Martín Renán
Poeta adicto al portal
Y duele el caos en mis manos,
entonces,
abrigué enigmas con sus patas de telaraña.
Para comprender cómo no mentirme, tuve otro enemigo,
o quizá, seguía siendo el mismo;
acaso importaba los bandos:
él, cada vez que me ve,
me saluda sin decir mi nombre,
yo, muchas veces, cuando no lo veo,
aprendo un poco de su nombre en mi recuerdo.
En mi talón
Aquiles ha muerto de tristeza.
Y porqué, nunca supo, donde quedaron sus hazañas,
ni tampoco, el féretro donde murió suavemente,
y cómo era en verdad;
Había tanta pena en mí
que,
donde habría de descansar mi esqueleto,
le he dejado tres metros de tierra
y más abajo un poco de celebridad.
Y como decía versos atrás,
tengo otro enemigo
que sabe quién soy,
y me saluda sin decir mi nombre,
pero a veces, sí, a veces,
toca la puerta de mi casa por las mañanas.