lesmo
Poeta veterano en el portal
No olvido el ladrillo rojo,
ya pardo del tiempo, ajado,
de la escarcha desconchado;
a su tenue luz me arrojo,
y en su magia me recojo.
Llegan lamentos de zambra
a los muros de mi Alhambra.
¡Ay! ¡Qué frío el Zacatín!;
¡Ay! ¡Qué blanco de Albaycín!
¡Granada todo lo enjambra!
Entre la prima y bordón,
los geranios y emociones,
los jazmines y canciones
resuenan en el balcón
o adornan cualquier rincón.
Al alba, naciendo el día,
se escucha una bulería,
leréhle, quejío, palmas,
¡Granada que robas almas!
¡Qué quieres! ¿Más todavía…?
¡Ay! que me pongo a llorar;
no hay nada que más quebrante
que lo profundo de un cante;
¿Podré en tu iglesia rezar…?;
¿Quedará algo más que amar…?
Allí con mi gente, henchido
de flama, de sueño…, herido…;
¡Ay, hechizo…!, ¡Estoy sediento…!
¡Qué dolor…!, ¡Qué sentimiento…!
¡Granada! ¡Quita el sentido !
ya pardo del tiempo, ajado,
de la escarcha desconchado;
a su tenue luz me arrojo,
y en su magia me recojo.
Llegan lamentos de zambra
a los muros de mi Alhambra.
¡Ay! ¡Qué frío el Zacatín!;
¡Ay! ¡Qué blanco de Albaycín!
¡Granada todo lo enjambra!
Entre la prima y bordón,
los geranios y emociones,
los jazmines y canciones
resuenan en el balcón
o adornan cualquier rincón.
Al alba, naciendo el día,
se escucha una bulería,
leréhle, quejío, palmas,
¡Granada que robas almas!
¡Qué quieres! ¿Más todavía…?
¡Ay! que me pongo a llorar;
no hay nada que más quebrante
que lo profundo de un cante;
¿Podré en tu iglesia rezar…?;
¿Quedará algo más que amar…?
Allí con mi gente, henchido
de flama, de sueño…, herido…;
¡Ay, hechizo…!, ¡Estoy sediento…!
¡Qué dolor…!, ¡Qué sentimiento…!
¡Granada! ¡Quita el sentido !
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