El muro

Marla

Poeta fiel al portal
Padre mío que estás
en el muro
¡protégeme!
No duermo. El sueño no sabe alcanzar
mis lagrimales.
No duermo, muro santo,
acúname con música de mar y sal,
con un poema que sepa volar
y roce al contacto de mi corazón
la punta de una estrella.


¡Qué feliz soy en tierra de nadie!,
¡qué hermoso este silencio blanco!


Sin embargo,
algo golpea febrilmente tu piel,
dice mi nombre a gritos,
me atormenta
el espíritu.
Su lengua paraliza mi lengua
cuando me habla de cosas que comprendo...
Y tengo miedo, Padre mío.
Entonces araño una oración
y te reinvento
mientras escondo mi cabeza en el cielo,
y trato de acompañar
la curvatura alada de los pájaros.


Yo te invoco:
Madre mía,
canta muy alto desde el germen
de tu invisible piedad
mientras me sueñas;
que no escuche una sola voz temblar,
un solo puño de avarienta certeza
golpeando mi decrepitud,
desconcertando el llanto silencioso
con el que bendigo tu Nombre.


¿Sabes?
allá afuera
se cultivan palabras sobre la dura tierra
y sus frutos son álgidos, y pesan:
son pan para los ahorcados,
leche para la desilusión.


Y yo solo deseo este plato de negrura
que aliño con espíritus del aire, con relámpagos de paz
que atenúan los espasmos de mi desangelado corazón.

Santificad eternamente esta ceguera:
Madre mía,
Padre mío
que estáis en el muro.







 
Maravillosa obra, sazonada con sublime dolor
exigiendo consuelo en cada verso, ¡Hermoso!

Padre mío que estás
en el muro
¡protégeme!
No duermo. El sueño no sabe alcanzar
mis lagrimales.
No duermo, muro santo,
acúname con música de mar y sal,
con un poema que sepa volar
y roce al contacto de mi corazón
la punta de una estrella.


¡Qué feliz soy en tierra de nadie!,
¡qué hermoso este silencio blanco!


Sin embargo,
algo golpea febrilmente tu piel,
dice mi nombre a gritos,
me atormenta
el espíritu.
Su lengua paraliza mi lengua
cuando me habla de cosas que comprendo...
Y tengo miedo, Padre mío.
Entonces araño una oración
y te reinvento
mientras escondo mi cabeza en el cielo,
y trato de acompañar
la curvatura alada de los pájaros.


Yo te invoco:
Madre mía,
canta muy alto desde el germen
de tu invisible piedad
mientras me sueñas;
que no escuche una sola voz temblar,
un solo puño de avarienta certeza
golpeando mi decrepitud,
desconcertando el llanto silencioso
con el que bendigo tu Nombre.


¿Sabes?
allá afuera
se cultivan palabras sobre la dura tierra
y sus frutos son álgidos, y pesan:
son pan para los ahorcados,
leche para la desilusión.


Y yo solo deseo este plato de negrura
que aliño con espíritus del aire, con relámpagos de paz
que atenúan los espasmos de mi desangelado corazón.

Santificad eternamente esta ceguera:
Madre mía,
Padre mío
que estáis en el muro.






 
Magnífico. Tal vez hagan oraciones similares (al menos en lo esencial) los hijos cuyos padres y madres mexicanos, hondureños, etc intentan cruzar hacia los Estados Unidos, las niñas y los niños palestinos cuyos padres intentan atrevesar el muro que en sus narices levanta el Sionismo israelí, los niños y niñas africanos cuyos padres deben vencer el muro de agua que los separa de Europa, el muro de la opinión mpública que los desprecia, el muro de la discriminación racial y étnica... muros y más muros. Y casi ninguno bueno.

Felicito su poema.
 
Por desgracia los humanos somos proclives a la "seguridad" de los muros sin reparar demasiado en la oscuridad que conllevan. Hasta que los muros no reconviertan en puentes, este mundo seguirá siendo "oscuro".

Un poema de una intensidad y belleza colosales, Rosa. Mis aplausos, amiga. Un abrazo.


"¿Sabes?
allá afuera
se cultivan palabras sobre la dura tierra
y sus frutos son álgidos, y pesan:
son pan para los ahorcados,
leche para la desilusión."
 
Los muros solo han servido para fusilar separar al pobre del rico mediante fronteras patrias absurdas y para encerrar prisioneros , yo los tiraba todos ... más sino empezamos con los que hay en las cabezas ...

Hermoso poema Rosa que dice mucho , un abrazo cálido :

Jon
 
Padre mío que estás
en el muro
¡protégeme!
No duermo. El sueño no sabe alcanzar
mis lagrimales.
No duermo, muro santo,
acúname con música de mar y sal,
con un poema que sepa volar
y roce al contacto de mi corazón
la punta de una estrella.


¡Qué feliz soy en tierra de nadie!,
¡qué hermoso este silencio blanco!


Sin embargo,
algo golpea febrilmente tu piel,
dice mi nombre a gritos,
me atormenta
el espíritu.
Su lengua paraliza mi lengua
cuando me habla de cosas que comprendo...
Y tengo miedo, Padre mío.
Entonces araño una oración
y te reinvento
mientras escondo mi cabeza en el cielo,
y trato de acompañar
la curvatura alada de los pájaros.


Yo te invoco:
Madre mía,
canta muy alto desde el germen
de tu invisible piedad
mientras me sueñas;
que no escuche una sola voz temblar,
un solo puño de avarienta certeza
golpeando mi decrepitud,
desconcertando el llanto silencioso
con el que bendigo tu Nombre.


¿Sabes?
allá afuera
se cultivan palabras sobre la dura tierra
y sus frutos son álgidos, y pesan:
son pan para los ahorcados,
leche para la desilusión.


Y yo solo deseo este plato de negrura
que aliño con espíritus del aire, con relámpagos de paz
que atenúan los espasmos de mi desangelado corazón.

Santificad eternamente esta ceguera:
Madre mía,
Padre mío
que estáis en el muro.







Que bella manera de escribir ! Original, con un estilo personalísimo; La tendencia a los límites y fronteras, a marcar territorios, es un habito ancestral y malo cuando es por codicia.
SALUDOS CORDIALES
 

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