Bruno HeAlcaraz
Poeta recién llegado
Enamorado del sur enloquece, y de él vive.
Atiende raudo las inexistentes llamadas
angustiadas de lugares en franco declive,
libertades castradas.
A través de Europa y América se emplea a fondo,
los adora, ya que justifican su existencia,
los malquiere y los condena a muerte en un pozo hondo
de escasez como herencia.
Sobre ellos, vuelca un ejército de trajeados
secuaces que recorren sus calles pedregosas
en coches de lujo, unos carroñeros lactados
con ubres defectuosas.
Miradlos y veréis un iceberg funerario
que amenaza al más débil en todas sus vertientes:
desde la educación hasta el alimento diario,
penurias emergentes.
¡Qué fácil es quitar a otros lo poco que tienen
cuando se goza de un bolsillo bien saneado!
El abundante sueldo que de este modo obtienen
es dinero manchado.
Seguidlos y ved como engullen con su presencia
todo atisbo de bienestar general que impregnado
pudiera haber en el ambiente: voraz querencia
por cobrar lo prestado.
Detenedlos: sobre sus espaldas quedan miles
de polvorientos huesos sedientos de venganza,
y otros tantos que lloran famélicos, febriles,
carentes de esperanza.
Los mercenarios de la miseria son obreros
del Fondo Monetario Internacional, rentable
empresa que monetiza desastres certeros,
negocio inaceptable.
Atiende raudo las inexistentes llamadas
angustiadas de lugares en franco declive,
libertades castradas.
A través de Europa y América se emplea a fondo,
los adora, ya que justifican su existencia,
los malquiere y los condena a muerte en un pozo hondo
de escasez como herencia.
Sobre ellos, vuelca un ejército de trajeados
secuaces que recorren sus calles pedregosas
en coches de lujo, unos carroñeros lactados
con ubres defectuosas.
Miradlos y veréis un iceberg funerario
que amenaza al más débil en todas sus vertientes:
desde la educación hasta el alimento diario,
penurias emergentes.
¡Qué fácil es quitar a otros lo poco que tienen
cuando se goza de un bolsillo bien saneado!
El abundante sueldo que de este modo obtienen
es dinero manchado.
Seguidlos y ved como engullen con su presencia
todo atisbo de bienestar general que impregnado
pudiera haber en el ambiente: voraz querencia
por cobrar lo prestado.
Detenedlos: sobre sus espaldas quedan miles
de polvorientos huesos sedientos de venganza,
y otros tantos que lloran famélicos, febriles,
carentes de esperanza.
Los mercenarios de la miseria son obreros
del Fondo Monetario Internacional, rentable
empresa que monetiza desastres certeros,
negocio inaceptable.
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