Martín Renán
Poeta adicto al portal
Sólo fue quitar el vacío de su lugar;
que el dolor
ante los ojos incrédulos del mundo.
El disfraz, la careta,
y de su amor sádico y de lágrimas,
este pordiosero nunca ha de acabar aquí.
pero dónde anda el ulular de sirenas y sus catapultas.
Alguien dice:
le ha caído escombros de una despedida;
y porqué este adiós viene
cuando nadie, a ningún lado,
cuando nadie quiere ir a ninguna parte.
En el periódico de todas las mañanas (hoy)
toda la tragedia y la trágica noticia;
se está muriendo como queriendo renacer
después
libre de culpa
o de pecado que lleva en el pecho;
entonces,
a cámara lenta
los hijos,
no hijos,
la esposa,
no esposa.
De todos los rincones
y de una esquina de esta ciudad,
a puertas del gran paraíso,
mendiga el alma de un inocente
con un rosario en llamas.
que el dolor
ante los ojos incrédulos del mundo.
El disfraz, la careta,
y de su amor sádico y de lágrimas,
este pordiosero nunca ha de acabar aquí.
pero dónde anda el ulular de sirenas y sus catapultas.
Alguien dice:
le ha caído escombros de una despedida;
y porqué este adiós viene
cuando nadie, a ningún lado,
cuando nadie quiere ir a ninguna parte.
En el periódico de todas las mañanas (hoy)
toda la tragedia y la trágica noticia;
se está muriendo como queriendo renacer
después
libre de culpa
o de pecado que lleva en el pecho;
entonces,
a cámara lenta
los hijos,
no hijos,
la esposa,
no esposa.
De todos los rincones
y de una esquina de esta ciudad,
a puertas del gran paraíso,
mendiga el alma de un inocente
con un rosario en llamas.