El caso de Romualdo Tequena.

Alonso Vicent

Poeta veterano en el portal
EL CASO DE ROMUALDO TEQUENA

Ayer, Romualdo Tequena fue a ultimar los papeles para acogerse a la jubilación anticipada que tenía aprobada desde la semana anterior.
Romualdo, sesenta y un años, albañil desde los catorce, aquejado de dos hernias discales, una tendinitis crónica y una familia adicta a comer de vez en cuando.
Cuando entró en la oficina de la seguridad social tuvo que coger su turno, armarse de paciencia y soportar la espera; la última, creía él, para recibir lo que hacía tiempo que sabía que le pertenecía.
Llegó su hora y una simpática funcionaria, tras revisar sus papeles, le informó de un ligero contratiempo. Le habló, con esa verborrea fácil que hace de la vida un trámite, de una nueva disposición gubernamental que apremiaba, a partir de ese mismo día, a aplicar la ley de un modo diferente y restrictivo.
Romualdo, cuando se lo explicaron, no entendió muy bien la disposición y menos aún la posición en que le dejaba esa inesperada normativa; y preguntó.
-Entonces, ¿me jubilo o no?
-Pues, Señor Tequena, no puede usted hacerlo hasta dentro de dos años hábiles y con la merma de pensión que puede suponer no contribuir a las arcas públicas si no encuentra usted un trabajo en ese periodo de tiempo.
El Señor Tequena, al que nadie hasta entonces había llamado “Señor”, salió de la oficina sin saber a ciencia cierta lo que había pasado pero airado y seguro de lo que tenía que hacer. Nunca le gustó mendigar explicaciones ni robarle el tiempo a los que creían ser sus dueños, pero esta vez estaba dispuesto a mucho más. Todo menos tener que llegar a casa sin una resolución que le sacase a él y a su familia de esa situación tan turbia y poco oxigenada en que se convierten los estanques abandonados a sus fondos.
No iba a ser fácil, pero vio una situación límite y un modo consentido de salir de ella.
Se compró una careta y un disfraz multiusos con las pocas monedas que le quedaban en el forro de uno de los bolsillos de su pantalón, rescató la vieja caja de magia para principiantes que le regaló años a atrás un tío suyo venido de las Indias y cogió prestada la pistola de fogueo que su jefe guardaba en la oficina… y pensó: ya lo tengo todo para ser como ellos.
 
La verdad es que al leer historias tan reales de personas y vidas tan reales, de auténticos héroes cotidianos tan mal tratados por esta sociedad y este sistema que se supone del primer mundo, uno no puede más que sentir una amargura, por no decir asco, y se cuestiona demasiadas cosas...
Tantas personas dando su vida, a menudo literalmente, por un sueldo mediocre, y al final su "recompensa" es como mucho un reloj de la empresa y alguna patada en el culo como la de tu relato por parte de la administración, cuando encima hay tanto ladrón de guante blanco suelto de los que están ahora tan de moda, que se ríen de las leyes y de la ciudadanía...

Sin palabras, amigo Alonso. La prosa excelente. Vayan mis felicitaciones y fuerte abrazo, compañero.
 
La verdad es que al leer historias tan reales de personas y vidas tan reales, de auténticos héroes cotidianos tan mal tratados por esta sociedad y este sistema que se supone del primer mundo, uno no puede más que sentir una amargura, por no decir asco, y se cuestiona demasiadas cosas...
Tantas personas dando su vida, a menudo literalmente, por un sueldo mediocre, y al final su "recompensa" es como mucho un reloj de la empresa y alguna patada en el culo como la de tu relato por parte de la administración, cuando encima hay tanto ladrón de guante blanco suelto de los que están ahora tan de moda, que se ríen de las leyes y de la ciudadanía...

Sin palabras, amigo Alonso. La prosa excelente. Vayan mis felicitaciones y fuerte abrazo, compañero.
Así es, Luis; toda la vida trabajando por un mísero jornal y a la hora de jubilarse les retrasan la fecha amparándose en una nueva disposición, ley o restricción que los vuelve a dejar con el culo al aire y con un montón de años de más sobre sus espaldas. Y todo eso apartando la vista de los verdaderos culpables de que las arcas públicas estén en números rojos; que esos mismos que las manejan.

Muchas gracias Luis, y esperemos que quede algo para cuando lleguemos nosotros, je je… y no es cuestión de risa.

Un gran abrazo.
 
Hola Alonso, buenisimo tu relato y desgraciadamente, muy realista y tan cotidiano... Esas cosas nunca les pasará a los que están arriba, los que manipulan, engañan y nos quitan lo que es nuestro sin escrúpulos, sin un ápice de empatia, sin entender que tenemos derechos ( cada vez menos) y que reclamamos lo que es nuestro. Qué poca sensibilidad se gastan estos cara duras. Un abrazo y gracias por hablar de lo pasa tan a menudo. Un beso, Alonso
 
EL CASO DE ROMUALDO TEQUENA

Ayer, Romualdo Tequena fue a ultimar los papeles para acogerse a la jubilación anticipada que tenía aprobada desde la semana anterior.
Romualdo, sesenta y un años, albañil desde los catorce, aquejado de dos hernias discales, una tendinitis crónica y una familia adicta a comer de vez en cuando.
Cuando entró en la oficina de la seguridad social tuvo que coger su turno, armarse de paciencia y soportar la espera; la última, creía él, para recibir lo que hacía tiempo que sabía que le pertenecía.
Llegó su hora y una simpática funcionaria, tras revisar sus papeles, le informó de un ligero contratiempo. Le habló, con esa verborrea fácil que hace de la vida un trámite, de una nueva disposición gubernamental que apremiaba, a partir de ese mismo día, a aplicar la ley de un modo diferente y restrictivo.
Romualdo, cuando se lo explicaron, no entendió muy bien la disposición y menos aún la posición en que le dejaba esa inesperada normativa; y preguntó.
-Entonces, ¿me jubilo o no?
-Pues, Señor Tequena, no puede usted hacerlo hasta dentro de dos años hábiles y con la merma de pensión que puede suponer no contribuir a las arcas públicas si no encuentra usted un trabajo en ese periodo de tiempo.
El Señor Tequena, al que nadie hasta entonces había llamado “Señor”, salió de la oficina sin saber a ciencia cierta lo que había pasado pero airado y seguro de lo que tenía que hacer. Nunca le gustó mendigar explicaciones ni robarle el tiempo a los que creían ser sus dueños, pero esta vez estaba dispuesto a mucho más. Todo menos tener que llegar a casa sin una resolución que le sacase a él y a su familia de esa situación tan turbia y poco oxigenada en que se convierten los estanques abandonados a sus fondos.
No iba a ser fácil, pero vio una situación límite y un modo consentido de salir de ella.
Se compró una careta y un disfraz multiusos con las pocas monedas que le quedaban en el forro de uno de los bolsillos de su pantalón, rescató la vieja caja de magia para principiantes que le regaló años a atrás un tío suyo venido de las Indias y cogió prestada la pistola de fogueo que su jefe guardaba en la oficina… y pensó: ya lo tengo todo para ser como ellos.
Ayyy Alonso, pobre Romualdo qué mal le está pagando la vida sus desvelos y su lucha por sobrevivir, y es que este sistema va de mal en peor, cada vez que sale una nueva enmienda es para empeorar las cosas y sentir palpitar la frustración y el desánimo en nuestro interior, pero llega el día en que la rabia nos domina e ideamos una salida de emergencia, por ahora lo estamos haciendo individualmente, pero llegará el día en que seremos una colectividad de desahuciados y unos pocos los agraciados, ese día temblará más de un grandullón y si son espabilados verán que se está aproximando... Me ha encantado tu maravillosa prosa que abre los ojos de la conciencia y la razón. Besazos mi querido amigo, llenos de cariño inmenso y de admiración.
 
Hola Alonso, buenisimo tu relato y desgraciadamente, muy realista y tan cotidiano... Esas cosas nunca les pasará a los que están arriba, los que manipulan, engañan y nos quitan lo que es nuestro sin escrúpulos, sin un ápice de empatia, sin entender que tenemos derechos ( cada vez menos) y que reclamamos lo que es nuestro. Qué poca sensibilidad se gastan estos cara duras. Un abrazo y gracias por hablar de lo pasa tan a menudo. Un beso, Alonso
Hola Esther y muchas gracias por el apoyo. Salió este relato de lo cercano: tengo dos cuñados que se jubilaron hace poco y, con las restricciones, un poco más y no se jubilan, je je… aunque no es cuestión de risa. Los recortes siempre vienen por bajo, ¡qué le vamos a hacer!
Besos Esther… y espero que cuando lleguemos nosotros quede algo.
 
Hola Esther y muchas gracias por el apoyo. Salió este relato de lo cercano: tengo dos cuñados que se jubilaron hace poco y, con las restricciones, un poco más y no se jubilan, je je… aunque no es cuestión de risa. Los recortes siempre vienen por bajo, ¡qué le vamos a hacer!
Besos Esther… y espero que cuando lleguemos nosotros quede algo.
Qué así sea, Alonso, a ver si las cosas cambian de verdad. Yo también tengo a mi alrededor familiares en paro y con pocas perspectivas, por la edad, de encontrar trabajo. Un abrazo, feliz tarde de sábado
 
Qué así sea, Alonso, a ver si las cosas cambian de verdad. Yo también tengo a mi alrededor familiares en paro y con pocas perspectivas, por la edad, de encontrar trabajo. Un abrazo, feliz tarde de sábado
Es lo que ocurre; que si a cierta edad te cierran la empresa donde has trabajado la mayor parte de tu vida, las perspectivas de que encuentres algo parecido son casi inexistentes. Yo, en mi caso, tuve mucha suerte y cambié de trabajo cuando aún se podía elegir, pero la mayoría no tuvieron esa suerte.

Feliz sábado, Esther, y seguiremos componiéndonoslas, je je.
 
Ayyy Alonso, pobre Romualdo qué mal le está pagando la vida sus desvelos y su lucha por sobrevivir, y es que este sistema va de mal en peor, cada vez que sale una nueva enmienda es para empeorar las cosas y sentir palpitar la frustración y el desánimo en nuestro interior, pero llega el día en que la rabia nos domina e ideamos una salida de emergencia, por ahora lo estamos haciendo individualmente, pero llegará el día en que seremos una colectividad de desahuciados y unos pocos los agraciados, ese día temblará más de un grandullón y si son espabilados verán que se está aproximando... Me ha encantado tu maravillosa prosa que abre los ojos de la conciencia y la razón. Besazos mi querido amigo, llenos de cariño inmenso y de admiración.
Razón tienes, Lomi; tendrán que espabilarse porque las cosas ya empiezan a cambiar: al menos a partir de ahora ya se tendrán que discutir las nuevas leyes y no valdrá eso de los decretazos porque mando y ordeno.
Muchas gracias amiga y un abrazote de sábado festivo.
 
EL CASO DE ROMUALDO TEQUENA

Ayer, Romualdo Tequena fue a ultimar los papeles para acogerse a la jubilación anticipada que tenía aprobada desde la semana anterior.
Romualdo, sesenta y un años, albañil desde los catorce, aquejado de dos hernias discales, una tendinitis crónica y una familia adicta a comer de vez en cuando.
Cuando entró en la oficina de la seguridad social tuvo que coger su turno, armarse de paciencia y soportar la espera; la última, creía él, para recibir lo que hacía tiempo que sabía que le pertenecía.
Llegó su hora y una simpática funcionaria, tras revisar sus papeles, le informó de un ligero contratiempo. Le habló, con esa verborrea fácil que hace de la vida un trámite, de una nueva disposición gubernamental que apremiaba, a partir de ese mismo día, a aplicar la ley de un modo diferente y restrictivo.
Romualdo, cuando se lo explicaron, no entendió muy bien la disposición y menos aún la posición en que le dejaba esa inesperada normativa; y preguntó.
-Entonces, ¿me jubilo o no?
-Pues, Señor Tequena, no puede usted hacerlo hasta dentro de dos años hábiles y con la merma de pensión que puede suponer no contribuir a las arcas públicas si no encuentra usted un trabajo en ese periodo de tiempo.
El Señor Tequena, al que nadie hasta entonces había llamado “Señor”, salió de la oficina sin saber a ciencia cierta lo que había pasado pero airado y seguro de lo que tenía que hacer. Nunca le gustó mendigar explicaciones ni robarle el tiempo a los que creían ser sus dueños, pero esta vez estaba dispuesto a mucho más. Todo menos tener que llegar a casa sin una resolución que le sacase a él y a su familia de esa situación tan turbia y poco oxigenada en que se convierten los estanques abandonados a sus fondos.
No iba a ser fácil, pero vio una situación límite y un modo consentido de salir de ella.
Se compró una careta y un disfraz multiusos con las pocas monedas que le quedaban en el forro de uno de los bolsillos de su pantalón, rescató la vieja caja de magia para principiantes que le regaló años a atrás un tío suyo venido de las Indias y cogió prestada la pistola de fogueo que su jefe guardaba en la oficina… y pensó: ya lo tengo todo para ser como ellos.
Qué terrible impotencia ante esa situación de indefensión juridíca. Afortunadamente, creo que los responsables de tal tropelía dieron marcha atrás al poco tiempo.
Un abrazo, amigo Alonso.
 
Qué terrible impotencia ante esa situación de indefensión juridíca. Afortunadamente, creo que los responsables de tal tropelía dieron marcha atrás al poco tiempo.
Un abrazo, amigo Alonso.
Se acochinaron un poco en tablas porque venían elecciones y no era cuestión de echarse al electorado encima.
Muchas gracias, Alberto, y un abrazo de amigo.
 
EL CASO DE ROMUALDO TEQUENA

Ayer, Romualdo Tequena fue a ultimar los papeles para acogerse a la jubilación anticipada que tenía aprobada desde la semana anterior.
Romualdo, sesenta y un años, albañil desde los catorce, aquejado de dos hernias discales, una tendinitis crónica y una familia adicta a comer de vez en cuando.
Cuando entró en la oficina de la seguridad social tuvo que coger su turno, armarse de paciencia y soportar la espera; la última, creía él, para recibir lo que hacía tiempo que sabía que le pertenecía.
Llegó su hora y una simpática funcionaria, tras revisar sus papeles, le informó de un ligero contratiempo. Le habló, con esa verborrea fácil que hace de la vida un trámite, de una nueva disposición gubernamental que apremiaba, a partir de ese mismo día, a aplicar la ley de un modo diferente y restrictivo.
Romualdo, cuando se lo explicaron, no entendió muy bien la disposición y menos aún la posición en que le dejaba esa inesperada normativa; y preguntó.
-Entonces, ¿me jubilo o no?
-Pues, Señor Tequena, no puede usted hacerlo hasta dentro de dos años hábiles y con la merma de pensión que puede suponer no contribuir a las arcas públicas si no encuentra usted un trabajo en ese periodo de tiempo.
El Señor Tequena, al que nadie hasta entonces había llamado “Señor”, salió de la oficina sin saber a ciencia cierta lo que había pasado pero airado y seguro de lo que tenía que hacer. Nunca le gustó mendigar explicaciones ni robarle el tiempo a los que creían ser sus dueños, pero esta vez estaba dispuesto a mucho más. Todo menos tener que llegar a casa sin una resolución que le sacase a él y a su familia de esa situación tan turbia y poco oxigenada en que se convierten los estanques abandonados a sus fondos.
No iba a ser fácil, pero vio una situación límite y un modo consentido de salir de ella.
Se compró una careta y un disfraz multiusos con las pocas monedas que le quedaban en el forro de uno de los bolsillos de su pantalón, rescató la vieja caja de magia para principiantes que le regaló años a atrás un tío suyo venido de las Indias y cogió prestada la pistola de fogueo que su jefe guardaba en la oficina… y pensó: ya lo tengo todo para ser como ellos.

Interesante leer tan buen texto, de un escritor que tiene el don para hacerlo. La gente que en realidad trabaja de manera productiva y dura, cuando le ponen obstáculos de lo que merece, su única salida y consuelo es ridiculizar a la burguesía, de cualquier manera nunca perecen, son como la mala hierba.
Un fuerte abrazo
 
Es un bello relato excepto por un ligero detalle, se ha vuelto una historia de verídico terror en algunos países.

Mi reconocimiento a escribir tan bien que nos obliga a repensar sobre cuidar a otros para cuidar de nosotros mismos.

Un abrazo.
 
Magnífica prosa Vicent, clarita, clarita.El tema es desesperado y amargo, real como la vida misma. Desde que empezó la crisis los ricos en este país han aumentado un 40% y todavía tienen la desfachatez de amenazarnos con el FMI antes de las elecciones generales.
Un Abrazo muy grande hasta las Tierras Altas
 
EL CASO DE ROMUALDO TEQUENA

Ayer, Romualdo Tequena fue a ultimar los papeles para acogerse a la jubilación anticipada que tenía aprobada desde la semana anterior.
Romualdo, sesenta y un años, albañil desde los catorce, aquejado de dos hernias discales, una tendinitis crónica y una familia adicta a comer de vez en cuando.
Cuando entró en la oficina de la seguridad social tuvo que coger su turno, armarse de paciencia y soportar la espera; la última, creía él, para recibir lo que hacía tiempo que sabía que le pertenecía.
Llegó su hora y una simpática funcionaria, tras revisar sus papeles, le informó de un ligero contratiempo. Le habló, con esa verborrea fácil que hace de la vida un trámite, de una nueva disposición gubernamental que apremiaba, a partir de ese mismo día, a aplicar la ley de un modo diferente y restrictivo.
Romualdo, cuando se lo explicaron, no entendió muy bien la disposición y menos aún la posición en que le dejaba esa inesperada normativa; y preguntó.
-Entonces, ¿me jubilo o no?
-Pues, Señor Tequena, no puede usted hacerlo hasta dentro de dos años hábiles y con la merma de pensión que puede suponer no contribuir a las arcas públicas si no encuentra usted un trabajo en ese periodo de tiempo.
El Señor Tequena, al que nadie hasta entonces había llamado “Señor”, salió de la oficina sin saber a ciencia cierta lo que había pasado pero airado y seguro de lo que tenía que hacer. Nunca le gustó mendigar explicaciones ni robarle el tiempo a los que creían ser sus dueños, pero esta vez estaba dispuesto a mucho más. Todo menos tener que llegar a casa sin una resolución que le sacase a él y a su familia de esa situación tan turbia y poco oxigenada en que se convierten los estanques abandonados a sus fondos.
No iba a ser fácil, pero vio una situación límite y un modo consentido de salir de ella.
Se compró una careta y un disfraz multiusos con las pocas monedas que le quedaban en el forro de uno de los bolsillos de su pantalón, rescató la vieja caja de magia para principiantes que le regaló años a atrás un tío suyo venido de las Indias y cogió prestada la pistola de fogueo que su jefe guardaba en la oficina… y pensó: ya lo tengo todo para ser como ellos.

Me jode que des tanto en el clavo, jode la realidad de este país,pero lo cuentas tan bien
que mereces un premio.¿ Te valen unos cuantos aplausos ? pues ahí van...
Un abrazo, Alonso,con cariño y admiración
 
Interesante leer tan buen texto, de un escritor que tiene el don para hacerlo. La gente que en realidad trabaja de manera productiva y dura, cuando le ponen obstáculos de lo que merece, su única salida y consuelo es ridiculizar a la burguesía, de cualquier manera nunca perecen, son como la mala hierba.
Un fuerte abrazo
Muchas gracias, amigo Maldonado, y un abrazo a la vuelta de estas largas vacaciones.
 
Es un bello relato excepto por un ligero detalle, se ha vuelto una historia de verídico terror en algunos países.

Mi reconocimiento a escribir tan bien que nos obliga a repensar sobre cuidar a otros para cuidar de nosotros mismos.

Un abrazo.
Hola Dragón; sí que es verdad que este relato se está convirtiendo en una terrorífica premonición, o al menos en un miedo que no se nos va. Toda la vida trabajando y veremos si el día de la jubilación queda algo para nosotros.
Muchas gracias, compañero, y un saludo.
 
Magnífica prosa Vicent, clarita, clarita.El tema es desesperado y amargo, real como la vida misma. Desde que empezó la crisis los ricos en este país han aumentado un 40% y todavía tienen la desfachatez de amenazarnos con el FMI antes de las elecciones generales.
Un Abrazo muy grande hasta las Tierras Altas
En las tierras altas recibí el comentario... pero ya sabes que allí la cobertura llega cuando llega, y uno está por otras labores.
Pasaron las elecciones, y algo tiene que haber cambiado para que no se nos queden las espaldas descubiertas cada vez que los de arriba fabrican sus crisis y sus recortes.
Besos de después de vacaciones... en parte compartidas.
 
Me jode que des tanto en el clavo, jode la realidad de este país,pero lo cuentas tan bien
que mereces un premio.¿ Te valen unos cuantos aplausos ? pues ahí van...
Un abrazo, Alonso,con cariño y admiración
Me valen los aplausos... pero prefiero el café, Rosario, je je je. Voy a por la fregona, que ahora toca abrillantar; pero primero otro café... y después vuelvo...
Besos.
 
EL CASO DE ROMUALDO TEQUENA

Ayer, Romualdo Tequena fue a ultimar los papeles para acogerse a la jubilación anticipada que tenía aprobada desde la semana anterior.
Romualdo, sesenta y un años, albañil desde los catorce, aquejado de dos hernias discales, una tendinitis crónica y una familia adicta a comer de vez en cuando.
Cuando entró en la oficina de la seguridad social tuvo que coger su turno, armarse de paciencia y soportar la espera; la última, creía él, para recibir lo que hacía tiempo que sabía que le pertenecía.
Llegó su hora y una simpática funcionaria, tras revisar sus papeles, le informó de un ligero contratiempo. Le habló, con esa verborrea fácil que hace de la vida un trámite, de una nueva disposición gubernamental que apremiaba, a partir de ese mismo día, a aplicar la ley de un modo diferente y restrictivo.
Romualdo, cuando se lo explicaron, no entendió muy bien la disposición y menos aún la posición en que le dejaba esa inesperada normativa; y preguntó.
-Entonces, ¿me jubilo o no?
-Pues, Señor Tequena, no puede usted hacerlo hasta dentro de dos años hábiles y con la merma de pensión que puede suponer no contribuir a las arcas públicas si no encuentra usted un trabajo en ese periodo de tiempo.
El Señor Tequena, al que nadie hasta entonces había llamado “Señor”, salió de la oficina sin saber a ciencia cierta lo que había pasado pero airado y seguro de lo que tenía que hacer. Nunca le gustó mendigar explicaciones ni robarle el tiempo a los que creían ser sus dueños, pero esta vez estaba dispuesto a mucho más. Todo menos tener que llegar a casa sin una resolución que le sacase a él y a su familia de esa situación tan turbia y poco oxigenada en que se convierten los estanques abandonados a sus fondos.
No iba a ser fácil, pero vio una situación límite y un modo consentido de salir de ella.
Se compró una careta y un disfraz multiusos con las pocas monedas que le quedaban en el forro de uno de los bolsillos de su pantalón, rescató la vieja caja de magia para principiantes que le regaló años a atrás un tío suyo venido de las Indias y cogió prestada la pistola de fogueo que su jefe guardaba en la oficina… y pensó: ya lo tengo todo para ser como ellos.


Muy buenas letras nos dejas cargadas de una dura realidad que ya no se puede tapar con encuestas falseadas de crecimiento económico porque aquí sólo crecen economicamente los cuatro de siempre y como buen dices somos familias adictas a comer, digamos una vez al día que es lo que se lleva por mi barrio, para cenar pan con pan y para desayuno una manzanilla sin azúcar.

Un placer leer tu magnifico escrito Alonso.

Jon
 

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