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Conocemos su nombre
en la memoria de la tierra
que pisamos,
en el húmedo silencio
de manso deshaciéndose
en plegarias,
en el dolor que a la piedra
puso nombre.
Allí donde agoniza la luz,
labrado su epitafio,
despierta la voz
de décadas callada.
Conocemos su nombre
en la memoria de la tierra
que pisamos,
en el húmedo silencio
de manso deshaciéndose
en plegarias,
en el dolor que a la piedra
puso nombre.
Allí donde agoniza la luz,
labrado su epitafio,
despierta la voz
de décadas callada.
El desandar del tiempo donde nunca caduca el instante pleno del recuerdo, ahi donde se labra lo pasado resurge la memoria como un vagido grito de totem. Muy apreciadas palabras, un gusto pasar,saludos cordiales.