Albertojjs
Poeta fiel al portal
La playa siempre está ahí, inmóvil,
plantada en la geografía más cercana para ti
y tan lejana para mí.
Por eso, acudo a ella solamente
cuando me deshago de la rutina y sus quehaceres;
para dorar mi piel impedida por paredes blancas
y hallar el silencio deseado, la tranquilidad apetecible
que no descubro en mi dulce hábitat artificial.
Hoy, por fin te espero en ella.
Tumbo mi blanquecino cuerpo
sobre la arena sumisa.
En el cielo
se ve paraíso inalcanzable sobre nosotros,
el techo de Miguel Ángel
pintado con óleo al natural,
un translúcido velo azul
con nubes desgarradas como estrellas de mar
que regalan los alisios
para dejar caer la vanidad del Sol.
Pero cierro los ojos
y me adentro en la oscuridad enrojecida
de fuego o sangre, no lo sé
No sé si la brisa
que está de paso por mi piel
apaga las llamas
o alivia las heridas.
Tan solo reconozco
la tenue y clara voz del viento
y el rugir de las olas.
Un destello de luz entre los párpados
me impide abrir los ojos,
y antes del fuego en mis pestañas,
llegas tú, falsa novia y moderada,
con el sigilo de
una gata sin cascabel,
y pinzas de un cangrejo amistoso,
para arrancarme la nariz de un tirón.
Es entonces cuando abro los ojos
y me devuelves el regalo isleño,
¡bella nitidez del paisaje en este retorno!;
la libertad osada de tu sonrisa con alas,
luna menguante en tu rostro diurno.
Me traes tu cabello con ganas de fiesta,
y me salvas de la hoguera nocturna,
o de la masacre en un sótano sin ventanas.
Todavía no lo sé.
plantada en la geografía más cercana para ti
y tan lejana para mí.
Por eso, acudo a ella solamente
cuando me deshago de la rutina y sus quehaceres;
para dorar mi piel impedida por paredes blancas
y hallar el silencio deseado, la tranquilidad apetecible
que no descubro en mi dulce hábitat artificial.
Hoy, por fin te espero en ella.
Tumbo mi blanquecino cuerpo
sobre la arena sumisa.
En el cielo
se ve paraíso inalcanzable sobre nosotros,
el techo de Miguel Ángel
pintado con óleo al natural,
un translúcido velo azul
con nubes desgarradas como estrellas de mar
que regalan los alisios
para dejar caer la vanidad del Sol.
Pero cierro los ojos
y me adentro en la oscuridad enrojecida
de fuego o sangre, no lo sé
No sé si la brisa
que está de paso por mi piel
apaga las llamas
o alivia las heridas.
Tan solo reconozco
la tenue y clara voz del viento
y el rugir de las olas.
Un destello de luz entre los párpados
me impide abrir los ojos,
y antes del fuego en mis pestañas,
llegas tú, falsa novia y moderada,
con el sigilo de
una gata sin cascabel,
y pinzas de un cangrejo amistoso,
para arrancarme la nariz de un tirón.
Es entonces cuando abro los ojos
y me devuelves el regalo isleño,
¡bella nitidez del paisaje en este retorno!;
la libertad osada de tu sonrisa con alas,
luna menguante en tu rostro diurno.
Me traes tu cabello con ganas de fiesta,
y me salvas de la hoguera nocturna,
o de la masacre en un sótano sin ventanas.
Todavía no lo sé.
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