Devastador...

ludmila

Poeta veterano en el portal
Fue devastador el olvido

que en la frente del pasado

arrebató la ciencia de tus ojos

amortiguando la senectud de las palabras.

Con tanto riesgo, con poca calma

con los hombros enjutos de tinieblas

un malestar se adentró por las costillas

y desangró los gajos de la almohada.


Aquel anochecer presentí de tu partida

el olor a un adiós fue tan intenso

como el atardecer otoñal en tus orillas.

La transparencia de la lejanía,

el abastecer de abrojos en la lengua,

el cactus en el desierto de la boca

el sabor de una frase cansina…


La anestesia de los ojos

la magnificencia en la mirada,

todo estaba perdido en la memoria

menos tu nombre que levitaba a tientas.


Pretendiste llevarte hasta el aliento

de las norias

en las madrugadas clandestinas.

El adiós fue tan cruel y tan sediento

que amanecí sin piel y sin conciencia,

pero aprendí a desollarme en el fuego de la ausencia

y a reconstruirme en el incienso de la aurora.​
 
Fue devastador el olvido

que en la frente del pasado

arrebató la ciencia de tus ojos

amortiguando la senectud de las palabras.

Con tanto riesgo, con poca calma

con los hombros enjutos de tinieblas

un malestar se adentró por las costillas

y desangró los gajos de la almohada.


Aquel anochecer presentí de tu partida

el olor a un adiós fue tan intenso

como el atardecer otoñal en tus orillas.

La transparencia de la lejanía,

el abastecer de abrojos en la lengua,

el cactus en el desierto de la boca

el sabor de una frase cansina…


La anestesia de los ojos

la magnificencia en la mirada,

todo estaba perdido en la memoria

menos tu nombre que levitaba a tientas.


Pretendiste llevarte hasta el aliento

de las norias

en las madrugadas clandestinas.

El adiós fue tan cruel y tan sediento

que amanecí sin piel y sin conciencia,

pero aprendí a desollarme en el fuego de la ausencia

y a reconstruirme en el incienso de la aurora.​
Ayyy Ludmila, el olvido y su fuerza devastadora, pero siempre queda su rastro en el corazón que permanece nublado y herido de desilusión. Me ha encantado leerte, mi querida amiga. Besazos con cariño y admiración.
 
Fue devastador el olvido

que en la frente del pasado

arrebató la ciencia de tus ojos

amortiguando la senectud de las palabras.

Con tanto riesgo, con poca calma

con los hombros enjutos de tinieblas

un malestar se adentró por las costillas

y desangró los gajos de la almohada.


Aquel anochecer presentí de tu partida

el olor a un adiós fue tan intenso

como el atardecer otoñal en tus orillas.

La transparencia de la lejanía,

el abastecer de abrojos en la lengua,

el cactus en el desierto de la boca

el sabor de una frase cansina…


La anestesia de los ojos

la magnificencia en la mirada,

todo estaba perdido en la memoria

menos tu nombre que levitaba a tientas.


Pretendiste llevarte hasta el aliento

de las norias

en las madrugadas clandestinas.

El adiós fue tan cruel y tan sediento

que amanecí sin piel y sin conciencia,

pero aprendí a desollarme en el fuego de la ausencia

y a reconstruirme en el incienso de la aurora.​
Ptecioso poema de desamor y melancolía estimada Ludmila. Me ha gustado mucho. Un abrazo. Paco.
 
Fue devastador el olvido

que en la frente del pasado

arrebató la ciencia de tus ojos

amortiguando la senectud de las palabras.

Con tanto riesgo, con poca calma

con los hombros enjutos de tinieblas

un malestar se adentró por las costillas

y desangró los gajos de la almohada.


Aquel anochecer presentí de tu partida

el olor a un adiós fue tan intenso

como el atardecer otoñal en tus orillas.

La transparencia de la lejanía,

el abastecer de abrojos en la lengua,

el cactus en el desierto de la boca

el sabor de una frase cansina…


La anestesia de los ojos

la magnificencia en la mirada,

todo estaba perdido en la memoria

menos tu nombre que levitaba a tientas.


Pretendiste llevarte hasta el aliento

de las norias

en las madrugadas clandestinas.

El adiós fue tan cruel y tan sediento

que amanecí sin piel y sin conciencia,

pero aprendí a desollarme en el fuego de la ausencia

y a reconstruirme en el incienso de la aurora.​

Un poema magistralmente escrito por una gran pluma que me llegó al centro del pecho.
Muchas gracias amiga por este deleite.
Saludos cordiales Ludmila
 
A pesar del hondo reclamo de esa partida que trastocó tu alma y tu esencia hay mucha belleza en tu decir poético, con lenguaje fuerte y claro dejas ver en tus letras el renacer de tu horizonte tras larga agonía de los sentidos. UN SALUDO GRANDE Y AFECTUOSO. QUE LA VIDA TE SEA PLENA EN TODOS LOS SENTIDOS. Hasta luego estimada compañera Poeta y de letras.
Muchas gracias compañero, un saludo agradecido.
 
Fue devastador el olvido

que en la frente del pasado

arrebató la ciencia de tus ojos

amortiguando la senectud de las palabras.

Con tanto riesgo, con poca calma

con los hombros enjutos de tinieblas

un malestar se adentró por las costillas

y desangró los gajos de la almohada.


Aquel anochecer presentí de tu partida

el olor a un adiós fue tan intenso

como el atardecer otoñal en tus orillas.

La transparencia de la lejanía,

el abastecer de abrojos en la lengua,

el cactus en el desierto de la boca

el sabor de una frase cansina…


La anestesia de los ojos

la magnificencia en la mirada,

todo estaba perdido en la memoria

menos tu nombre que levitaba a tientas.


Pretendiste llevarte hasta el aliento

de las norias

en las madrugadas clandestinas.

El adiós fue tan cruel y tan sediento

que amanecí sin piel y sin conciencia,

pero aprendí a desollarme en el fuego de la ausencia

y a reconstruirme en el incienso de la aurora.​
Es impresionante la fuerza de cada palabra en estos versos doloridos. Me parece un gran poema.
Saludos. LUIS.
 
Fue devastador el olvido

que en la frente del pasado

arrebató la ciencia de tus ojos

amortiguando la senectud de las palabras.

Con tanto riesgo, con poca calma

con los hombros enjutos de tinieblas

un malestar se adentró por las costillas

y desangró los gajos de la almohada.


Aquel anochecer presentí de tu partida

el olor a un adiós fue tan intenso

como el atardecer otoñal en tus orillas.

La transparencia de la lejanía,

el abastecer de abrojos en la lengua,

el cactus en el desierto de la boca

el sabor de una frase cansina…


La anestesia de los ojos

la magnificencia en la mirada,

todo estaba perdido en la memoria

menos tu nombre que levitaba a tientas.


Pretendiste llevarte hasta el aliento

de las norias

en las madrugadas clandestinas.

El adiós fue tan cruel y tan sediento

que amanecí sin piel y sin conciencia,

pero aprendí a desollarme en el fuego de la ausencia

y a reconstruirme en el incienso de la aurora.​
Olvido renetenido para que en levitacion enfrentarse a una desolacion
que es humo de carne rota. quimera de sensaciones que dejan una metafora
de sulfuracion melancolica. bellissimo e intenso. luzyabsenta
 

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