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dolor

Marga M.R.

Poeta que considera el portal su segunda casa
-Dios te oiga!-
Pero Dios no la oyó,estaba atendiendo asuntos más urgentes. Por más que suplicó no encontró la respuesta esperada.
Día a día su corazón cedió ante lo evidente.Su ilusión comenzó a avanzar por el túnel infinito de las dudas hasta caer en el pozo negro de la desesperación.
...Y en un ocaso de tantos padecidos el frágil cuerpo de su amado alcanzó el descanso entre sus brazos...unos brazos que quedaron vacíos para siempre.

No existen palabras que consigan curar,no hay consuelo para quien ama tanto.

El blanco fue anidando en su pelo,la escarcha entre sus blancas manos,la niebla en su mirada...El dolor se adueñó del resto de su vida cerrando las ventanas que aún seguían entreabiertas buscando algún respiro.
Es difícil agarrarse a la vida después de haber probado su lado más amargo.
-¡Dios te oiga!-
...Y Dios la oyó, una alborada más de tantas padecidas su cuerpo recuperó la paz sobre su lecho. En su último suspiro un adiós sin dolor...una foto guardada entre sus manos y su pecho.
 
-Dios te oiga!-
Pero Dios no la oyó,estaba atendiendo asuntos más urgentes. Por más que suplicó no encontró la respuesta esperada.
Día a día su corazón cedió ante lo evidente.Su ilusión comenzó a avanzar por el túnel infinito de las dudas hasta caer en el pozo negro de la desesperación.
...Y en un ocaso de tantos padecidos el frágil cuerpo de su amado alcanzó el descanso entre sus brazos...unos brazos que quedaron vacíos para siempre.

No existen palabras que consigan curar,no hay consuelo para quien ama tanto.

El blanco fue anidando en su pelo,la escarcha entre sus blancas manos,la niebla en su mirada...El dolor se adueñó del resto de su vida cerrando las ventanas que aún seguían entreabiertas buscando algún respiro.
Es difícil agarrarse a la vida después de haber probado su lado más amargo.
-¡Dios te oiga!-
...Y Dios la oyó, una alborada más de tantas padecidas su cuerpo recuperó la paz sobre su lecho. En su último suspiro un adiós sin dolor...una foto guardada entre sus manos y su pecho.
Un anhelo consumado que deja la tristeza en esta emotiva prosa que da gusto leer a pesar de la tragedia, un gusto volver a leerte Marga, un saludo y abrazo.
 
-Dios te oiga!-
Pero Dios no la oyó,estaba atendiendo asuntos más urgentes. Por más que suplicó no encontró la respuesta esperada.
Día a día su corazón cedió ante lo evidente.Su ilusión comenzó a avanzar por el túnel infinito de las dudas hasta caer en el pozo negro de la desesperación.
...Y en un ocaso de tantos padecidos el frágil cuerpo de su amado alcanzó el descanso entre sus brazos...unos brazos que quedaron vacíos para siempre.

No existen palabras que consigan curar,no hay consuelo para quien ama tanto.

El blanco fue anidando en su pelo,la escarcha entre sus blancas manos,la niebla en su mirada...El dolor se adueñó del resto de su vida cerrando las ventanas que aún seguían entreabiertas buscando algún respiro.
Es difícil agarrarse a la vida después de haber probado su lado más amargo.
-¡Dios te oiga!-
...Y Dios la oyó, una alborada más de tantas padecidas su cuerpo recuperó la paz sobre su lecho. En su último suspiro un adiós sin dolor...una foto guardada entre sus manos y su pecho.

Buenas noches Marga:

Un relato que te atrapa y se puede una imaginar varios sucesos, triste, pero esperanzador, con la fe, una se va más reposada.

Un abrazo.
 
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