El otoño, con sus galas
ocres y de pálido oro,
al verano, de su sitio,
ha desplazado.
Las hojas se arremolinan
a tu paso
y te rinden pleitesía,
pues saben que
eres el rey de la melancolía.
Las lágrimas del cielo,
la lluvia fría,
tu fiel heraldo,
va día a día
allanando, tu avance rápido.
Los pájaros esconden su cabeza
sobre las estremecidas alas;
sienten tristeza por los rayos
que el sol, ahora más aplacado,
daban calor y brío
a sus vuelos livianos.
Susurras sobre la tierra
que empieza a aletargarse,
que pronto llegará
tu severo hermano,
el invierno,
que lleno de canas
de hielo y nieve,
hace que las criaturas
ante su helado nombre,
tiemblen.
¡Sueña, sueña humano,
con mi primo el verano!
A lo lejos se ha marchado
y su recuerdo de tus labios
no se ha borrado.
Cuenta los días
para que la golondrina
vuelva, gritando al aire,
mientras las copas de los árboles
sus brazos agitan
para que su llamada conjunta
haga que por fin aparezca,
con su temblor de luz y vida,
la primavera,
que con todo su color
nos visita.
ocres y de pálido oro,
al verano, de su sitio,
ha desplazado.
Las hojas se arremolinan
a tu paso
y te rinden pleitesía,
pues saben que
eres el rey de la melancolía.
Las lágrimas del cielo,
la lluvia fría,
tu fiel heraldo,
va día a día
allanando, tu avance rápido.
Los pájaros esconden su cabeza
sobre las estremecidas alas;
sienten tristeza por los rayos
que el sol, ahora más aplacado,
daban calor y brío
a sus vuelos livianos.
Susurras sobre la tierra
que empieza a aletargarse,
que pronto llegará
tu severo hermano,
el invierno,
que lleno de canas
de hielo y nieve,
hace que las criaturas
ante su helado nombre,
tiemblen.
¡Sueña, sueña humano,
con mi primo el verano!
A lo lejos se ha marchado
y su recuerdo de tus labios
no se ha borrado.
Cuenta los días
para que la golondrina
vuelva, gritando al aire,
mientras las copas de los árboles
sus brazos agitan
para que su llamada conjunta
haga que por fin aparezca,
con su temblor de luz y vida,
la primavera,
que con todo su color
nos visita.