Luis Á. Ruiz Peradejordi
Poeta que considera el portal su segunda casa
Cerró una tarde la puerta
el palomar viejo.
Y el tiempo entretejió
horas y días.
Pintó de herrumbre la cerradura.
Colgó pátina
en cada una de las bisagras.
Pasaron meses, años
y se cerró la puerta a la esperanza
como se cierran los ojos
de tanto mirar ya fatigados.
Puerta cerrada,
que atesora oscuridad y vacío.
Puerta que cruje con el viento
para romper un instante
la monotonía del silencio.
Puerta muda,
puerta que nada comunica,
¿quién sabe si añora
aquel abrir y cerrarse,
el ajetreo de pichones y palomas?
Puerta que se muere
de soledad y tristeza,
¡ay! como se mueren mis pueblos.
el palomar viejo.
Y el tiempo entretejió
horas y días.
Pintó de herrumbre la cerradura.
Colgó pátina
en cada una de las bisagras.
Pasaron meses, años
y se cerró la puerta a la esperanza
como se cierran los ojos
de tanto mirar ya fatigados.
Puerta cerrada,
que atesora oscuridad y vacío.
Puerta que cruje con el viento
para romper un instante
la monotonía del silencio.
Puerta muda,
puerta que nada comunica,
¿quién sabe si añora
aquel abrir y cerrarse,
el ajetreo de pichones y palomas?
Puerta que se muere
de soledad y tristeza,
¡ay! como se mueren mis pueblos.