Los ancianos se equivocaron

Fingal

Poeta adicto al portal
Ahí fuera es de noche;
su sombra y su silencio me abrazan desde dentro.
Por la ventana abierta
me invade una tristeza que se respira en el aire.
Me llaman mis hermanos.


Dejaré mis ropas humanas,
abandonaré mi hogar humano
y caminaré por las calles desiertas de mi ciudad humana.
Esa vieja libertad.


Siempre vienes aquí.
Quiero estar contigo,
saber que tú y yo hemos nacido de la misma Madre,
escuchar en tus labios el nombre que me dieron los ancianos.
Mirarte,
saber que eres real,
recoger las lágrimas que no derramas
y enseñarte a amar en ellas tu herencia.


Me llaman mis hermanos.
Voy a matar al dios de los humanos;
ya nos ha hecho sufrir demasiado.
Bendice mis manos y mi corazón,
dime que sabrás en qué momento he fracasado,
que limpiarás mis restos
y me llevarás a la tierra que me vio nacer.
Y les dirás a los ancianos que se equivocaron.


Ahí fuera es de noche.
Siempre vienes aquí.
Me estaba esperando.
No se movía,
pero me miraba más allá de mi alma humana.
Se parecía al viejo que vivía junto al pozo,
el que cumplía los deseos y creía que no nos dábamos cuenta.
Sabes que nadie haría daño al viejo que vivía junto al pozo.


Siempre vienes aquí.
Aquí abrimos los ojos por primera vez en este mundo.
Nunca has llegado a acostumbrarte.
Él y yo volvemos a casa.
Si llegamos, vendremos a buscarte.
Quiero cogerte la mano y saber que todo va bien.
Abrazarte.


Siempre vienes aquí.
Los ancianos tenían los ojos cerrados
y no decían nada.
No había nada más.
Ni nuestros hogares,
ni nuestros bosques,
ni nuestras estrellas,
ni nuestras noches.
Ni siquiera vimos al viejo que vivía junto al pozo.


Él se quedó allí.
Ya no habla,
ya no se mueve.


He venido a despedirme.
Yo no puedo cumplir tus sueños
y tú no puedes cumplir los míos.
Hay una tristeza que se respira en el aire.
Mis hermanos han olvidado dónde nacieron.
Solo quedamos tú y yo.
Y él,
pero él ya no habla,
ya no se mueve.
Por última vez pronuncio el nombre que te dieron los ancianos.


Siempre vienes aquí.
Volveré.
Cuando los ancianos abran los ojos,
cuando nuestros hogares nos abran sus puertas
y nuestros bosques nos llamen.
Cuando encontremos nuestras estrellas
y vuelvan nuestras noches.
Cuando regresen mis hermanos,
cuando veas la tierra que te vio nacer,
cuando la voz de él
pronuncie el nombre que nos dieron los ancianos.
Sé que eso no volverá a ocurrir.


Siempre vienes aquí.
Nunca has llegado a acostumbrarte.
Nunca te han gustado las ropas humanas,
ni los hogares humanos,
ni las ciudades humanas.


Te estaré mirando.
O estaré con el viejo que vivía junto al pozo,
el que cumplía los deseos y creía que no nos dábamos cuenta.
O estaré luchando por mis sueños,
o por los tuyos.
O estaré con él,
allí,
sin hablar, sin moverme,
pero allí.
Diciéndoles a los ancianos que se equivocaron.
 
Última edición:
Ahí fuera es de noche;
su sombra y su silencio me abrazan desde dentro.
Por la ventana abierta
me invade una tristeza que se respira en el aire.
Me llaman mis hermanos.


Dejaré mis ropas humanas,
abandonaré mi hogar humano
y caminaré por las calles desiertas de mi ciudad humana.
Esa vieja libertad.


Siempre vienes aquí.
Quiero estar contigo,
saber que tú y yo hemos nacido de la misma Madre,
escuchar en tus labios el nombre que me dieron los ancianos.
Mirarte,
saber que eres real,
recoger las lágrimas que no derramas
y enseñarte a amar en ellas tu herencia.


Me llaman mis hermanos.
Voy a matar al dios de los humanos;
ya nos ha hecho sufrir demasiado.
Bendice mis manos y mi corazón,
dime que sabrás en qué momento he fracasado,
que limpiarás mis restos
y me llevarás a la tierra que me vio nacer.
Y les dirás a los ancianos que se equivocaron.


Ahí fuera es de noche.
Siempre vienes aquí.
Me estaba esperando.
No se movía,
pero me miraba más allá de mi alma humana.
Se parecía al viejo que vivía junto al pozo,
el que cumplía los deseos y creía que no nos dábamos cuenta.
Sabes que nadie haría daño al viejo que vivía junto al pozo.


Siempre vienes aquí.
Aquí abrimos los ojos por primera vez en este mundo.
Nunca has llegado a acostumbrarte.
Él y yo volvemos a casa.
Si llegamos, vendremos a buscarte.
Quiero cogerte la mano y saber que todo va bien.
Abrazarte.


Siempre vienes aquí.
Los ancianos tenían los ojos cerrados
y no decían nada.
No había nada más.
Ni nuestros hogares,
ni nuestros bosques,
ni nuestras estrellas,
ni nuestras noches.
Ni siquiera vimos al viejo que vivía junto al pozo.


Él se quedó allí.
Ya no habla,
ya no se mueve.


He venido a despedirme.
Yo no puedo cumplir tus sueños
y tú no puedes cumplir los míos.
Hay una tristeza que se respira en el aire.
Mis hermanos han olvidado dónde nacieron.
Solo quedamos tú y yo.
Y él,
pero él ya no habla,
ya no se mueve.
Por última vez pronuncio el nombre que te dieron los ancianos.


Siempre vienes aquí.
Volveré.
Cuando los ancianos abran los ojos,
cuando nuestros hogares nos abran sus puertas
y nuestros bosques nos llamen.
Cuando encontremos nuestras estrellas
y vuelvan nuestras noches.
Cuando regresen mis hermanos,
cuando veas la tierra que te vio nacer,
cuando la voz de él
pronuncie el nombre que nos dieron los ancianos.
Sé que eso no volverá a ocurrir.


Siempre vienes aquí.
Nunca has llegado a acostumbrarte.
Nunca te han gustado las ropas humanas,
ni los hogares humanos,
ni las ciudades humanas.


Te estaré mirando.
O estaré con el viejo que vivía junto al pozo,
el que cumplía los deseos y creía que no nos dábamos cuenta.
O estaré luchando por mis sueños,
o por los tuyos.
O estaré con él,
allí,
sin hablar, sin moverme,
pero allí.
Diciéndoles a los ancianos que se equivocaron.

Los ancianos siempre se equivocan, por eso suelen morir primero.
 
Yo aquí tenía asociadas las ideas de ancianos y de consejo de sabios. El problema es que tuvieron que tomar una decisión que los jóvenes nunca pudieron comprender porque nunca conocieron las alternativas.

Los consejos de los ancianos no son sabios, ellos intentan aplicar conocimientos basados en experiencias vividas en etapas en las que tampoco pudieron resolverse, por eso para ellos todo tiempo pasado fue mejor, porque en el pasado eran jóvenes, he ahí la contradicción.
 
Valerie, me llama la atención la sana vehemencia con que pareces defender tu postura. Separo dos cosas. Una es el punto de vista del personaje que narra el poema, que se siente víctima de las decisiones de otros. Podría interpretar tus mensajes como un apoyo que ese personaje te agradece.

La otra es que más bien me parece que expresas una visión más general, que se extiende más allá de la historia narrada en el poema. Desde este punto de vista, me da la impresión de que niegas la posibilidad de aprender. Mira, por ejemplo a ti misma, y piensa si a lo largo de tu camino algo vas aprendiendo o no (y en ese sentido acumulando poco a poco sabiduría).

No sé si también hay una cierta confusión. Yo pretendía utilizar la palabra consejo refiriéndome al grupo que toma las decisiones y gobierna. Consejo de ancianos como grupo de ancianos (los que más experiencia tienen de la tribu) que deliberan y toman las decisiones. No consejo de ancianos como un anciano que te dice lo que cree que debes hacer.
 
Última edición:
Los consejos de los ancianos no son sabios, ellos intentan aplicar conocimientos basados en experiencias vividas en etapas en las que tampoco pudieron resolverse, por eso para ellos todo tiempo pasado fue mejor, porque en el pasado eran jóvenes, he ahí la contradicción.

No soy anciano todavía, solo viejo. No toda época pasada fue mejor. Creo que el mundo mejora poco a poco aunque a veces parezca lo contrario y local o circunstancialmente se empeore un poco antes de retomarse la senda de la mejoría. Creo que cada época tiene sus propios desafíos. El pasado no es la panacea del futuro, pero sí es el único referente del cual disponemos como humanos. Si no aprendo que al meter la mano en agua hirviendo me quemo, reniego hasta de mi condición de humano. Esa experiencia es mi único referente frente a futuras experiencias con el agua hirviendo, por más que las épocas transformen las formas en que el agua hierve. Toca, tal vez, unir experiencia a creatividad, valor y arrojo.

Cuando aprendamos, los viejos, a respetar la creatividad, el valor, la voluntad, la generosidad sincera y la capacidad de los/as jóvenes para resolver problemas, y cuando los/as jóvenes aprendan a respetar el valor de los referentes, de la experiencia previa... cuando ni unos ni otros pretendan liderarlo todo sino compartir el liderazgo, entonces tal vez estemos dando un importante paso adelante en esto de vivir hacia adelante.
 
Ahí fuera es de noche;
su sombra y su silencio me abrazan desde dentro.
Por la ventana abierta
me invade una tristeza que se respira en el aire.
Me llaman mis hermanos.


Dejaré mis ropas humanas,
abandonaré mi hogar humano
y caminaré por las calles desiertas de mi ciudad humana.
Esa vieja libertad.


Siempre vienes aquí.
Quiero estar contigo,
saber que tú y yo hemos nacido de la misma Madre,
escuchar en tus labios el nombre que me dieron los ancianos.
Mirarte,
saber que eres real,
recoger las lágrimas que no derramas
y enseñarte a amar en ellas tu herencia.


Me llaman mis hermanos.
Voy a matar al dios de los humanos;
ya nos ha hecho sufrir demasiado.
Bendice mis manos y mi corazón,
dime que sabrás en qué momento he fracasado,
que limpiarás mis restos
y me llevarás a la tierra que me vio nacer.
Y les dirás a los ancianos que se equivocaron.


Ahí fuera es de noche.
Siempre vienes aquí.
Me estaba esperando.
No se movía,
pero me miraba más allá de mi alma humana.
Se parecía al viejo que vivía junto al pozo,
el que cumplía los deseos y creía que no nos dábamos cuenta.
Sabes que nadie haría daño al viejo que vivía junto al pozo.


Siempre vienes aquí.
Aquí abrimos los ojos por primera vez en este mundo.
Nunca has llegado a acostumbrarte.
Él y yo volvemos a casa.
Si llegamos, vendremos a buscarte.
Quiero cogerte la mano y saber que todo va bien.
Abrazarte.


Siempre vienes aquí.
Los ancianos tenían los ojos cerrados
y no decían nada.
No había nada más.
Ni nuestros hogares,
ni nuestros bosques,
ni nuestras estrellas,
ni nuestras noches.
Ni siquiera vimos al viejo que vivía junto al pozo.


Él se quedó allí.
Ya no habla,
ya no se mueve.


He venido a despedirme.
Yo no puedo cumplir tus sueños
y tú no puedes cumplir los míos.
Hay una tristeza que se respira en el aire.
Mis hermanos han olvidado dónde nacieron.
Solo quedamos tú y yo.
Y él,
pero él ya no habla,
ya no se mueve.
Por última vez pronuncio el nombre que te dieron los ancianos.


Siempre vienes aquí.
Volveré.
Cuando los ancianos abran los ojos,
cuando nuestros hogares nos abran sus puertas
y nuestros bosques nos llamen.
Cuando encontremos nuestras estrellas
y vuelvan nuestras noches.
Cuando regresen mis hermanos,
cuando veas la tierra que te vio nacer,
cuando la voz de él
pronuncie el nombre que nos dieron los ancianos.
Sé que eso no volverá a ocurrir.


Siempre vienes aquí.
Nunca has llegado a acostumbrarte.
Nunca te han gustado las ropas humanas,
ni los hogares humanos,
ni las ciudades humanas.


Te estaré mirando.
O estaré con el viejo que vivía junto al pozo,
el que cumplía los deseos y creía que no nos dábamos cuenta.
O estaré luchando por mis sueños,
o por los tuyos.
O estaré con él,
allí,
sin hablar, sin moverme,
pero allí.
Diciéndoles a los ancianos que se equivocaron.


Hermoso, grandioso poema, mi compa. Los ancianos en concejo aciertan, los ancianos en concejo se equivocan. Pobres... como nosotros, son humanos. Las búsquedas prosiguen su rumbo de pan y de flores, agua, espinas en el alma. Nunca se detienen. No en las almas de los poetas.

A veces, le confío, quisiera poder vivir como esas personas para quienes tanto la profunda alegría como la tristeza son solo circunstancias más o menos felices, pasajeras, livianas. No sé qué clase de maldición paga la musa a cambio de pinches versos.

Un gran abrazo fraterno unido a la celebración por este poema, mi compa.
 
Los ancianos tienen la experiencia de la vida, y esa es la real. Lo que sucede es que esta realidad es a menudo muy dura.
Poema reflexivo, que admite variadas opiniones.
 
No pretendía hacer de este escrito un debate sobre la importancia de la experiencia. Que no quede duda que desde luego he aprendido a apreciar la voz de la experiencia. Además, creo que los humanos estamos llamados a repetirnos en cosas muy básicas como para que el cambio de circunstancias invalide las lecciones de los errores. Me gustaría que esta especie de coro colectivo de respuestas le aporte algo a Valerie.

Creo que debo aclarar que escribí el poema hace aproximadamente 20 años. La perspectiva en que lo narro es la de un joven que, en su ignorancia, considera que cualquier alternativa habría sido mejor que su situación actual y descarga su frustración, seguramente ingrato e injusto, pero profundamente convencido.

César, Pili, muchas gracias por los comentarios.
 
El poema es una maravilla. No voy a entrar en interpretaciones subjetivas porque ya ha dado el autor demasiadas pistas sobre lo que intentaba exponer.

Paso para felicitarte por tu preciosa poesía de cuento.

Gracias por tu presencia poeta.

Un abrazo

Jon
 
El poema es una maravilla. No voy a entrar en interpretaciones subjetivas porque ya ha dado el autor demasiadas pistas sobre lo que intentaba exponer.

Paso para felicitarte por tu preciosa poesía de cuento.

Gracias por tu presencia poeta.

Un abrazo

Jon

Gracias, Jon:

No me había fijado en que pasaste por aquí. Este lo saqué del baúl de los recuerdos, no sé la fecha exacta, pero es del siglo pasado seguro, (aunque por poco).
 

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