La historia que no se contó

benignorod

Poeta que considera el portal su segunda casa
Con la brisa de la tarde
llegó el aroma del mar,
que se refugia en el azul
donde se une con el cielo.
un niño disfrutaba el panorama
conversando en una esquina,
le comentó a sus amigos
que iría a hablar con su abuelo,
porque quería saber
¿Dónde quedo la historia?
y sin ningún recelo
solo ávido de conocimientos,
salio en veloz carrera
con la curiosidad a flor de piel.


A lo lejos escuchó una voz
entre los susurros del viento,
un silencioso mensaje
soy el encanto del espejo,
soy tu propia imagen,
y algún día podrás mirarte
donde otros ya se miraron,
para encontrarse a si mismo
con la silueta de la esperanza,
y rescatar la historia
muy cerca del abismo.


En una breve reflexión
el niño pensó
lo que quería saber,
soñaba que le contaran
el origen de la primogénita,
sobre los 500 años,
y se pregunto
¿Por qué no sabía nada?
¿Cómo se ha sido el tiempo?
como que el tiempo transcurrido
se lo llevo el viento.

Al fin llegó a la casa solitaria
donde vivía el abuelo,
le dijo sorpresivamente
abuelo, que me puedes contar,
como era nuestro pueblo,
como eran las casas,
como era el mercado,
que nos ha quedado
de nuestra historia
y en que hemos progresado.


Discúlpame nieto
déjame respirar un poco,
es cierto, que nunca te conté nada
y eso produce un vacío
que hoy reclama la conciencia,
en un suspiro profundo
y con mirada reflexiva,
el abuelo en una carga de reminiscencia
comenzó a sacar del imaginario
lo que había guardado del pasado,
y le dijo, nieto, debería hablarte
de los valores, de la ética, del folklore,
las tradiciones y toda la simbología
de nuestra identidad.


El abuelo tomó una pausa,
disculpa nieto por la oscuridad
y por la sombra del no saber,
no se si me alcance el tiempo
porque casi no tengo fuerza,
se me fuga la energía
y ya me falla la voz,
entonces el nieto comprendió
la pena que lo afligía,
y el pensamiento del abuelo
quedó sumergido en la melancolía,
cerró los ojos y descanso en paz.


Como una contribución a los preparativos de la conmemoración
de los 500 años de la ciudad de Cumaná, Capital del Estado Sucre,

en Venezuela
 
Última edición:
Me dolió. Ya no llegan. Ni como cuentos, se han perdido, no en la oscuridad, ni la grava y cemento, ni las calles; nosotros, nosotros que el reclamo es sólo prosperidad.
saludos
 
me pongo a pensar cuantas más quedarán en el seno del silencio, que quizá buscaron salir, grato leerte de nuevo
Con la brisa de la tarde
llegó el aroma del mar,
que se refugia en el azul
donde se une con el cielo.
un niño disfrutaba el panorama
conversando en una esquina,
le comentó a sus amigos
que iría a hablar con su abuelo,
porque quería saber
¿Dónde quedo la historia?
y sin ningún recelo
solo ávido de conocimientos,
salio en veloz carrera
con la curiosidad a flor de piel.


A lo lejos escuchó una voz
entre los susurros del viento,
un silencioso mensaje
soy el encanto del espejo,
soy tu propia imagen,
y algún día podrás mirarte
donde otros ya se miraron,
para encontrarse a si mismo
con la silueta de la esperanza,
y rescatar la historia
muy cerca del abismo.


En una breve reflexión
el niño pensó
lo que quería saber,
soñaba que le contaran
el origen de la primogénita,
sobre los 500 años,
y se pregunto
¿Por qué no sabía nada?
¿Cómo se ha sido el tiempo?
como que el tiempo transcurrido
se lo llevo el viento.

Al fin llegó a la casa solitaria
donde vivía el abuelo,
le dijo sorpresivamente
abuelo, que me puedes contar,
como era nuestro pueblo,
como eran las casas,
como era el mercado,
que nos ha quedado
de nuestra historia
y en que hemos progresado.


Discúlpame nieto
déjame respirar un poco,
es cierto, que nunca te conté nada
y eso produce un vacío
que hoy reclama la conciencia,
en un suspiro profundo
y con mirada reflexiva,
el abuelo en una carga de reminiscencia
comenzó a sacar del imaginario
lo que había guardado del pasado,
y le dijo, nieto, debería hablarte
de los valores, de la ética, del folklore,
las tradiciones y toda la simbología
de nuestra identidad.


El abuelo tomó una pausa,
disculpa nieto por la oscuridad
y por la sombra del no saber,
no se si me alcance el tiempo
porque casi no tengo fuerza,
se me fuga la energía
y ya me falla la voz,
entonces el nieto comprendió
la pena que lo afligía,
y el pensamiento del abuelo
quedó sumergido en la melancolía,
cerró los ojos y descanso en paz.


Como una contribución a los preparativos de la conmemoración
de los 500 años de la ciudad de Cumaná, Capital del Estado Sucre,

en Venezuela
 

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