Que comida más desaboría,
mi madre si que guisaba,
mientras se engulle lo preparado,
y repite, casi no hay que lavarlo,
de madre y padre resultan,
cuando los hombres,
no entienden el día a día,
también existen mujercitas,
de pena y horror,
pero ahora estoy hablando yo,
de este marido que tengo,
se quedan callados
y ya es tarde,
“ No puedes cambiarlos”.
Este poema lo escribí hace unos diecisiete años, para una amiga, que siempre se andaba quejando del marido, pero con ese desparpajo que tiene ella, lo quiere, lo critica y lo defiende cuando alguien lo hace.
sino que a algunos,
les vienen grandes,
eso sí,
ya lo advirtió antes de conmigo casarse.
Yo, nada de pañales,
ni planchar ,, ni fregar los platos,
y menos aún ir de compras,
que eso, lleva su rato.
y para rato.
Discutir con nosotras,
ver el futbol,
o toros, concursos,
de los que las azafatas,
Solo dan la lata.
De madre y padre,
que los tuyos ,
se aliviaron al encontrarme,
y yo me ahogué,
cuando comprobé
que los dos papeles son gigantes.
Según ellos
no es tanto,
y encima lo hacemos mal,
que nos quejamos
y a boca llena.
Que no es condena,
que el fin de semana,
con los niños,
cuando escasa vez,
los acercan al parque,
hacen de padre y madre.
Madre para protegerlos,
y padre en tu caso, para protestar,
pues al cabo de media hora,
quejándote me los vuelve a entregar.
Enciende su cigarrillo,
“Su mando asustado”,
más fútbol,
y no hagas ruido,
con vasos y platos,
ni al masticar el bocadillo.
¡Uy! Que comida más desaboría,
mi madre si que guisaba,
mientras se engulle lo preparado,
y repite, casi no hay que lavarlo,
de madre y padre resultan,
cuando los hombres,
no entienden el día a día,
también existen mujercitas,
de pena y horror,
pero ahora estoy hablando yo,
de este marido que tengo,
se quedan callados
y ya es tarde,
“ No puedes cambiarlos”.
Este poema lo escribí hace unos diecisiete años, para una amiga, que siempre se andaba quejando del marido, pero con ese desparpajo que tiene ella, lo quiere, lo critica y lo defiende cuando alguien lo hace.
Última edición: